Tegucigalpa – El presidente hondureño, Juan Hernández Alvarado, exteriorizó su júbilo y esperanza por la audiencia con el santo papa Francisco el próximo sábado 26 de abril en El Vaticano, ocasión que aprovechará para “privilegiar el diálogo entre todas las partes” como un mecanismo para construir la paz en el mundo.
 

Al gobernante lo acompañarán: su esposa Ana García de Hernández, así como una comitiva integrada por el presidente del Congreso Nacional, Mauricio Oliva; y su esposa Rina Brizzio de Oliva; el presidente de la Corte Suprema de Justicia, Jorge Rivera Avilés; y los ministros de Comunicación y Estrategia, Hilda Hernández; y de la Presidencia, Reinaldo Sánchez.

El presidente Hernández acude a la audiencia con el Sumo Pontífice en el preludio de la canonización de los papas Juan Pablo II y Juan XXIII, un momento espiritual en el cual oficiará el Cardenal Óscar Andrés Rodríguez Maradiaga, invitado por el Papa Francisco para ser parte del cuerpo eclesial que participará en la misa de consagración.

Hernández reiteró su júbilo por el especial momento de espiritualidad y hace votos porque la esperanza, el optimismo, la transparencia, la inclusión y el trabajo sean el camino para consolidar la paz y a la prosperidad de todas las familias hondureñas.

Cuando el próximo 27 de abril el papa Francisco canonice en la Plaza de San Pedro en El Vaticano a sus antecesores Juan XXIII y Juan Pablo II, el mundo estará atestiguando un acontecimiento histórico, ya que será la primera vez que se canonice en una ceremonia a dos papas.

Otro aspecto que le podría dar un matiz extraordinario al evento es que esa mañana pudieran estar presentes en la Plaza de San Pedro dos papas: Francisco y el emérito Benedicto XVI.

La fecha de la canonización fue elegida por el papa Francisco durante el consistorio celebrado junto con los cardenales. Es el primer domingo después de las celebraciones de Semana Santa, cuando la Iglesia Católica celebra la fiesta de la Divina Misericordia, una fiesta que instituyó el propio Karol Wojtyla tras hacer santa en el año 2000 a la monja polaca Faustina Kowalska, conocida como la santa Teresa de Jesús polaca.