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Vargas Llosa regresa a sus libros, no pintaba nada en el mundo rosa de Isabel Preysler

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Análisis de Alberto García Marrder – Especial para Proceso Digital

Confieso que me siento incómodo escribiendo sobre este tema. Trataré de huir del estilo periodístico de chismorreo ante la noticia de la separación de un Premio Nobel de Literatura, el hispano-peruano Mario Vargas Llosa, con la reina de la prensa rosa en España, la hispano-filipina Isabel Preysler.

Para iniciar, reproduzco esta nota del diario madrileño “El País”: “Eran incompatibles: A él le interesaba la cultura y a ella el espectáculo. Hay un abismo entre ambos. El ya parecía sentirse incómodo viendo su imagen convertida en un “adorno”, en un reclamo para fiestas y eventos, confían personas próxima al Nobel”.

Todo comenzó el 28 de diciembre, ”Día de los Santos Inocentes”, cuando la ex del cantante Julio Iglesias, de Carlos Falcó (Marqués de Griñón) y el ex ministro de Hacienda en el gobierno de Felipe González, Miguel Boyer, anunció en su revista de cabecera “Hola”, que “Mario y yo hemos decidido poner fin a nuestra relación, definitivamente”.

Él tiene 86 años y ella, la “reina de corazones”, 71. Han estado juntos ocho años y él camina ya con un bastón.

Con el cantante Julio Iglesias, ella tuvo tres hijos (Chaveli, Julio Jr y Enrique, el ahora famoso cantante). Con Falco, Tamara Falco y con Boyer, Ana Boyer.

Vargas Llosa vivía en la mansión de ella (con 44 habitaciones y 13 baños) que tiene en Puerta de Hierro, uno de los barrios más lujosos de la capital. Salvo cuando, según la prensa rosa española, cuando discutían, él daba el portazo y se iba a su amplio apartamento que tiene cerca de la Puerta del Sol, en el centro de Madrid.

Esa casa de dos pisos, construida por Boyer y Preysler, la bautizó, de una forma irónica, Alfonso Ussía, columnista del diario ABC, como “Villa Meona” por los 13 baños. También tiene dos piscinas (una cubierta), un ascensor interior y varias casetas para perros con calefacción. Por algo, formaban parte, los dos, de la “Beatiful People” en Madrid. Y hacían ostentación de su riqueza y lujos sin ningún remordimiento.

Mario Vargas LLosa y su pareja, Isabel Preysler. (Foto Archivo El Universal)

La diferencia entre Vargas Llosa y Preysler no solo era en la edad. Son un mundo aparte. Me imagino lo incomodo que se sentiría el de Arequipa cuando tenía que acompañar a su exótica, elegante y atractiva pareja en las galas de las firmas que ella patrocinaba, como Porcelanosa, o como “un florero”, en los reportajes (siempre en portada) de la revista “Hola”. Según Javier Cid, en el diario “El Mundo”, él también cobraba lo que le correspondía.

Entonces, es pertinente esta pregunta: “¿Que pintaba un intelectual, y encima Premio Nobel de Literatura, en ese mundo de frivolidades y ostentaciones que pregona cada semana sus lujosas vestimentas y pecadillos en la prensa rosa de chismorreo?

Lo lógico es pensar que hubo, al principio, mucho amor. A pesar de que unos días antes de irse con la Preysley, Vargas Llosa acababa de celebrar en Nueva York sus bodas de oro, los 50 años de estar casado con su prima peruana Patricia Llosa y con los tres hijos que tuvo con ella: Álvaro, Gonzalo y Morgana. (Los tres están muy contentos, han recuperado a su padre).

Mario Vargas Llosa, cuando estaba casado con su prima peruana, Patricia LLosa, y madre de sus tres hijos. (Foto EFE).

Vargas Llosa, desde su apartamento, está terminando un libro sobre música criolla y prepara su discurso, en francés, de ingreso a la Academia Francesa de la Lengua en París, para febrero. Y mantiene un discreto silencio, pero si estará muy molesto que su ex pareja haya filtrado a “Hola” que la verdadera razón de la ruptura fueron “los celos infundados de Mario”. Versión totalmente falsa, según declaró él mismo.

Según la presentadora María Patiño, del programa “Sálvame” de Telecinco, si Isabel Preysler ha roto con el escritor es por su negativa a casarse, a pesar de pedírselo ella tres veces. “Si el día de mañana te pasa algo, no quiero quedar como tu amante”, le habría rogado.

Un mal pensado diría: “Claro, como viuda del novelista podría cobrar algunos de los derechos de autor de sus libros y heredaría parte de los apartamentos que tiene en Madrid, Nueva York, París, Punta Cana (una casa en la playa) y en Lima. Pero Preysley es rica, muy rica, por ser la cara de muchas marcas y cobra por hacer acto de presencia en fiestas y cócteles publicitarios. Y es la única dueña de “Villa Meona”. Es tan famosa que ya está en el Museo de Cera en Madrid.

Isabel Preysler cuando estaba casada con el cantante Julio Iglesias, el primero de sus tres maridos. Con sus hijos Chaveli, Julio Jr y Enrique (el bebé en la foto, que ahora es un cantante tan famoso como su padre).

He entrevistado, como periodista, dos veces a Vargas Llosa. En Londres, en los años sesenta para la revista literaria “Índice” de Madrid. Y la segunda vez, en Miami para la Agencia EFE, una entrevista que se basó más que todo sobre su libro histórico “La Fiesta del Chivo”.

No tengo reparo en confesar que admiro a Vargas Llosa como novelista y ahora que se ha “emancipado” (en realidad lo han echado de “Villa Meona”), brindaré por su recuperada vida literaria en este nuevo año. Y si se atreve a contar lo que han sido esos últimos ocho años, le sugiero este título “Crónica de una separación largamente anunciada y esperada”.

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