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Una foto desgarradora: un buitre esperando que muera un niño

(Este es el segundo reportaje de una serie sobre la historia de cinco fotos ya emblemáticas).

Miami, (EEUU) Especial Proceso Digital/ Por Alberto García Marrder – No voy a pedir disculpas por resucitar una foto brutal que les va a revolver el estómago y a estremecer la conciencia.

Esa es precisamente la intención, la de impactar con una foto icónica, para que no olvidemos la hambruna que todavía hay en África. Y también, la del trágico drama del fotógrafo que la tomó.

Me voy a enfocar en el niño desnutrido sudanés de la foto, llamado Kong Nyong. Y relatar que pasó con él en 1993. ¿Sobrevivió del acecho del buitre, que solo esperaba que muriera de hambre para abalanzarse sobre él y comerlo con su pico?

¿Y por qué no hizo nada para impedirlo el fotógrafo sudafricano Kevin Carter?

¿O Carter, deliberadamente, esperó para lograr “esa foto”, sin espantar al buitre?

El foto-periodista sudafricano Kevin Carter.

Esta es la historia de esa foto ya tan emblemática, que no me deja dormir. La del niño e igual de trágica, la del fotógrafo, que realmente era un foto-periodista.

De todas maneras, Carter ganó meses después, por esa foto, el Premio Pulitzer en Estados Unidos, que no pudo disfrutar mucho tiempo. Se suicidó poco después, a los 33 años.

Carter vivía en Johannesburgo (Sudáfrica), un blanco que se oponía al “apartheid” que imponía la minoría blanca sobre la mayoría negra. Tenía muchos problemas personales, de drogas, de dinero, sin trabajo fijo y sin poder pagar la manutención de una hija extramatrimonial de seis años.

Para olvidar todo eso, pidió permiso al semanario “Weekly Mail” y se fue al Sudán con otro colega, Joao Silva, a tomar fotos de la hambruna en ese país africano, una de las catástrofes humanitarias más importantes de la década de los noventa. Una guerra civil interna agravaba aún más la situación.

Mapa del hambre en el mundo. Los marcados con rojo tienen un índice «alto» y morado, «muy alto».

Una avioneta con ayuda alimenticia de las Naciones Unidas los llevó hasta el poblado sudanés de Ayod, con la advertencia de que tenían que regresar dentro de cuatro horas para poder despegar de esa pista de tierra.

Carter se separó de su colega y caminó unos 500 metros hacia unos arbustos y empezó a tomar fotos de un niño desnutrido que no tenía ni fuerza para poder caminar y que trataba de llegar al lugar donde las Naciones Unidas repartían comida.

(Las agencias de noticias escribieron primero que era una niña. No, era un niño y se llamaba Kong Nyong. Sobrevivió la hambruna, pero murió en 2007, de “fiebres”, según le dijo el padre al periodista español Alberto Rojas, del diario “El Mundo” de Madrid.)

Poco después, llegó un buitre y se situó cerca del niño, que estaba casi inmóvil y agachado. Carter tomó entonces la foto que le iba a ganar, meses después, el Premio Pulitzer de fotografía informativa.

El foto-periodista Kevin Carter.

A partir de ese momento, hay dos versiones diferentes de lo que sucedió:

1-Críticas de sus propios colegas sudafricanos de que esperó, casi unos 20 minutos, a que el buitre saltara sobre el niño con tal de tomar la gran foto. Y que no hizo nada por ayudarlo.

2-Carter se defendió diciendo que por recomendación de la ONU, no podía tocar al niño por un posible contagio y que trató de espantar al buitre. Y que no supo qué pasó con el niño porque tuvo prisa por regresar a la pista para tomar la avioneta.

El 26 de mayo de 1993, el diario “The New York Times” publica la foto y pocos días después, una agencia de fotografías, la distribuye por todo el mundo. Las reacciones son inmediatas. Al diario neoyorquino le llueven preguntas de sus lectores que quieren saber qué pasó con la “niña” (el niño).

El 26 de mayo de 1993, el diario «The New York Times», publicó por primera vez la foto de Carter, que ganó, meses después el Premio Pulitzer.

Y también las críticas a Carter.

En una emisión de radio con público presente en Johannesburgo, un hombre joven le espeta a Carter en su propia cara: “Ese día en Sudán, habían dos buitres. Y uno tenía una cámara de fotos en sus manos”.

Empieza a derrumbarse la moral de Carter y no se entusiasma mucho cuando el 12 de abril de 1994, la Jefa de Fotografía del “The New York Times”, Nancy Buirski, lo llama para anunciarle, jubilosa ella, que le han concedido el Premio Pulitzer de fotografía, el galardón periodístico más ansiado por cualquier foto-periodista.

En Nueva York para recoger el premio, Carter es tratado como una estrella del fotoperiodismo y él lo disfruta.

En su regreso a Sudáfrica, los demonios que lleva en su cabeza y una fuerte depresión, empiezan hacer estragos.

Su ex novia, no quiere saber de él, las deudas aumentan y aquella foto, la del buitre, le sigue atormentando.

Y su nuevo trabajo, con la prestigiosa agencia Sygma (tras su premio), se tambalea por su inconsistencia, mala calidad de sus fotos y por quedarse dormido cuando tenía que viajar a una cobertura periodística.

Y su mayor error y, tal vez, lo que le indujo a tomar una decisión drástica una semana después, fue cuando la revista TIME le encargó un reportaje gráfico en Mozambique. A su regreso a Johannesburgo, olvidó en el avión 16 carretes de fotos tomadas, que no pudo recuperar.

En la noche del 27 de julio de 1994, se dirige en su destartalado “pick-up” Nissan rojo a un parque donde jugaba de niño. Estaciona y saca una manguera.

Coloca con cinta adhesiva una punta de la manguera en la salida del tubo de escape del auto y la otra la mete en la ventanilla delantera de lado del conductor (en Sudáfrica el volante está a la derecha y se conduce por la izquierda).

Carter cierra la ventanilla bien, enciende el motor y se pone a escuchar música en su “walkman”.

El monóxido de carbono hace el resto.

Deja en su asiento cercano una nota póstuma, donde reconoce su fuerte depresión y dice, en parte:

“….me siento perseguido por memorias vividas de niños hambrientos….”.

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