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Quemen a las brujas!

Por: Otto Martín Wolf

Hace muchos años a quienes padecían de epilepsia se les consideraba “endemoniados”. La ignorancia hacía creer a la gente que “el demonio” se les había metido en el cuerpo.

Lo tragicómico del caso es que para “sacarle el demonio” el pobre era torturado a veces hasta la muerte… luego se comprobó que la epilepsia es un trastorno no se cura con saumerios, oraciones ni tampoco a golpes.

Esa misma religio-ignorancia costó vida y sufrimiento a varias decenas miles de seres humanos (quizá centenares de miles) cuando la “Santa Inquisición” desarrolló torturas de una increíble sofisticación, que eran aplicadas sin ninguna piedad cristiana a todos aquellos acusados de brujería, herejía o cosas parecidas.

No se sabe con exactitud cuántos fueron los perjudicados, pero si en lugar de miles tan solo una persona hubiera sufrido como consecuencia de la estupidez, supersticion y fanatismo religioso de todas maneras habria sería un acto tan deleznable como los asesinatos por cualquier otro motivo.

Quiénes eran esos brujos y herejes? Pues simplemente todos aquellos a quienes los inquisidores les ponían el ojo por cualquier motivo (a mi me hubieran mandado directo y rápido a la olla de aceite hirviente).

Cómo puede alguien acusado de brujería negarlo si le tenían montado en “el potro”, un refinado instrumento de tortura ideado con satánica esquisitez, para “sacarle la verdad” a cualquiera.

Ante el dolor terrible infringido en nombre de dios, con cuatro sicarios tirando con todas las fuerzas de manos y piernas amarradas con cadenas, quién puede negar algo?

Yo hubiera confesado cualquier cosa en el acto, aunque de nada hubier servido porque al aceptar ser brujo, la condena a muerte casi siempre era inmediata.

“Si, lo juro, yo vuelo en escobas con ayuda de gatos negros”.

La Iglesia Católica pidió perdón a las víctimas hace unos pocos años… vaya usted a decírselo a todos los torturados y asesinados.

Las cosas no han cambiado mucho en el presente ya que, aunque en menor grado la ignorancia persiste, tal y como se puede comprobar con esa pobre mujer que fue lanzada a la hoguera y quemada viva para “sacarle el demonio”, ahí nomás, en la vecina Nicaragua.

Existen religiones, aquí en Honduras -en alguna ciudad o cerca de usted- donde pastores, sacerdotes, profetas o enviados de dios, recomiendan a sus seguidores que se auto infrinjan castigos físicos para alagarlo.

En el colegio católico en donde estudié, algunos sacerdotes nos decían a nosotros (inocentes niños creyentes ) que si por casualidad una piedra entraba en nuestro zapato, que no la sacáramos y que dedicaramos ese sufrimiento a dios. Todavía me cuesta creer semejante burrada. Por cierto, jamás hice caso a tan estúpida recomendación.

Hay quienes dejan de comer varios días; son “ayunos santos o de purificación”, otros se hincan sobre granos o arena, lastimándose a veces hasta sangrar o someten a sus seres queridos a penitencias parecidas, pues seguramente a su dios le gusta que sus hijos sufran.

Aquí en nuestro país, y no necesariamente en pueblos remotos, hay quienes se auto flagelan para “agradar a dios”, tal y como lo hacen en algunas naciones de fanatismo islámico consideradas salvajes por nosotros, que se golpean la espalda con cadenas metálicas hasta sangrar y, a veces, morir.

Temo que la actitud del presidente de los USA respecto al islam es parte del preludio a una confrontación que bien puede significar una Tercera Guera Mundial, esta vez por motivos religiosos.. de nuevo moros contra cristianos!

Dijo Eistein; “hay dos cosas infinitas, el universo y la estupidez humana… y no estoy muy seguro en cuanto a lo del universo”.

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