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Trump sigue socavando la democracia norteamericana (Análisis)

(Especial para “Proceso Digital” – Por Alberto García Marrder).

Washington, (EEUU) – Estados Unidos asiste estupefacta al espectáculo inédito de un presidente que se resiste a aceptar un resultado electoral contrario y a permitir una transición pacífica de poderes a uno ya electo.

Sí, eso es típico de las dictaduras. Pero este país no lo es y resulta una situación muy inquietante.

El presidente Donald Trump sigue atrincherado en la Casa Blanca e insistiendo, sin fundamento alguno, que le robaron las elecciones del 3 de noviembre para reelegirse. Y ha impugnado los resultados electorales que le dieron la victoria a su rival demócrata, el exvicepresidente Joe Biden.

Trump ha dado órdenes a su gobierno para que no colaboren con el equipo de Biden para una transición pacífica de poder y está utilizando la estructura oficial para confirmar el supuesto fraude electoral en su desesperado intento de deslegitimar la victoria de Biden.

Impávido, pero si tocado, Biden sigue montando su próximo gobierno, y hoy nombró a Ron Klain, como su próximo Jefe de Gabinete y sigue con sus planes para combatir la incontrolada pandemia del coronavirus, tan pronto tome posesión el 20 de enero.

Siempre y cuando qué para esa fecha, Trump haya abandonado la Casa Blanca.

Una pregunta pertinente: ¿A que juega Trump?

“Su negativa a aceptar los resultados electorales puede seguir envenenando la democracia estadounidense muchos años después de su partida”, escribe hoy Amanda Taub, en el diario “The New York Times”.

Ron Klain junto a Joe Biden

Y añade: “Ya sea que se trate de una desinformación deliberada o de una incapacidad genuina para aceptar la realidad, es casi seguro que esta situación afectará la confianza pública en las instituciones y en la legitimidad del próximo gobierno de Estados Unidos.”

Y hay un comentario que comparto gustoso, el del columnista Noah Bierman, en el diario “The Los Angeles Times”: “El presidente Trump tiene 10 semanas para vengarse de sus enemigos políticos, perdonar a sus amigos y hacer la vida imposible al presidente electo, Joe Biden, que lo ha convertido en las urnas en algo que el odia: un perdedor”.

Y Bierman lo argumenta: “Trump sigue saltándose normas políticas y despertando pasiones políticas al negarse a reconocer su derrota, repitiendo las mismas falsedades: que él ganó las elecciones, que los demócratas se la robaron y ninguna de las dos es verdad”.

Coincido con una de las lectoras de mis columnas, que desde Canadá me escribe: “Aunque las acusaciones de fraude electoral sean falsas, la duda va a quedar”.

Exactamente. Y esa duda puede ensombrecer los cuatro primero cuatro años del gobierno de Biden.

Ese será el mayor daño que Trump hará a la democracia norteamericano, solo porque se siente humillado por su derrota electoral. Y, aún peor, frente a un político que siempre ha descalificado, como un “inútil”. Y quiere vengarse de alguna manera. Lo está logrando.

Mis conclusiones finales:

1.- Trump está pensando en el 2024, cuando termine el primer mandato presidencial de Biden y el, tal vez, se pueda volver a presentar a las elecciones. O uno de sus hijos. Y antes, quiere dejar bien maniatado a Biden y su gobierno. Además de bien reforzada la base de sus fieles seguidores. Nada menos que unos 70 millones le votaron el 3 el noviembre y el 68 por ciento de esos piensan que hubo un fraude electoral.

2.- Aunque haya perdido las elecciones, Trump sigue contando con un enorme apoyo en su gobierno y entre los congresistas y senadores republicanos, ya sea por miedo o por devoción. La estructura gubernamental que le dejará a Biden será caótica y…con trampas. 

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