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Primera observadora hondureña de la Santa Sede en la ONU

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Tegucigalpa – Pese a tener apenas 23 años, Rosario María Carrillos Padilla es la primera hondureña como pasante en la Misión de Observación Permanente de la Santa Sede ante las Naciones Unidas.

– Encontró inspiración en su hermana, la destacada periodista Jexana Carrillos, quien por muchos años laboró en el noticiero TN5 y actualmente destaca en la Secretaría de Finanzas.

– Con dominio perfecto del inglés, consolida el francés y el italiano. Los idiomas le han abierto un abanico de oportunidades lejos de su natal Juticalpa.

Aunque es la más pequeña de la familia Carrillos-Padilla, los que la conocen dicen que ya es grande por lo que ha logrado en tan poco tiempo. La humilde joven concedió una entrevista a Proceso Digital vía ZOOM y aunque lucía nerviosa, siempre hizo gala de su espontaneidad, talento y humildad innata.

Oriunda de Juticalpa, Olancho, vino al mundo un 12 de junio de 1999. Hija de Luis Alonso Carrillos Olivera y Rosario Esther Padilla Cáceres, es la menor de tres hermanos que completan Jexana Maresa y Bryan Ariel.

Recuerda con mucha alegría su niñez en Juticalpa, donde pasó momentos imborrables. “Cada domingo la rutina era ir a la iglesia de mañana y luego a la casa de mi abuela Rosario Margarita, nos juntábamos para almorzar todos, éramos numerosos y le doy gracias a Dios porque nunca nos faltó el amor”, rememoró.

Agradece su formación educativa en instituciones bilingües, lo que le permitió aprender el inglés como segunda lengua y aunque en aquellos momentos no sabía el impacto que eso tendría en su vida, ahora valora mucho haber adquirido esos conocimientos.

“Agradezco a mis padres por su resiliencia y esfuerzo, ya que con la educación que me pudieron dar se abrieron muchas puertas para mí. Pocos después tuve la oportunidad de aprender italiano y francés, lo que domino a nivel básico y espero alcanzar un dominio avanzado más adelante”, expresó.

Citó que la educación en primaria y secundaria ayudó a formar su carácter para enfrentar lo que ahora es su vida profesional.

Rosario caviló que las exigencias de un mundo interconectado y multicultural exigen que las personas tengan conocimientos para comunicarse en diferentes lenguas.

“Fue viendo videos en YouTube que me propuse aprender nuevos idiomas aparte del inglés; lo especial con el italiano -quizás- es algo que Dios ha puesto en mi corazón, lo digo por su cultura, la comida, me encanta la pizza, además de los helados. De Italia me seduce su cultura, los edificios, la gente, es algo que me llama de allá”, esbozó.

Repreguntada sobre la facilidad para abrirse camino que otorga la oportunidad de conocer idiomas, respondió que “es algo a considerar y valorar por la importancia de saber comunicarse, tener esa voz en otro idioma, somos personas y más en el ámbito profesional somos sociables, por lo que ocupamos tener esas habilidades para poder destacarnos y sobrevivir a los desafíos del mundo moderno”.

De 2017 a 2021 logró culminar su carrera como licenciada en Relaciones Internacionales en la Universidad Tecnológica Centroamericana (Unitec) en el campus de Tegucigalpa.

Sueño de incursionar en la ONU

Rosario María es muy devota católica y disfruta mucho su trabajo.

Antes de egresar de Unitec pudo realizar su práctica en la Oficina Residente de las Naciones Unidas en Honduras, trabajando en la coordinación de Asuntos Humanitarios, lo que a la postre le sirvió para luego aplicar a la pasantía. Es así que logra llegar a la sede de las Naciones Unidas en Nueva York.

La vivaz jovencita es la primera hondureña como pasante en la Misión de Observación Permanente de la Santa Sede ante Naciones Unidas. En diciembre acaba su pasantía, pero espera quedarse en la ciudad de los rascacielos siempre aprovechando poder aprender mucho.

“Para mí Nueva York es la ciudad de las películas. Caminar por Central Park para mí es un sueño hecho realidad. La ciudad es caótica, pero a la vez increíble, ordenada y muy ruidosa”, compartió.

Recién a inicios de septiembre de este 2022 le tocó estar en la 77 Asamblea General de la ONU, considerada una de las más importantes porque disertan jefes de Estado, ministros de Relaciones Exteriores, entre otras personalidades.

Estar en la 77 Asamblea General fue un sueño cumplido.

La entrevistada, además, participó en la Comisión Jurídica y Social de la Mujer, así como en foros de migración, que es donde se evalúa cómo los países han progresado o alcanzado las metas establecidas en el pacto mundial para la migración.

