Tegucigalpa – “El Señor nos enseñará los caminos”, dijo hoy el arzobispo de Tegucigalpa, José Vicente Nácher, en la homilía correspondiente a este domingo, el primero del tiempo de Adviento.
Iniciamos un nuevo año litúrgico con el primer domingo de Adviento. Tiempo previo a la Navidad que, como sabemos, expresa al mismo tiempo espera y camino. El Adviento es un tiempo lleno de profunda humanidad y de cercana divinidad, reflexionó el también presidente de la Conferencia Episcopal de Honduras.
El capítulo segundo del profeta Isaías es un mini proyecto de fraternidad humana en la que también nosotros, como iglesia y como sociedad nos identificamos. En el Reino que Cristo inaugura, el “Señor nos enseñará los caminos”, “Él será árbitro de pueblos numerosos”, y “las espadas de la división se convertirán en arados de trabajo y solidaridad”, expresó.
En la carta a los romanos San Pablo nos urge a “despertar del sueño” del conformismo y abrirnos a la cercanía de la salvación, que en la noche de Navidad celebraremos. Por mientras y para preparar el encuentro con el Salvador, “despojémonos de las obras de las tinieblas y revistámonos de las armas de la luz”, reflexionó.
El capítulo 24 de Mateo va dirigido a los discípulos, es decir, a quienes creen en Jesús y le siguen. Porque la Palabra de Dios no es un texto que pueda ser manipulado por nadie, sino una voz que hay que seguir. Dicho esto, el llamado que hace Jesús es a “estar preparados”: “velad porque no sabéis cuándo vendrá vuestro Señor”. Y hace referencia a Noé y los tiempos de pecado y olvido de Dios. Se anuncia que, así como por un hombre fiel la humanidad tuvo una nueva (y desaprovechada) oportunidad, en Jesús, el Santo por excelencia, la creación entera será redimida del pecado para siempre. El que está por nacer será llamado nuevo Adán, nuevo Noé, nuevo Moisés, entre otros nombres. Porque en el Niño Dios aparecerá el hombre nuevo que abre la puerta de la salvación y conduce a todos a una patria nueva, razonó.
Inicia para nosotros un tiempo litúrgico nuevo que nos invita siempre a mirar al futuro con fe, al pasado con agradecimiento y al presente con firmeza. No se trata de volver a andar los pasos que quedaron atrás buscando falsas seguridades, sino que guiados por el Espíritu Santo, miremos a lo alto dejándonos guiar por la luz de un corazón habitado de esperanza, zanjó.
El Adviento es el tiempo de María y de José, familia santa, primera Iglesia. Con ellos la humanidad entera se puso en camino en busca de la Paz y la Justicia que brota de lo alto, resaltó.
Con María y José, no busquemos caminos viejos; como ellos, dejemos que sea el mismo Señor el que nos muestre sendas nuevas, cerró.
A continuación Proceso Digital reproduce la lectura de hoy tomada del santo Evangelio según san Mateo:
Mateo 24, 37-44
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Así como sucedió en tiempos de Noé, así también sucederá cuando venga el Hijo del hombre. Antes del diluvio, la gente comía, bebía y se casaba, hasta el día en que Noé entró en el arca. Y cuando menos lo esperaban, sobrevino el diluvio y se llevó a todos. Lo mismo sucederá cuando venga el Hijo del hombre. Entonces, de dos hombres que estén en el campo, uno será llevado y el otro será dejado; de dos mujeres que estén juntas moliendo trigo, una será tomada y la otra dejada.
Velen, pues, y estén preparados, porque no saben qué día va a venir su Señor. Tengan por cierto que si un padre de familia supiera a qué hora va a venir el ladrón, estaría vigilando y no dejaría que se le metiera por un boquete en su casa. También ustedes estén preparados, porque a la hora que menos lo piensen, vendrá el Hijo del hombre”. PD







