Mitt Romney o la necesidad de renunciar a sí mismo para ganar

Washington – El exgobernador de Massachusetts Mitt Romney volvió a demostrar su incapacidad para hacerse con el voto de los más conservadores en las últimas citas electorales y reiteró su apelación al pragmatismo y caudal de dinero de su maquinaria de campaña.
 

Romney, mormón y padre de cinco hijos, perdió anoche en los caucus (asambleas populares) celebrados en Minesota y Colorado, y en las primarias de Misuri, en lo que supuso el nuevo renacer de Rick Santorum, aspirante con menores recursos pero convicciones más próximas al espíritu tradicional conservador.

Ante las derrotas, el precandidato ha insistido hoy en que no es posible imponerse en todos los estados. Su asesor Stuart Stevens afirmó que «nos gustaría ganar en todas partes, pero no podemos. Y nos hemos enfocado en los estados que son clave para cómo vemos el camino hacia la nominación».

Pero las disputadas primarias republicanas de 2012 están siendo un ejemplo de indecisión por parte de los votantes que muchos analistas consideran reflejo de la escisión abierta dentro del Partido Republicano, cuyos simpatizantes parecen sólo encontrar unidad en su oposición al actual presidente, el demócrata Barack Obama.

El Partido Republicano, cuya identidad aparece fragmentada, busca ahora su voto entre una amalgama de conservadores moderados, cristianos evangélicos renacidos, libertarios del Tea Party y votantes desencantados con Obama.

Como si de una novela de suspense por entregas se tratase, se han ido sucediendo los primeros capítulos de la selección del candidato que buscará devolver a los republicanos a la Casa Blanca, tras la derrota del senador John McCain en 2008.

Primero, en el pequeño estado del medio oeste Iowa, Romney y Santorum escenificaron una pugna que se saldó por un puñado de votos, y que otorgó la victoria final a Santorum, semanas después de celebrados los caucus.

Seguidamente, Romney arrasó en Nuevo Hamsphire, estado vecino a Massachusetts y donde el exgobernador posee una casa de veraneo.

En el tercer episodio, y cuando se esperaba que Romney sellase el final de la partida, perdió por una docena de puntos porcentuales las primarias de Carolina del Sur, ante el expresidente de la Cámara de Representantes Newt Gingrich, que irrumpió como alternativa sureña.

Sin embargo, a finales de enero y en Florida, el exgobernador de Massachusetts obtuvo una holgada victoria frente a Gingrich, mientras Santorum cayó en la popularidad, con lo que emergió como el candidato más fuerte, una imagen que se repitió en Nevada.

Aun asím su campaña, a la que ha ido sumando respaldos de lo más variado y, lo que es más importante, mayores fondos, parece incapaz de lavar su imagen distante, fría y desapasionada.

Se le sigue percibiendo como un millonario falto de autenticidad, con el que no conectan las bases conservadoras del partido más afectadas por la crisis y que se muestran escépticas con un aspirante que revela unos ingresos anuales de 20 millones de dólares.

Para seducir a un amplio espectro de votantes, Romney ha obtenido el respaldo explícito del senador y excandidato McCain, precisamente quien lo venció en las primarias de 2008; del gobernador de Puerto Rico, el hispano Luis Fortuño, o del multimillonario y magnate inmobiliario Donald Trump.

Sin embargo, el cartel de candidato «oficial» y amigo de Wall Street sigue pegado a sus espaldas por sus tiempos al frente de un fondo de inversión con los que sustentó su fortuna.

Frases desafortunadas como «no me preocupan los muy pobres», en una entrevista después de vencer en Florida, no le han ayudado precisamente a desprenderse de esa etiqueta.

Asimismo, su religión mormona, la cercanía de algunas de sus leyes como gobernador a las de Obama (promulgó una reforma del sistema de salud similar) y sus dubitativas respuestas han agujereado su popularidad.

Romney sólo brilla en las encuestas cuando se pregunta a las bases republicanas a quien consideran el candidato con más posibilidades de arrebatar la Casa Blanca a los demócratas.

Es algo que todavía se tendrá que ganar en las siguientes paradas de la caravana republicana con destino a la gran convención del partido a celebrar en agosto en Florida.

Pero para eso queda un largo camino. La próxima entrega de la trama de suspense: el 28 de febrero en Arizona y Michigan, su estado natal y donde su padre fue gobernador en la década de los 60.

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