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Más de mil hombres y 161 mujeres electas diputadas en tres décadas

Tegucigalpa – Desde el retorno formal a la democracia hace más de tres décadas, más de mil hombres han sido electos como parlamentarios ante el Congreso Nacional, en detrimento de las 161 mujeres que a lo largo de estos años han alcanzado una curul, siendo la lucha por una mayor representación de la mujer en la política, una asignatura pendiente en la cual poco a poco las mujeres políticas van ganando espacios, el más reciente, la aprobación de la paridad, alternancia e igualdad de género en la nueva ley electoral, más allá de quienes quieren verlas sólo como amas de casa y domésticas.

La lucha política de las mujeres, más allá de la mirada doméstica.

La Cámara Legislativa aprobó recientemente la paridad, alternancia e igualdad de género, en la nueva ley electoral en discusión, pero con excepciones para los niveles electivos de diputados suplentes y para las alcaldías o gobiernos municipales. La clase política no está preparada para la competencia en igualdad de oportunidades, pero el logro de las mujeres parlamentarias no ha sido una tarea fácil.

Tanto así, que más de algún dirigente político se dio a la tarea de bajar perfil al esfuerzo alcanzado en el Congreso al señalar que las mujeres no gustan activar en la política, que se cuestionan entre ellas mismas y que no siempre la solidaridad de género se da entre las féminas cuando se trata de cargos de elección popular.

La expresión fue tamizada con el reconocimiento a las mujeres en su trayectoria profesional, jefas de hogar y su participación en los diversos ámbitos de la vida, pero es claro que la clase política hondureña sigue dando a las mujeres en su participación política dosis controladas de representación.

Apenas 169 mujeres diputadas

En la nueva Ley Electoral que se debate actualmente en el hemiciclo, la paridad, alternancia e igualdad de género, donde las mujeres tendrán paridad con alternancia en el nivel electivo presidencial y en los diputados propietarios, no así en las suplencias, y en las alcaldías, el candidato a alcalde queda en libertad de decidir si quien le acompaña en la fórmula de vice alcaldía es hombre o mujer, en tanto la alternancia para las mujeres se cumplirá solo a partir de la primera regiduría.

¿Qué tienen las suplencias que sus cargos no son soltados por los hombres? En un foro televisivo, una activista de uno de los partidos tradicionales fue al grano: por medio de las suplencias algunos poderosos financian las campañas, son el conducto para el financiamiento. Dijo que iba a tener reclamos en su partido y quizá hasta sería excluida, pero habría que decir por qué se cuidan tanto los políticos con sus suplentes. Y así fue, en la ley electoral que se discute la protección se extendió a la figura de las suplencias.

La lucha de las mujeres por una representación política ha estado caracterizada por altibajos. Una investigación hecha para el Instituto Nacional Demócrata (NDI), señala que, en los más de treinta años de democracia formal hondureña, los escaños en el Parlamento para las mujeres han sido huraños: apenas 169 mujeres en relación con los 1,071 hombres que se han desempeñado como diputados en el Congreso Nacional.

La representación política de las mujeres hondureñas toma mayor auge en los años 2000 y 2004 al aprobarse leyes orientadas a abrir espacios políticos de participación, la mayor representación ha sido en los cargos de alcaldías según los diversos estudios hechos en el país, pero el Parlamento, sigue siendo la joya de la corona que se les niega a las mujeres.

De acuerdo con los datos, en las elecciones de 1997, las mujeres diputadas propietarias apenas fueron nueve, en tanto las mujeres diputadas suplentes fueron 15. Para los comicios de 2001, las diputadas propietarias fueron siete, las suplentes 21 y aparecen, por primera vez, 25 mujeres como alcaldesas.

Para el año 2005, la representación de mujeres diputadas fue de 28 propietarias y 28 suplentes y las mujeres alcaldesas fueron 27. Los espacios se abrían de a poco para las mujeres.

En el 2013, por ejemplo, las mujeres diputadas propietarias y suplentes fueron 42, pero en el 2017, ese número bajó a 27 parlamentarias, pero el poder de las mujeres en las alcaldías pasó de 21 alcaldesas (2013) a 32 en el 2017. Honduras tiene 298 municipios.

Lo que enfrentan las mujeres políticas

Esta representación, aunque significativa, sigue siendo disímil en términos de igualdad, inclusión y participación, señala el informe del NDI, al destacar que los espacios conquistados por las mujeres no han sido fáciles. Una serie de obstáculos han tenido que ser vencidos y otros siguen retando la participación política de las mujeres, entre ellos, la llamada violencia política.

Esta violencia se produce por el hecho de ser mujer y participar en el espacio público y político, y se define por las relaciones de poder que se producen, para impedirles gozar, total o parcialmente, de sus derechos políticos.

Ocurre en la vida partidaria; en la selección y nominación a las listas de puestos de elección popular; y en el ejercicio del cargo de diputación o municipal. También se ve reflejada en medios de comunicación y en las redes sociales. Buscan desincentivar a las mujeres a participar en los procesos políticos, viola su dignidad humana, socava la democracia, e impide fortalecer sociedades igualitarias y no discriminatorias.

Entre las formas más comunes de este tipo de violencia resaltan las difamaciones, presiones e intimidaciones; empujones, ocultamiento de información, acoso sexual; desprecio a opiniones y propuestas, suspensión de salarios; negación del uso de la palabra, negación de recursos para capacitación, asignación en comisiones consideradas como menos relevantes, entre otros.

Realizado por la periodista e investigadora, Lucila Funes, el trabajo sobre las mujeres y su lucha en la búsqueda de espacios y representación en la política, destaca el poder de la fuerza femenina dentro de la población total del país pues de los más de seis millones de hondureños que conforman el censo electoral, más de tres millones son mujeres.

Según datos oficiales, el treinta y dos por ciento de los hogares hondureños son sostenidos por mujeres, en las edades de 30 y 51 años. Son un potencial electoral fuerte, que enfrenta, además de la violencia política cuando decide participar en los procesos electorales, otros impedimentos como dinámicas patriarcales excluyentes a lo interno de sus partidos, discriminación, poco reconocimiento, dudas sobre su capacidad y otros estereotipos de género, además de un acceso desigual al financiamiento de sus campañas,

De ahí que su lucha por la participación debe ser vista más allá de lo doméstico, como pretenden reducir algunos líderes políticos. La agenda de género si bien no es una prioridad del actual Parlamento, ha permitido, como pocas veces, unir a las diputadas representadas en el Congreso Nacional, para empujar un derecho en común que les asiste: paridad, alternancia e igualdad de género.

También, lograron sensibilizar poco a poco a las mismas mujeres parlamentarias para hacer a un lado la “línea partidaria” y apostar por la inclusión, aunque ello afecte los intereses patriarcales a lo interno de sus partidos.

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