Cayeron los autores materiales, ¿pero hubo quien ordenara disparar el gatillo?

Tegucigalpa – Las luces poco a poco resplandecen en el caso de los crímenes de dos reconocidos periodistas hondureños, asesinados por grupos que operan en bandas criminales que todo presume fueron contratados para ejecutar la acción y si bien su autoría ha sido identificada, aún se desconoce si hubo quién o quiénes ordenaran apretar el gatillo.
 

Los periodistas son Alfredo Villatoro, coordinador de noticias de la radio de alcance nacional HRN del grupo de Emisoras Unidas. Villatoro fue secuestrado a las 4:52 de la madrugada del 9 de mayo de 2012 y seis días después su cuerpo fue encontrado en horas de la noche a la orilla de una calle, en la residencial Las Uvas, de Tegucigalpa, la capital.

Mientras, el periodista y catedrático universitario, Aníbal Barrow, quien coordinaba sus propios espacios informativos que transmitía por la televisora Globo TV, fue raptado el 24 de julio de 2013 en la norteña ciudad de San Pedro Sula y las partes de su cuerpo se encontraron el 9 de julio en la laguna de Siboney, cerca de unos cañaverales.

Tanto los cuerpos de Villatoro como de Barrow fueron objeto de torturas, según los registros forenses. En ambos el mensaje de intimidación a la prensa fue devastador, pues mientras uno fue tirado maniatado y con señales de tortura, el otro fue desmembrado, cuando su cuerpo no pudo ser incinerado como era el propósito.

Por el caso de Alfredo Villatoro, fue acusada la banda criminal de los Hermanos Osorio, una red que de acuerdo a la Policía tendría conexiones transnacionales con el crimen organizado y se especializaba en el delito del secuestro, entre otras acciones. La organización criminal era considerada un grupo con alto nivel de profesionalismo en su trabajo, pero un tribunal de justicia los encontró culpables del rapto y posterior asesinato del periodista Alfredo Villatoro.

¿Qué motivó la muerte de Villatoro?

Las indagaciones preliminares señalan que Los Osorio intentaron sacar provecho al rapto y posterior secuestro del comunicador, como un negocio particular, aparte de las instrucciones de quienes, al parecer, no querían que el comunicador viviera.

¿Por qué fue secuestrado Alfredo Villatoro? ¿Qué motivaciones había detrás? ¿A quién incomodó el periodista que optaron por silenciarlo? ¿Quién ordenó su muerte? Esas son preguntas aún sin respuesta, porque si bien en el juicio iniciado 22 meses después de su muerte, se probó la participación material de los secuestradores, los móviles del crimen aún no se aclaran. Se desconoce a ciencia cierta si habrá otra fase de esta cruel historia.

De momento, la condena que les dé el tribunal se fijará el 22 de abril próximo y se estima que podría ser mayor de 40 años o cárcel de por vida.

En tanto, el crimen del periodista sampedrano, Aníbal Barrow es otro misterio. Por muerte guardan prisión Gustavo A.Durán, Delmer Donael Durán, José Hernán Díaz e Ivis Laureth Lara. A ellos se suma la captura y posterior condena a ocho años de Gabriel Armando Castellanos Pérez, de 18 años, alias “El Chele”.

Cuando asesinaron a Aníbal Barrow, “El Chele” era menor de edad, pero él, junto al resto de sus compinches, a diferencia de los hermanos Osorio no era una banda estructurada, trabajaban más por encargo, presumen los expertos.

Las hipótesis de los entendidos indican que alguien los reclutó, contrató y pagó para matar al comunicador social, pero al igual que el caso de Alfredo Villatoro, el enigma rodea su crimen.

¿Alguien pagó a los gatilleros?

La saña con que asesinaron a Aníbal Barrow revelaba que en el caso de los periodistas, Honduras estaría entrando a una especie de crímenes de alto perfil, con mensajes que la autoridad no ha podido descifrar.

¿Por qué matarlo con tanta saña? ¿Cuál es el mensaje que se quería enviar? ¿Frente a qué tipo de mente criminal se está para ordenar un crimen tan cruel?

Lo cierto es que las muertes de periodistas siguen siendo un enorme desafío para las autoridades, que en estos dos casos han dado con los autores materiales.

Un informe del comisionado nacional de los derechos humanos, del 2002 al 2013, cerca de 40 periodistas y comunicadores sociales fueron asesinados en el país, de los que más de 22 se produjeron en los últimos tres años, un hecho sin precedentes en la historia democrática hondureña.

Junto a los casos de Alfredo Villatoro y Aníbal Barrow, se judicializaron otros dos más, entre ellos el de Georgino Orellana, también sentenciado y según la autoridad su muerte estuvo vinculada al robo, una hipótesis que la prensa hondureña no termina de digerir.

Tanto la familia de Villatoro como la de Barrow afirman que el caso de los periodistas la identificación de los autores materiales es como llegar a la mitad del río. El vaso sigue estando medio lleno.


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