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Violencia de género en línea impacta en el ejercicio de la libertad de expresión

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Tegucigalpa (Especial Proceso Digital) – La violencia en línea cada vez vuelve a las mujeres, periodistas y a los actores claves, en el principal centro de ataque que busca limitar el derecho a opinar y a ejercer la libertad de expresión, revela una reciente investigación que identifica los principales rasgos que caracterizan este tipo de violencia de género en línea. 

De acuerdo con el trabajo realizado por ONU-Mujeres y la Alianza Regional por la Libre Expresión e Información, la violencia de género en línea se produce en coyunturas particulares relacionadas con la participación política, la reivindicación de derechos y los cuestionamientos a políticas públicas que violentan derechos de las féminas y de la sociedad, en general.

Las mujeres, las defensoras de derechos humanos y las periodistas, destacan entre las principales víctimas de este tipo de violencia que tiene en las campañas de descrédito, la desinformación, las falsas noticias y los llamados netcenter, uno de los principales propagadores de las agresiones, hostigamiento y limitación de expresión en los espacios públicos.

Pero también son blanco de estos ataques, aquellos actores claves que cuestionan políticas públicas o enfrentan a los gobiernos con democracias híbridas o se encuentran bajo los regímenes autocráticos, opinan otros expertos que estudian las narrativas digitales que predominan a través de las redes sociales.

Las mujeres, las defensoras de derechos humanos y las periodistas, destacan entre las principales víctimas de este tipo de violencia que tiene en las campañas de descrédito, la desinformación y las falsas noticias.

Temas relacionados con la seguridad, la economía, la corrupción, la reducción de espacios cívicos, la libertad de expresión, la violencia contra mujeres, la violación de los derechos humanos, entre otros, destacan como parte de las agresiones en línea, que en muchos casos traspasa la virtualidad para concretarse en agresiones físicas en espacios públicos.

En el caso de la violencia de género en línea, se analizaron 15 casos de diversos países de América Latina y el Caribe, todas ellas mujeres con voz pública radicadas en Argentina, Brasil, Bolivia, Colombia, Cuba, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua, Paraguay, Uruguay y Venezuela.

De acuerdo al estudio, las mujeres con voz pública, especialmente las periodistas y comunicadoras, defensoras de los derechos humanos, son el objetivo particular de una violencia de género en línea sistemática. Se suman a ella, aquellas que participan en política, cuya intensidad de ataque, fluctúa según la coyuntura en sus países.

La violencia en línea no solo se queda en las plataformas digitales, tiene consecuencias concretas y visibles en las personas que la padecen, de ahí que sea un error minimizar el problema y abordar la violencia en línea como algo ajeno, separado, distanciado de la violencia estructural por razones de género, revela el estudio.

De acuerdo al estudio, las mujeres con voz pública, especialmente las periodistas y comunicadoras, defensoras de los derechos humanos, son el objetivo particular de una violencia de género en línea sistemática.

Las voces que buscan silenciar

Estos ataques, que la mayoría de las veces se vuelven sistemáticos, impactan directamente en el ejercicio de la libertad de expresión, restando voces en el debate público, y, por ende, impactando en el fortalecimiento y la calidad de las democracias.

Uno de los efectos más visibles en materia de libertad de expresión y de opinión, es la autocensura, pues muchas de las agredidas deciden no seguir debatiendo y ello en alguna medida inhibe a otras que han querido expresar sus posiciones en los espacios que permiten las redes sociales. El efecto inhibidor es fuerte y debilita el ejercicio de la libertad de expresión, sostienen la investigación en referencia.

Se suma a ello, el linchamiento público que son objeto las mujeres, aunque sea en los espacios virtuales. Las mujeres consultadas dicen que esas parecen ser las “reglas del juego” si deciden alzar su voz en los espacios públicos o en la participación política.

