Marrakech (Marruecos) – La actriz y directora estadounidense Jodie Foster reconoció este domingo en un encuentro en Marrakech, en el sur de Marruecos, que dirigió menos películas de las que habría deseado y lamentó no haber podido compaginar la dirección con la interpretación, una carrera que «siempre tuvo prioridad».
Foster (62 años) fue homenajeada anoche en la 22 edición del Festival Internacional de Cine de Marrakech en una ceremonia que incluyó la proyección de la película «Vie privée» (2025) de Rebecca Zlotowski, en la que interpreta a una psiquiatra que investiga la muerte de una de sus pacientes.
La actriz estadounidense, que recordó que no trabajó con una directora hasta cumplir los 40 años, admitió que ha dirigido muchas menos películas de las que ha interpretado.
«Es una pena. Si de algo me arrepiento en mi carrera, es de eso. (…) Pero no pude. No pude hacer ambas cosas a la vez, compaginarlas. Y, por desgracia, la interpretación siempre tuvo prioridad», señaló hoy en una rueda de prensa.
Foster afirmó que no percibe diferencias entre una película dirigida por un hombre o una mujer, aunque reconoció que en sus inicios «casi no había ninguna mujer directora» en Hollywood.
Una situación que, según Foster, ha cambiado en la actualidad con la creciente presencia de mujeres en distintos ámbitos de la industria cinematográfica, que también está impactada por la revolución digital.
«No había mujeres ni caras diversas en el cine, cuando tenía 3 o 6 años nunca había visto a otra mujer, nunca», recordó.
La actriz explicó que entonces «no se daba importancia» a esa ausencia, pero que al mirar atrás se sorprende: «Hice cuarenta películas durante la mayor parte de mi carrera y nunca había rodado con una mujer directora».
Para la actriz, doblemente ganadora de los Oscar en 1989 y 1992, el cine siempre fue una fuente de alegría porque le permitía hacer «algo que tiene sentido y que puede cambiar para mejor».
Ahora, a sus 62 años, Foster asegura sentirse más libre: «en el momento en que cumplí 60, me desperté por la mañana y pensé: ya no me importa nada. Pero para mí es una libertad total decir todo lo que antes me molestaba».
Al ser preguntada por el papel que más la marcó, señaló «El silencio de los corderos» (1991), de Jonathan Demme, en la que interpretó a Clarice Starling, una joven estudiante del FBI asignada al caso de «Buffalo Bill», un psicópata que desolla a sus víctimas: «es una película que me cambió la vida». EFE
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