Análisis de Alberto García Marrder
Para Proceso Digital, La Tribuna y El País de Honduras
Faltan dos años y medio para las elecciones presidenciales en Estados Unidos y ya se habla sin cesar de dos que pudieran ser el candidato republicano en 2028 para suceder al presidente Donald Trump.
Se trata de J.D. Vance, el actual vicepresidente, y del cubano-americano Marco Rubio, el Secretario de Estado (Asuntos Exteriores) y Consejero de Seguridad.
El diario “The Wall Street Journal” asegura que Trump no se cansa de preguntar a sus asesores y donantes del partido a quien prefieren, antes que él tome una decisión final.
Y el dictamen no sorprende: Rubio, el más visible de los dos y el que acude Trump, ya sea por la crisis de Venezuela, Irán o Cuba. Está en todo y para todo.
Vance, en cambio, parece estar olvidado y Trump no le da ningún “portafolio” de temas para encargarse. Además, su oposición contra las guerras prolongadas, hace más difícil su posición política.
En teoría, un presidente tendría que apoyar a su vicepresidente en unas elecciones para sucederle. Pero el corazoncito de Trump va por Rubio, su mano derecha y el quien más lo elogia ( y a un narcisista como Trump eso le gusta).
Pero la guerra de Irán va a influir y si está dura mucho y empiezan a venir los cuerpos de soldados norteamericanos muertos (hasta ahora once) la popularidad de Trump y Rubio caerá en picado.

Actualmente, la popularidad de Trump es apenas de un 37 por ciento y se teme que las elecciones (“midterm”) de noviembre en el congreso sean un castigo (por el alza de la compra, por las guerras interminables, por su arrogante estilo de gobernar y por sus políticas anti inmigrante).
En esas elecciones, es posible que los republicanos pierdan el control de la Cámara de Representantes y el Senado. Y Trump saldría mal parado.
Vance y Rubio dicen ser muy buenos amigos. Son jóvenes y muy conservadores. Si el primero fuera elegido por Trump (cosa improbable), Rubio no accedería a un ticket electoral de Vance- Rubio, según varios analistas. Pero esperaría que Vance se quemara y en el 2032, si se presentaría. Y solo tiene un defecto… es ambicioso desde sus años de senador por Florida.
Rubio traería consigo el importante voto latino de Florida (especialmente cubanos y venezolanos, ahora nacionalizados). Vance, ex senador por Ohio, solo a los ultra conservadores.
En el aspecto personal, Vance tiene barba, es católico y está casado con una originaria de la India. Rubio, con una colombiana y es hijo de dos exiliados cubanos de Miami. Y por eso su sentimiento de ver libre a Cuba de la dictadura castrista de 65 años ya.
Actualmente, Rubio y desde México, negocia con Raúl Guillermo Rodríguez Castro, un nieto de Raúl Castro de 92 años, una transición a la democracia “vigilada desde Washington”, como ha hecho en Venezuela con los hermanos Rodríguez (Delcy y Jorge).
Una encuesta de la cadena NBC indica que un 54 por ciento de los encuestados no están de acuerdo como lleva a cabo Trump la guerra de Irán, un 42 por ciento que sí y un 5 por ciento de indecisos.
Hay un temor generalizado en el país de que Irán podría ser el Vietnam de Trump y que arrastre a Vance y Rubio en ese declive.
Por ahora, Trump está preparando su legado y piensa seguir con influencia en el partido Republicano, gobiernen o no sus elegidos.
Los demócratas están a la expectativa y es posible que su candidato para volver, en 2028 a la Casa Blanca, sea Gavin Newsom, actual gobernador de California. Con su físico y política pro-inmigrantes, me ha hecho recordar al fallecido presidente John F. Kennedy (1961-1963).