La instalación en la agenda pública latinoamericana del debate sobre los temas de despenalización del aborto y los derechos sexuales reproductivos, así como reivindicación de los derechos de la diversidad sexual, son coyunturas que disparan los ataques de la violencia de género en línea, a la que se suma la decisiones de algunos gobiernos latinoamericanos de reformar sus legislaciones a favor de sectores vulnerables e invisibilizados en sus países, señala el informe elaborado por ONU-Mujeres y la Alianza Regional por la libre expresión y el derecho a la información.

También este tipo de violencias crece y se multiplica en países cuyos contextos políticos se enmarcan o enmarcaron en contextos políticos institucionales con el cierre de espacios públicos, en los que se observan restricciones a la libertad de expresión, persecuciones a periodistas y personas opositoras. En estas situaciones se advierte el uso intensivo, por parte de oficialismos y oposiciones, de prácticas como las llamadas “granjas de trolls o netcenters”, y las falsas noticias, entre otros mecanismos de ataque a las voces críticas.

Otra forma que utilizan es el “trolleo”, conocida como la acción de dirigir mensajes insultantes, descalificadores, difamadores, discursos de odio, generalmente de forma masiva.

Formas y mecanismos de ataque

El ciber hostigamiento, el ciberacoso y el discurso de odio son algunas de las manifestaciones que más usan en la violencia de género en línea, siendo los mecanismos más usados los bots o cuentas creadas para generar mensajes de forma automática y repetitiva, a fin de diseminarlos rápida y masivamente.

Otra forma que utilizan es el “trolleo”, conocida como la acción de dirigir mensajes insultantes, descalificadores, difamadores, discursos de odio, generalmente de forma masiva. Se suma a ello, los llamados trolls o usuarios no identificados que dirigen mensajes violentos y ofensivos, con frecuencia organizados en “ejércitos”, “granjas” o net centers, para actuar de forma simultánea creando una verdadera turba virtual en coordinación con usuarios regulares de las redes, anónimos o no.

Estos ataques coordinados se producen a gran escala y frecuentemente incluyen el doxing, que consiste en la difusión de datos personales de la víctima como su número de teléfono, su domicilio y su ubicación actual. Le sigue también el hackeo, un acceso no autorizado a las cuentas y dispositivos de una persona, suplantación de identidad, creación de falsos perfiles personales. También está el monitoreo, control y vigilancia en línea para un rastreo constante de las actividades en línea y fuera de línea de una persona.

De acuerdo a la investigación, todos los estudios de casos describen como la violencia en línea tiene efectos en la salud, la vida social y familiar de las personas, además de un impacto severo en el libre ejercicio de la libertad de expresión. En cuanto a las formas en que se despliega esa violencia, “los límites de la virtualidad se atraviesan cuando la hostilidad, las amenazas y la vigilancia se replican en el mundo físico”, destaca el informe, al indicar que una de las redes sociales que más se usa contra este tipo de violencia en línea es Twitter, en especial para las mujeres periodistas, por ser una de las más usadas por éstas para sus trabajos.

De acuerdo a la investigación, todos los estudios de casos describen como la violencia en línea tiene efectos en la salud, la vida social y familiar de las personas, además de un impacto severo en el libre ejercicio de la libertad de expresión.

Por la especificidad de su oficio, destaca el informe, la voz de las mujeres periodistas es necesariamente pública y las redes sociales, en este caso Twitter, una herramienta de trabajo, por lo que son un grupo alcanzado mayoritariamente por este tipo de agresiones.

En el 2017, destaca que ya el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, había advertido en el informe “La seguridad de los periodistas y la cuestión de la impunidad que, si bien hombres y mujeres periodistas sufren ataques en línea, los que reciben ellas “son de mayor gravedad”.

La UNESCO también destaca que hay evidencia de ataques coordinados contra mujeres periodistas y de la participación de políticos y gobernantes en generarlos, instigarlos o, como mínimo, alentarlos y promoverlos. De ahí que el informe advierta que por cada mujer silenciada o que se intenta acallar o limitar, son varias las que ni siquiera llegarán al debate público. Es necesario denunciar y contrarrestar la violencia de género. (PD)

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