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Uruguay recuperó autoestima y optimismo al calor de sus éxitos en el Mundial

Montevideo- Los éxitos de la «Celeste» en el Mundial de Sudáfrica no sólo han puesto a Uruguay otra vez entre los cuatro mejores equipos de fútbol del planeta, sino que han permitido al país recuperar y expresar una autoestima y un optimismo olvidados décadas atrás entre crisis económicas, sociales y políticas.
 

Miles de ciudadanos salieron a las calles de Montevideo el pasado martes al grito de «Uruguay, Uruguay» pese a la derrota ante Holanda en las semifinales del torneo mundialista, satisfechos y felices por el desempeño del equipo y dejando de lado el proverbial carácter taciturno y humilde de los uruguayos.

Ese inusitado festejo futbolístico también trajo de manifiesto la cada vez mayor percepción entre la gente de que el país marcha bien en muchos aspectos y de que pese a ser pequeños aún pueden tener un papel importante en el mundo, diluyendo en parte una losa histórica que pesaba desde los años 50.

El gol de Alcides Giggia ante Brasil en Maracaná con el que Uruguay logró su segundo campeonato del mundo de fútbol en 1950, era y es para muchos uruguayos, incluso para algunos que aún no vivían entonces, el símbolo del mejor momento vivido en su historia, donde la gloria deportiva y el éxito económico convivían en el pequeño país sudamericano.

Ese gol también constituye para muchos una suerte de canto del cisne, a partir del cual todo comenzó a ir peor en lo económico, en lo político y en lo futbolístico hasta labrar una imagen de Uruguay como país pequeño y marginal sin muchas posibilidades.

«Lo que parece estar sucediendo con la selección es que aparece un sentimiento de que sí es posible tener una actuación decorosa en distintos contextos internacionales», explicó a Efe el sociólogo de la Universidad Católica Antonio Pérez.

Según el catedrático, este cambio de sentimientos se circunscribe dentro de un contexto más amplio que comenzó tras la crisis de 2002, cuando el país comenzó a remontar su situación económica, algo que se aceleró en el último quinquenio.

«Aparece una expectativa más abierta hacia el futuro, más positiva. De un «siempre nos va a ir mal» a «un bueno, si hacemos las cosas bien…», dijo Pérez.

Así, el éxito mundialista simplemente permitió a muchas personas darse cuenta de que Uruguay puede ser, tanto en términos futbolísticos, como de otra índole, «un actor importante en el mundo, ser competitivo y ser reconocido como algo honroso», dijo el sociólogo.

«Ahora hay que capitalizar ese momento, y que este nuevo espíritu sirva de base para sostener un proyecto de desarrollo y encontrar un lugar en el mundo», concluyó.

El sociólogo y entrenador de fútbol Rafael Bayce también señaló a Efe que la actuación de la «Celeste» en el Mundial tendrá importancia en el país, si bien no a una escala tan profunda.

«El éxito de Uruguay satisface el orgullo nacional y eso siempre transforma lo cotidiano: la gente está más feliz, se tratan mejor, los funcionarios son más atentos, hay un mejor talante, en político las críticas son menos virulentas y así», afirmó.

Según Bayce, el país está mejor en lo económico hace años, así que ahora la gente no festeja eso, ya que «sensatamente no hace un paralelismo entre unas cosas y otras ni se cree que el país mejoró con el fútbol y el fútbol con el país».

«Además, futbolísticamente no tiene comparación, porque Uruguay fue imparable entre 1923 y 1950, una historia sin parangón en el mundo. Y ahora simplemente se han reverdecido viejas glorias, sin llegar ni de lejos a opacarlas», dijo.

Desde el gobierno nadie vincula tampoco directamente el éxito de Uruguay con su crecimiento económico, si bien, como dijo a Efe el Director Nacional de Deportes, Ernesto Irureta, si está claro que «ha hecho sentir que sí se puede y ha dado un renacer en la fe y esperanza de que el deporte en Uruguay puede tener un camino».

Sin embargo, particularmente entre los jóvenes que nunca vieron un Uruguay victorioso, empieza a aparecer la conciencia de que sí hay algo distinto y que se pueden hacer cosas a las que el país no estaba acostumbrado, como llegar a las semifinales de un Mundial.

Para el cineasta uruguayo Martín Sastre, cuya ópera prima, «Miss Tacuarembó», una película musical de ambiente pop se estrenó la semana pasada en coincidencia con los triunfos futbolísticos uruguayos, esa transformación es patente.

«Ya hay una nueva generación de uruguayos, que es la misma generación de Diego Forlán, que hace cosas por el mundo y que se escapa un poco del estereotipo de ser uruguayo. Y ahora nos damos cuenta de que esas cosas también se pueden lograr en casa», afirmó.

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