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Terror y terrorismo. La apologia

PG. Nieto.
Asesor y Profesor.
Ciencias de la Inteligencia y Seguridad Integral.
 

La sociedad hondureña observa con preocupación la confrontación que existe en la clase política a cuenta de las medidas represivas y disuasivas que el gobierno quiere poner en marcha para frenar y revertir la situación de inseguridad que soporta el país.

Hay suficientes elementos para poder intuir un escenario donde “nada es lo que parece”. Los dos sectores confrontados presentan públicamente una historia pero desarrollan otra tras bambalinas, mientras el pueblo asiste al espectáculo como convidado de piedra.

Pareciera que lo que realmente se está dilucidando es la reelección presidencial, y los elementos que van apareciendo son herramientas que utiliza el nacionalismo para elevar el perfil del candidato, mientras del lado de la oposición política que le confronta busca cualquier procedimiento para debilitar la figura del mandatario y su gestión presidencial, aunque sea empleando la política de “tierra quemada”. Les adelanto como termina la película: siempre pierde el pueblo.

Terror frente a Terrorismo. Tratemos de iluminar ambos conceptos con dos ejemplos. Primero, el conductor de una empresa de autobuses que es despedido por su jefe porque le mira borracho y en venganza por la noche y con el apoyo de un primo incendia el bus que conducía, crea terror en la sociedad pero no comete el delito de terrorismo. Segundo, el camarero de un restaurante que es despedido por el dueño por el pésimo trato que ofrece a la clientela y en respuesta incendia el local. Sin duda genera terror pero no comete el delito de terrorismo.

El terrorismo es una figura incluida por muchos países democráticos en sus legislaciones, que contempla en esencia delitos comunes agravados a su máxima expresión, con independencia que se puedan argumentar cuestiones políticas, religiosas, ideológicas, racistas, etcétera. Veamos, “a vuela pluma”, algunas condiciones para que el hecho pueda ser catalogado como delito de terrorismo:

– Realizado por una o varias personas pertenecientes a estructuras catalogadas por la ley como terroristas.

  • Esto implica que las bandas del crimen organizado y delincuenciales, maras y pandillas, carteles de la droga, etcétera, deben declararse por el Estado organizaciones terroristas, porque afectan a la Seguridad Nacional por atentar contra la vida de la población y su desarrollo armónico; debilitando áreas como: economía, inversión, empleo, institucionalidad, turismo, vida, etcétera.

– Sin cumplirse el punto anterior, no se trate de un hecho delictivo aislado sino concurriendo reiteración, con independencia del número de personas que intervengan en la comisión, siendo que los procedimientos empleados producen en personas y bienes un daño muy superior al que intrínsecamente conlleva el delito en origen.

La Apología, según la RAE: “Discurso de palabra o por escrito, en defensa o alabanza de alguien o algo”. La jurisprudencia establece que, no se trata de verter una opinión sobre prácticas delictivas o sus ejecutores, sino un posicionamiento claro en favor y defensa de estos comportamientos delictivos, para ser apología.

Artículo aprobado por el Congreso Nacional: Articulo 335-B: “Apología e Incitación de Actos de Terrorismo. Quien públicamente o a través de medios de comunicación o difusión destinados al público hiciere apología, enaltecimiento o justificación del delito de terrorismo, o quienes  hayan participado en su ejecución, o incitare a otro u otros a cometer terrorismo o financiamiento de éste, será sancionado con pena de cuatro a ocho años de prisión”

Un ejemplo para entender el texto y contexto. Un medio -prensa, radio o televisión-, publica la entrevista, de la familia de un acusado que pudiera encajar en la consideración de terrorista. Esa madre, por ejemplo, defiende la inocencia de su hijo, ataca a las estructuras policiales que han participado en la captura, arremete contra el gobierno porque a su entender se está cometiendo una injusticia. A este escenario le sumamos el medio adjunta fotografías o videos familiares del sujeto, donde muestra un perfil que no encaja con el de un delincuente (la imagen de Kevin Solórzano para que nos entendamos), y finalmente el medio, en el ejercicio de su libertad de expresión, cuestiona los procedimientos investigativos empleados por las autoridades (sigamos con Kevin)… y ahora volvamos a leer lo que se ha aprobado en el Congreso Nacional… ¡Uf! Esto es para preocuparse.

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