
Por Alberto García Marrder – Para Proceso Digital (1/3)
La creciente posibilidad de que el expresidente norteamericano Donald Trump regrese a la Casa Blanca en las elecciones de noviembre y endurezca la entrada migratoria como ha amenazado, ha despertado las alarmas de quienes quieren vivir el “sueño americano” y se adelantan a intentarlo.

Más chinos en Ecuador y venezolanos están dispuestos a cruzar el peligroso tramo de la selva del “Tapón del Darién”, entre Colombia y Panamá. Que ya se ha convertido en un cementerio de migrantes con mochilas.
Y en La Habana, centenares de cubanos hacen cola para comprar a unos precios desorbitados un billete de avión en extrañas compañías “chárter” para viajar a Managua y seguir por vía terrestre a Honduras, Guatemala y México, a la frontera con Estados Unidos.

¿Y por qué vía Ecuador y Nicaragua? Porque esos países ya no cobran por visa de turismo, aunque sí lo hacen por otros servicios que irán conociendo los impulsivos migrantes poco a poco. Y el paso del Darién (de siete a diez días, si se sobrevive), es un gran negocio para los indígenas, mafias, pandillas y narcotraficantes locales.
Y en la ciudad de San Pedro Sula, en el norte de Honduras se forman las caravanas de migrantes, de tres a cinco mil que intentan lo que parece imposible: recorrer a pie hacia la cercana frontera con Guatemala, cruzar ese país centroamericano. Y si todavía hay fuerzas, llegar a México para montarse en el techo del tren de cercanías, conocido como “La Bestia”, que los llevaría hacia la frontera con Estados Unidos. Con el peligro que si se quedan dormidos en el techo de ese largo tren, se podrían caer al suelo o si se caen en el hueco entre los vagones, ser triturado por las ruedas. Por algo se llama “La Bestia”.

Y si llegan a la frontera con Texas, hay muy pocas posibilidades de ser admitidos a Estados Unidos. Si lo acompaña un “coyote” este le dirá seguramente que su trabajo de guiarlo “hasta la frontera” ha terminado y podría aconsejarle cómo cruzar a nado el Río Bravo y a qué horas. Pero ese rio fronterizo tiene muchas corrientes y no es aconsejable.
Comienza así un largo, y desesperante tramite en la frontera mexicana que puede durar meses o años. Por unas razones comprensibles, el presidente Joe Biden ha decidido dar trato favorable de ”refugiado” a los de Cuba, Haití, Nicaragua y Venezuela, que ya estén en la frontera con México de “forma legal”. Y serán 30,000 por mes.
El gobierno de Biden, desbordado por los récords de migrantes en la frontera con México, intenta así aliviar la presión y escogiendo a países con largas esperas y que tienen ahora problemas económicos sociales y políticos.

A todos esos migrantes les empuja, además del valor de emprender un viaje sin un final feliz, el intento desesperado de huir de la pobreza, la falta de empleo y de las crisis económicas y políticas de sus países.
Una reciente encuesta en América Latina, de la firma Gallup, preguntó si tuvieran posibilidades de emigrar, ¿lo harían). Un 47 por ciento de República Dominicana dijo que si, un 43 % de Ecuador y un 41 % de Honduras.
Y la sorpresa es que un 27 % de El Salvador dijo que se quedaría en su país, un 23 % de Costa Rica y un 20 % de Panamá. Es muy raro ver como emigrantes a costarricenses y panameños. Y salvadoreños si es frecuente.
Solo recuerdo que si Trump es reelegido, volverá su intención de construir más un muro fronterizo anti emigrantes, deportaciones masivas, centros gigantes de detenciones y separación de familias. Y el uso del ejército estadounidense para lograr lo anterior.

–Mañana: Segundo capítulo de una serie de tres: El Tapón de la selva del Darién, entre Panamá y Colombia, es casi un cementerio para migrantes colombianos, venezolanos, ecuatorianos y chinos (sí chinos!!!) que vienen vía Ecuador, en su ruta hacia EEUU.
–Gracias a la colaboración de investigadores en migración: Ricardo Puerta, Carlos Valle, María Dolores Aguilar de Valle, Rubén Bermúdez, Jimmy Alvarenga, Arnaldo Torres, Felipe Manteiga , Juan Ferrera, Rubén Sinclair, Kenny Castillo, Edgardo Molina y Julie Turkenwithz del “New York Times”, con las fotos de Federico Ríos