Tegucigalpa/Washington/Caracas – Tras la espectacular captura y extracción de Nicolás Maduro por el equipo de élite de las fuerzas especiales estadounidenses, operación que duró unas tres horas, emergió el tema del futuro de Venezuela, con muchas propuestas y más interrogantes, ya que ese mismo día el aparato chavista no perdió tiempo y para asegurar el control activó la sucesión constitucional y designó a Delcy Rodríguez como presidenta encargada, algo a lo que el gobierno estadounidense no se opone en principio.
De hecho, el titular de la Casa Blanca, Donald Trump, y su secretario de Estado y Asesor de seguridad nacional, Marco Rubio, han señalado que mantienen conversaciones con Rodríguez, señalando que les es más favorable, ya que Maduro no era confiable para dialogar, porque siempre incumplía o rompía los pactos acordados.
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La interrogante de los expertos manifestada el domingo es como se compaginará la iniciativa de Trump cuando dijo “vamos a gobernar Venezuela hasta que haya una transición segura y legal”, lanzada el sábado, y un día después señala que está en “contacto con Rodríguez y tienen canales de comunicación con Caracas, pero le advirtió que le iría peor que a Maduro si no cumplía con lo señalado por los Estados Unidos.

Estas idas y venidas es lo que los expertos tratan de entender en el futuro de las relaciones entre Washington y Caracas, ya que por un lado Trump y Rubio señalan que están en contacto con Rodríguez y su equipo en Caracas, dando a entender que la presidenta encargada de Venezuela cumplirá lo que la Casa Blanca indique sí o sí.
Pero deja por fuera lo que él mismo enunció el sábado en cuanto a que gobernarán al gigante de las reservas petroleras sudamericanas, por medio del equipo ministerial de las secretarías de Estado y de Guerra, hasta que se complete lo que llaman una transición segura y legal.
Por su lado, en el frente interno, Rodríguez juega a la “lealtad” a Maduro, ya que sigue oficialmente llamándole presidente constitucional y reclamando a Estados Unidos que lo devuelvan a Caracas, aunque no se sabe si porque al lado suyo permanece el equipo chavista duro encabezado por Diosdado Cabello, número dos del chavismo, y el general Vladimir Padrino López, ministro de Defensa y quien controla las fuerzas militares.
Excepto por la salida de Maduro, el chavismo aparenta mantenerse firme, aunque ahora ya sabe que Trump no solo amenaza, sino que cumple con usar el poderoso músculo militar estadounidense.
Observadores internacionales coligen, basados en las palabras de Trump y Rubio, que Washington marca el ritmo de la transición en Venezuela, con Delcy Rodríguez bajo su control y supervisión.
El jefe de la Casa Blanca indicó este domingo, en una segunda entrevista, que si Rodríguez y su equipo no cumplen con las peticiones habrá un segundo ataque más devastador contra Venezuela, el primero fue el sábado cuando capturaron a Maduro.

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Y Trump detalló claramente la petición de Washington: “Lo que necesitamos (de Delcy Rodríguez) es acceso total. Acceso total al petróleo y a otras cosas en el país que nos permitan reconstruirlo”, a la pregunta de qué otras “cosas” iban a necesitar, Trump mencionó las infraestructuras del país, ya que “las carretas no se construyen y los puentes se están cayendo”.
Doctrina Monroe 2.0 y transición venezolana
En ese sentido la transición venezolana se dirige a que Washington ordena y el equipo obedece, de lo contrario la represalia militar aparece, con lo cual se está dando forma a lo que desde hace un año se viene hablando en los institutos de pensamiento y recientemente oficializado en la nueva doctrina de seguridad nacional de la Casa Blanca una doctrina Monroe 2.0, adaptada al siglo XXI, con el nuevo corolario que expertos y la prensa lo llama Donroe, en referencia al presidente Donald Trump y al presidente estadounidense James Monroe de 1823 que enunció la doctrina en la cual se anunciaba que la emergente potencia norteamericana de la época no permitiría que las entonces potencias europeas, venidas a menos, pudieran tener influencia en el continente americano.
El corolario Donroe de 2026 se enfoca en hacerle frente a la influencia y expansión de China en Latinoamérica y en menor medida a Rusia.
En este espacio debe moverse ahora Rodríguez y el chavismo en Venezuela, conocedores ya por experiencia propia que ni Pekín, ni Moscú pudieron acudir en su auxilio una vez que Washington actuó.
Los dos países pelean por el control de Eurasia, el vasto espacio geográfico que conforman los continentes de Europa y Asia.
En ese punto, los expertos señalan que la oposición venezolana, comandada por la premio nobel de la Paz María Corina Machado, no es tomada en cuenta en estos días por Washington, aunque otros señalan que tendrá su espacio una vez que se concluya con la transición y Venezuela deba acudir a sus próximas elecciones.
Trump, Rubio y el resto del equipo de seguridad nacional en Washington no señalan los tiempos que se tomarán para cumplir con la transición, así como recuperar, reactivar y modernizar la vital industria petrolera venezolana, así como su infraestructura vial y las vitales industrias mineras, claves en la lucha por la hegemonía mundial por la tecnología, especialmente los chips avanzados necesarios para asegurar el liderazgo de la Inteligencia artificial (IA), cuyo ganador pronostican los expertos será el nuevo hegemón mundial en la próxima década, en la cual China y Estados Unidos luchan por el liderazgo tecnológico global.

Delcy Rodríguez
La nueva presidenta encargada de Venezuela viene de una familia muy vinculada a la izquierda tradicional venezolana.
Al igual que Maduro, Rodríguez fue impulsada al liderazgo en Caracas por el fallecido Hugo Chávez.
Rodríguez cuenta con el apoyo de su hermano Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional (parlamento), otro histórico de la izquierda y que fue cercano a Chávez.
Desde antes de la captura de Maduro por las fuerzas estadounidenses, se informó en la prensa estadounidense que Rodríguez habría negociado con el gobierno de Trump sobre mantener relaciones cercanas, una vez el dictador venezolano fuera del poder en el Palacio de Miraflores (sede presidencial venezolana).
Pero Maduro mantuvo su confianza en Delcy y la retuvo como vicepresidenta. En Venezuela, de acuerdo a la Constitución, el cargo de vicepresidente es una designación exclusiva del presidente en funciones y no forma parte de la boleta electoral.
La misma Constitución establece que el rango de presidente encargado es por 90 días (tres meses), aunque puede ser prorrogable una vez más. (PD).








