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Sanitario MSF: con los bombardeos en Mariúpol nuestro mundo dejó de existir

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Madrid. – “Empezaron los bombardeos y nuestro mundo, tal y como lo conocíamos, dejó de existir”, escribe Sasha, miembro del personal de Médicos Sin Fronteras en Ucrania, que publicó este jueves su testimonio una semana después de que consiguiera salir de la ciudad.

Sasha nació en Maríupol, donde ha pasado toda su vida y donde continuaba trabajando para Médicos sin Fronteras hasta la semana pasada. En su testimonio para dicha organización, este sanitario refleja una situación “de terror”, en la que los habitantes mueren cada día debido a las bombas y la falta de recursos vitales, como el agua, el alimento o la atención sanitaria.

Explica que, durante los primeros días, consiguieron “donar parte de los suministros médicos restantes de Médicos sin fronteras a un servicio de urgencias en Maríupol, pero cuando se cortó la electricidad y la red telefónica ya no pudimos contactar con nuestros colegas ni realizar ningún trabajo”.

Según avanzó el conflicto armado, “los bombardeos se intensificaron cada día”, explica Sasha, por lo que sus jornadas se convirtieron en un intento “de mantenernos con vida y encontrar una salida”.

La salida de Maríupol tampoco fue sencilla para Sasha y sus compañeros, que buscaron una vía de escape durante días hasta que se les informó de que un convoy iba a salir. “Se lo dijimos a tantas personas como pudimos”, afirma Sasha, si bien se lamenta porque “no tuvimos más remedio que dejar atrás a tantos seres queridos”.

“Me duele el corazón de preocupación por mi familia. Intenté volver a entrar para sacarlos, pero no lo conseguí. No tengo noticias de ellos” explica.

Describe el viaje de regreso como “un gigantesco caos y pánico” que le hizo ser consciente “de que la situación era peor de lo que pensaba. Vimos cráteres gigantes entre los bloques de pisos, supermercados devastados, instalaciones médicas y escuelas, incluso refugios, donde las personas habían buscado un lugar seguir, destruidos”.

Sasha consiguió salir de Maríupol con algunos de sus compañeros y “por ahora” se encuentran a salvo, “pero no sabemos qué nos deparará el futuro”, confiesa. 

(ir)

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