Venezuela en el venesuelo

Por: Otto Martín Wolf

Cuando nadie creía que las cosas pudieran empeorar en Venezuela, nos damos cuenta que esa pobre nación, o más bien ese pobre pueblo, todavía tiene mucho que penar por haber confiado en la demagogia de Chávez y su pandilla.

Es increíble que un país que cuenta con enormes reservas de petróleo y gas natural, padezca una crisis energética tan grande que ha obligado al gobierno a reducir los días de trabajo de sus empleados.

En los países normales los gobiernos trabajan cinco días a la semana y tienen dos libres, en Venezuela las cosas son la inversa: ahora trabajan lunes y martes -dos días- y descansan cinco!

Semejante decisión sirve para demostrar dos cosas: lo enorme de su aparato burocrátic -sin duda centenares de miles de afines al gobierno- y lo poco importante de su “trabajo”.

Pero, además, uno se pregunta asombrado: Cómo fue posible que Venezuela no construyera centrales térmicas para aprovechar su abundante petróleo? Es más, porqué no se convirtió en el más grande productor de derivados, porqué no desarrolló la industria petroquímica?

Por el contrario, la extracción y refinamiento de petróleo es apenas una fracción de lo que se producía antes de que Chávez llegara al poder, al extremo que Venezuela importa del exterior gasolina y otros subproductos.

Son tantas las preguntas que uno no encuentra por dónde empezar: Cuánto dinero dilapidaron en los tiempos del barril a $120.oo? Cuánto se robaron? Cuánto utilizaron en planes tan “geniales” como Petrocaribe, destinado a comprar influencia política internacional para Chávez, quien se creía destinado a ser el rey del mundo.

Cuánto le han regalado a Cuba, que como vampiro se pegó a las venas del petróleo y cuánto siguen regalando mientras su propio pueblo pasa hambre.

Los hermanos Castro, más astutos que cualquier venezolano, alimentaron los sueños del Comandante Chávez haciéndole creer que era un mesías, mientras le sacaban todo lo que podían… “tu eres el elegido de los dioses chico!”.

Pero ellos vieron venir la crisis venezolana con suficiente anticipación, de manera que, apenas las cosas empezaron a ir mal, volvieron los ojos al odiado imperialismo.

A propósito de eso, Fidel dijo que no necesitaban de los Estados Unidos -otra mentira. El deteriorado centro histórico de La Habana está siendo reconstruido por voluntarios y capital americano, de lo contrario termina de caerse.

El turismo norteamericano, cargado de dólares, es bienvenido aunque “Cuba no necesite del imperialismo”.

Mientras tanto en Caracas el Comandante Maduro se ha quedado hablando solo, sin los sobalevas del petróleo, demostrando su incapacidad como gobernante, así como la de Chávez quien creyó que podía con el cargo y lo sentó en la silla presidencial en medio de una muerte de fecha incierta.

Con la inflación más alta del planeta, Venezuela ha llegado al suelo, que triste.

Pero más triste aún es que Maduro y la clase gobernante no comprenden que el suelo no es el límite.

Siempre se puede ir más abajo – hacia el infierno- el mismo que viene padeciendo el pueblo venezolano desde que Chávez llegó al poder.

Y pensar que aún hay idiotas que siguen creyendo en “Socialismos del Siglo 21, Revoluciones Bolivarianas” y esa clase de tonterías.

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