En los siete meses que lleva como pasante en el organismo mundial, recuerda como un momento grato cuando llegó por primera vez al mítico edificio de la ONU en Nueva York. “Llegar y poder escanear mi credencial, luego entrar, son momentos que no tienen precio y que quedan en la mente y el alma para siempre”, refirió.

Recuerda con mucho agrado que previo a la semana de la 77 Asamblea General, estuvo en un evento preparatorio sobre educación y tuvo la fortuna de conocer a la actriz y cantante india, Priyanka Chopra. También valora haber escuchado en vivo al presidente de Francia, Emmanuel Macron; la primera ministra de Nueva Zelanda, Jacinda Ardern; y a la presidenta de Honduras, Xiomara Castro.

Subrayó que “el discurso de la presidenta (Xiomara Castro) sugiere el gran anhelo que todos tenemos como hondureños, que queremos una patria verdaderamente libre y pacífica. Una Honduras donde podamos tener las condiciones de vida digna y tengamos garantizado el desarrollo potencial de todos los ciudadanos”.

Agregó que “también estuve en el edificio el día que el presidente de EEUU, Joe Biden, ofrecía su discurso al mundo hace unas semanas”.

Un día en su vida

Es muy metódica en sus obligaciones y cada día lo emprende con mucho optimismo.

La joven olanchana repasa un día normal en su agitada agenda. “Me levanto temprano y voy a la oficina de la Santa Sede (embajada del Vaticano), ahí nos reunimos en la capilla y comenzamos las actividades con una oración; luego tenemos reunión de grupo y nos asignan las reuniones que cubriremos durante el día que son asignaciones de 10 AM a 1 PM y de 3 PM a 6 PM”, enumeró.

Suele tomar notas de las reuniones a las que asiste, para que los diplomáticos de la misión puedan darse cuenta sobre lo que se dijo y qué pasó en los eventos.

Como buena católica atribuye a la Providencia de Dios lo que está viviendo en la Gran Manzana. “El salón de la Asamblea General es uno de mis lugares favoritos porque puedo ver a todas las delegaciones desde el asiento que tengo asignado”, apreció.

Dijo que la experiencia se la está disfrutando día a día, hora a hora, y lo aprovecha al máximo para formarse como profesional y como persona de cara a lo que la vida le tiene preparado.

Tiene priorizado concluir los estudios del idioma italiano y el francés. “Quiero llegar hasta donde Dios quiera, no me afano, sé que Él tiene el mejor plan para mí”, señaló.

En el mítico edificio de las Naciones Unidas es -por ahora- donde más feliz se siente, confesó a Proceso Digital.

Asimismo, planea obtener una beca para estudiar su maestría en alguna universidad de Europa. “Me inclino mucho por el área de la ayuda humanitaria, siento que me gustaría ayudar a las personas, poder estar de cerca con la gente, y después tratar de hacer una diferencia”, avizoró.

No descarta hacer carrera diplomática y seguir creciendo en su formación de relaciones internacionales, sin embargo, se decanta por retornar al país para aplicar lo aprendido. “Tenemos un país con mucha riqueza, con personas trabajadoras y con mucho potencial”.

Cuando no está leyendo, aprovecha para pintar retratos o caricaturas, pero en otro de los escenarios sale a correr y practica natación.

La entrevistada reflexionó que nadie es profeta en su tierra, por eso muchos -como es su caso- tienen que salir a triunfar al extranjero. “En mi caso, con la mano de Dios podré hacer algún cambio para mi país”.

La bandera cinco estrellas le retumba en el pecho.

Calificó a su familia como el mejor regalo de Dios, a quienes agradece por estar donde está. “Mando un saludo muy cariñoso a mis niños (sobrinos) Jexana José y Francisco José, que son una inspiración y un impulso para mí para ser una mejor versión como persona”.

Dijo que pasa muy al tanto de todo lo que ocurre en Honduras, porque además sus ocupaciones así lo demandan.

Para concluir la entrevista, Rosario María mandó un mensaje a los jóvenes. “Pongan todo en las manos de Dios, confíen el plan que Él tiene para sus vidas, pero también siendo perseverantes y buscando las oportunidades. Hay que ser humildes y la gratitud siempre a flor de piel”.

Así se despidió la jovencita olanchana que expresó a los cuatros vientos: “Quiero ser parte del cambio, poder dejar una huella positiva, siempre dar lo mejor para ayudar, dejando un mensaje de positivismo, de alegría y de confianza que con Dios todo es posible en la vida”. JS

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