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Contrastes en LA: Silencio frente a presos en Cuba y mucho ruido de cara a Honduras

Tegucigalpa – Mientras Latinoamérica, casi por entero, se acredita como juez de Honduras por su crisis política del 2009, estas naciones han vuelto la mirada hacia otro lado, estos últimos días, en cuanto a Cuba y el trato dado a los presos políticos.
 

  • Todos las Presidencias «miraron al lado», pero cuando se trata de Honduras discuten su caso, condenan y recomiendan

Tras años de presión de la iglesia Católica y de la organización defensora de los derechos humanos, conocidas como las Damas de Blanco, el gobierno de los hermanos Fidel y Raúl Castro finalmente accedió a liberar a más de 50 presos políticos que se podrían en las cárceles cubanas solamente por disentir del gobierno de la isla.

La liberación «coincidió» con la llegada del ministro de Relaciones Exteriores de España, Miguel Ángel Moratinos, que sirve como especie de vocero y «lobista» de los intereses del régimen de los Castro en Europa en general y de la Unión Europea en particular.

El gobierno español, bajo el mando de José Luis Rodríguez Zapatero, ha buscado por años levantar las sanciones que la Unión Europea impuso a Cuba por su deficiente conducta en derechos humanos y especialmente por haber enviado a la cárcel a más de 70 presos políticos, solamente por oponerse al gobierno y pedir mayor apertura política y libertad de prensa.

La combinación del papel mediador de la iglesia Católica, bajo el liderazgo del cardenal Jaime Ortega, la presión de España para «lograr gestos» de La Habana que sean «vendibles» política y mediaticámente en Europa y el temor a un desenlace fatal de la huelga de hambre del opositor Guillermo Fariñas hicieron que los Castro accedieran a «liberar» a los más de 50 presos políticos, aunque con la condición que los mismos se fueran expatriados con destino a España.

Una segunda muerte de un disidente por huelga de hambre, la primera fue el del disidente Orlando Zapata, en un año era algo que el gobierno cubano sabía que no podía manejar a nivel interno y externo, de ahí que aprovechó la debilidad española por lograr «gestos» vendibles e hizo «coincidir» el anuncio de la liberación con la llegada de Moratinos.

Y la apuesta mediática del anuncio no pudo ser mejor, ya que quedó en manos de la iglesia y en particular de la oficina del cardenal Ortega informar al mundo del «gesto» de la isla.

Desde hace días La Habana libera a varios presos que llegan a España, ya que todavía no maneja el protocolo que debe seguir con algunos detenidos que se rehúsan abandonar el país.

Silencio latinoamericano

Mientras varios países europeos, Estados Unidos y Amnistía Internacional se «congratularon» y «saludaron» la liberación de los presos, aunque hicieron constar que todavía quedan más de 100 presos políticos, en Latinoamérica, el silencio se apodero de sus Presidencias y Cancillerías.


Los encuentros presidenciales, que usualmente anuncian que debatirán temas bilaterales y el «caso Honduras» de las últimas dos semanas no dijeron ni una sola palabra en torno a los presos políticos cubanos y su liberación.

El tema de la libertad y de derechos humanos no fue tomado en cuenta en las declaraciones diarias que los presidentes de los gobiernos izquierdistas y de los de Sudamérica realizan a los medios de prensa.

Excepto Chile, que por medio de su cancillería alabó la libertad de los detenidos y ofreció su territorio para los que desean salir de Cuba, nadie reaccionó a los hechos.

Lula da Silva de Brasil, que había llamado delincuentes comunes según las leyes cubanas a los disidentes que se oponen al régimen de los Castro, apenas balbuceo algunas palabras de aliento cuando fue interrogado por la prensa brasileña, una semana después y aprovechó las mismas para saludar la decisión del gobierno.

El resto de los gobiernos latinoamericanos y del Caribe no han dicho palabra alguna en contra del régimen cubano y en pro de la libertad de los presos políticos cubanos.

El mismo patrón de silencio ha seguido el secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), José Miguel Insulza, que siempre se escuda en temas internos o que no son de su competencia para abstenerse criticar acciones antidemocráticas de varios países, pero que no ocurre lo mismo cuando se trata de Honduras, ya que ahí se siente calificado y con competencias para tener una lista nunca terminable de exigencias que cumplir para ver si el país puede regresar a la organización continental.

El maestro Fidel y su entrada en escena

Como todo un maestro de la escena dramática política, algo que hasta los veteranos de Hollywood envidiarían, a raíz de la libertad de los presos políticos, inmediatamente reapareció el comandante Fidel Castro hasta con cinco presentaciones en una semana.

La «resurrección mediática» de Fidel fue una puesta en escena que ni el mejor libreto de la meca del cine hubiera logrado, pero que buscó y logró «equilibrar» los informes procedentes de La Habana en cuanto a la situación política.

Y mientras el silencio reinaba en los primeros días tras el anuncio de la liberación de los presos, algo incomodó porque La Habana no aceptaba hasta la fecha que tuviera detenidos políticos consumiéndose en las cárceles, en las casas presidenciales latinoamericanas, la salida de Fidel ante las cámaras fue recibido con una «inmensa alegría», según palabras del jefe máximo de los neoizquierdistas, el mandatario venezolano Hugo Chávez.

Chávez inmediatamente «celebró» la salida en escena de Fidel y hasta lo invito a dar su viaje a Caracas e igualmente los demás mandatarios del bloque de la Alternativa Bolivariana para las Américas (Alba) festejaron su regreso.

Mientras en casa, los cubanos señalaron que la reaparición de Fidel justamente cuando salían en libertad los presos políticos era un mensaje poderoso a los demás estamentos del régimen cubano que «había aprobado» la operación de su hermano Raúl con el cardenal Ortega en cuanto a la salida política al tema de los disidentes.

Mientras tanto, Latinoamérica continúa celebrando la reaparición de Fidel Castro y continúa «olvidando» la libertad para los más de 50 presos políticos y peor aún sigue «mirando al lado» en cuanto a los más de 100 que quedan y la violación permanente a los derechos humanos en la isla, mientras con Honduras «mantienen su permanente preocupación» sobre el futuro de su democracia.

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