Redacción Ciencia – Un grupo de cazadores-recolectores se reunió para construir una gran pira y preparar el cuerpo de una mujer para su cremación, que sería la más antigua conocida en África, pues los restos de aquel fuego, encontrados en el actual Malaui, se remontan a unos 9,500 años.
Una cremación de este tipo es “muy inusual” en los registros arqueológicos africanos y contribuye a “la creciente evidencia de complejas cosmovisiones sociales entre los cazadores-recolectores africanos tropicales”, indica un estudio encabezado por la Universidad de Oklahoma (EEUU) que publica Science Advances.
Los rastros de cremaciones deliberadas son poco frecuentes entre cazadores-recolectores anteriores a mediados del Holoceno y las más antiguas, confirmadas por la presencia de una pira, junto con otros indicadores, se remontaban a unos 3,300 años en el Neolítico Pastoral.
El estudio ahora publicado analiza los restos de la “cremación más antigua de África y la pira fúnebre de un adulto más antigua del mundo”, dijo a EFE la primera firmante de artículo, Jessica Cerezo-Román.
Aquel fue un evento meticulosamente planificado, cuyos restos se encontraron en un yacimiento en la base del monte Hora (Malaui), y el grupo que los realizó volvió al lugar posteriormente a encender otra gran hoguera.
La investigación reveló un ritual mortuorio complejo que nunca se había documentado de esta manera entre cazadores-recolectores, lo que “refleja conexiones ancestrales con la tierra y con ideas de memoria y conmemoración”, agregó la investigadora.
El equipo usó métodos arqueológicos, geoespaciales, forenses y bioarqueológicos para reconstruir con gran detalle la secuencia de acontecimientos.
La cremación, indica el estudio, comenzó con la recolección de, al menos, 30 kilos de madera muerta y hierba para crear una gran pira, “lo que requirió un considerable esfuerzo comunitario”, escriben los autores.
Los participantes alteraron activamente el fuego durante la quema y añadieron continuamente combustible para mantener altas temperaturas, que pudieron superar los 500 grados, sugiere el análisis de los sedimentos de ceniza y los fragmentos óseos.
El descubrimiento de herramientas de piedra dentro de la pira sugiere que fueron añadidas o incrustadas en los restos en llamas, tal vez como objetos funerarios.
El análisis de los 170 fragmentos óseos humanos excavados de la pira apunta a que la persona incinerada era una mujer adulta de entre 18 y 60 años y de poco menos de metro y medio de estatura.
El cuerpo fue incinerado antes de la descomposición, probablemente a los pocos días de su muerte, y las marcas de cortes en varios huesos de las extremidades dan a entender que se le extirparon o retiraron partes del cuerpo.
Aunque la fragmentación de los restos dificulta la reconstrucción de la posición del cuerpo, “la distribución de los elementos, que son casi en su totalidad huesos largos, sugiere que los brazos y las piernas estaban flexionados o en posición de pugilista”, indica el artículo.
El ritual es “muy distinto” de los demás entierros en el sitio arqueológico y no saben “por qué esta mujer fue quemada en una pira tan grande y espectacular”; sin embargo, parece que, en vida o muerte, “tuvo un papel significativo en la sociedad que la trató de esa manera al momento de la muerte”, destacó Cerezo-Román.
Además, no se encontró el cráneo, que pudo ser retirado antes de la cremación, “posiblemente, como parte de un ritual fúnebre en el que se removían elementos óseos como ‘token’, asociados a prácticas de conmemoración y memoria», dijo la investigadora.
El equipo consideró poco plausibles explicaciones alternativas como la depredación o la meticulosa recolección antropogénica de los restos craneales quemados, que “probablemente habrían sido numerosos y fragmentarios si hubieran sido sometidos a la pira”, señala el estudio.
Las reconstrucciones espaciales del yacimiento revelaron que aquel grupo volvió al mismo lugar, donde encendió otra fogata muy grande, aunque no se encontró ningún resto humano asociado a este nuevo fuego.
Esta sociedad de cazadores-recolectores tenía “un patrón funerario y de conmemoración más complejo de lo que pensábamos”, destacó Cerezo-Román.
Los restos muestran -apunta el artículo- que el grupo no solo invertía en rituales funerarios comunitarios, sino que también mantenía una tradición más larga basada en su recuerdo compartido del acontecimiento.
No solo inhumaban, sino que también cremaban a sus muertos y, además, “retornaron al lugar e interactuaron con su entorno de manera que creaba un ‘monumento natural’”, es decir, los espacios “también tenían significado y creaban conexiones ancestrales y un sentido ritual”, según la investigadora.
Estas prácticas -agregó- “ponen de relieve complejas actividades funerarias y rituales cuyos orígenes son anteriores al advenimiento de la producción de alimentos, y cuestionan las hipótesis tradicionales sobre la cooperación a escala comunitaria y la creación de memoria en las sociedades tropicales de cazadores-recolectores”. EFE









