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Terminemos con el garrote

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Por: Otto Martin Wolf
Herramientas como las calculadoras científicas, dispositivos móviles y su  infinidad de aplicaciones desde hace tiempo forman parte de la vida diaria y deben ser permitidas corrientemente en todas las aulas de clase. (No para “chatear”, desde luego).

La tecnología vino para quedarse, es parte de nuestro diario vivir y lo será por siempre.
Desde el colegio fui un apasionado de la gramática y la ortografía, aún conservo la costumbre de buscar en el diccionario (ahora electrónico, nada de papel) aquellas palabras cuyo significado ignoro o tengo en duda.
Valió la pena el tiempo que dediqué en pulir mi idioma? Desde luego que sí. Pero era necesario,  cuando estudiante no se disponía de computadoras, la más sencilla de las cuales tiene más información de la que yo podré saber jamás.
Por tanto, aunque parezca contradictorio (y puede serlo) creo que los nuevos estudiantes no deben preocuparse por eso, ahora tienen toda clase de recursos técnicos para corregir automáticamente.
Desde luego que deben saber que existe un idioma oficial, su origen y reglas; para el resto pueden utilizar todos los increíbles recursos de los tiempos modernos.
Aquellos interesados  profundizarán por su cuenta, tal y como los que tengan vocación de químicos, físicos, matemáticos o arqueólogos. Los demás no deberían ser obligados a almacenar inútil información en su cerebro o realizar penosas y estresantes ecuaciones, nada de eso  será de utilidad en la vida.
Es lo mismo que tratar de cultivar la tierra a mano cuando existen máquinas que lo hacen mejor, más rápido y fácil, algunas de ellas sin conductor humano.
Terrible; quién sabe qué cantidad de cerebros creativos jamás se desarrollan académicamente porque no son capaces de “garrotear” el peso atómico de los elementos o  tienen dificultad para dividir quebrados, información y cálculo que pueden obtener en segundos con cualquier dispositivo electrónico.
Los “garroteros”, aquellos cuyo principal mérito estudiantil es su capacidad para memorizar de platelmintos, cucurbitáceas, símbolos y valencias, etcétera, pertenecen a la historia.
Qué se gana con almacenar a la fuerza todo eso en el cerebro si un niño de diez años puede obtener todo en segundos por medio de Internet, la mayor fuente de información de la historia.
Los cerebros del futuro no se ocuparán de almacenar datos “garroteados”, para eso existen las computadoras, tal y como los libros sustituyeron a los relatos hablados. Son auxiliares de memoria y cálculo (ilimitados por cierto).
Los cerebros del futuro deben emplear todo su potencial en la creatividad, el reto a los dogmas, la investigación, el debate y la generación de nuevas ideas, actividades necesarias  en todas las disciplinas, científicas y artísticas.
Es ahí donde los planes de estudio deben dirigir las mentes. Aquellos cuyos cerebros permanecen atados al pasado (promoviendo la memorización de datos inútiles) deben recordar que Platón dijo a Sócrates  que los libros terminarían con la memoria, facultad indispensable del ser humano.
Qué equivocado estaba! El cerebro siguió desarrollándose gracias al apoyo que recibió del almacenamiento de información en libros, igual que sucede ahora con Internet. (Paradójicamente,  el pensamiento de Platón llegó hasta nuestros tiempos precisamente por haber sido guardado en forma de libros.)
Estimulemos cerebros desafiantes, retadores, inquisitivos; impulsemos la creatividad… atrás deben quedar planes de estudio, maestros y alumnos garroteros.
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