Maradona, “el más humano de los dioses”

Tegucigalpa – Diego Armando Maradona, “El más humano de los dioses” según lo describió Eduardo Galeano, marcó con su partida, este 25 de noviembre y envolvió al mundo del fútbol en una tristeza inmensa, parecida a la que ya ratos el astro vivía. Estaba profundamente deprimido, reportó tras su fallecimiento la prensa argentina.

“La fama lo había salvado de la miseria, pero lo hizo prisionero”, decía Galeano, el laureado escritor uruguayo nacido en Montevideo, al tiempo de destacar en el astro gaucho el conjunto de debilidades humanas: “mujeriego, tragón, borrachín, tramposo, mentiroso, fanfarrón, irresponsable. Pero los dioses no se jubilan” escribía en su libro “Cerrado por fútbol”.

En esa misma obra Galeano señala que el pecado más grande de Diego Armando era “ser el mejor” aunque, reconoce que no fue el único futbolista desobediente.

Igualmente dice Galeano, cuya escritura es tan maravillosa como la magia de Diego Armando jugando al fútbol, que “Maradona fue condenado a creerse Maradona, y obligado a ser la estrella de cada fiesta, el bebe de cada bautizo, el muerto de cada velorio. Más devastadora que la cocaína es la “exitosina”. Los análisis de orina o de sangre, no delatan esta droga”.

El día de su despedida en la Bombonera.

En “Cerrado por fútbol”, Galeano describe a Diego Armando como “el hombre que no podía vivir sin la fama que no lo dejaba vivir”.

Luego agregaba que “Maradona viene cometiendo hace años el pecado de ser el mejor, el delito de denunciar a viva voz las cosas que el poder manda a callar y el crimen a jugar con la zurda”.

Más adelante justifica: “Es verdad que estuvo metido en la cocaína, pero se dopaba en las fiestas tristes, para olvidar o ser olvidado, cuando ya estaba acorralado por la gloria y no podía vivir sin la fama que no lo dejaba vivir. Jugaba mejor que nadie a pesar de la cocaína, y no por ella”.

“Desde que la multitud gritó su nombre por primera vez, cuando él tenía diecisiete años, el peso de su propio personaje le hace crujir la espalda…este es un hombre que lleva mucho tiempo trabajando de Dios en los estadios, sometido a la tiranía del rendimiento sobrehumano, empachado de cortisona y analgésicos y ovaciones: acosado por las exigencias de sus devotos y del odio de sus ofendidos…”.

El escritor uruguayo Eduardo Galeano.

.Sudaca insolente

Igualmente Galeano retrata a Diego Armando Maradona como un símbolo de las diferencias y desigualdades, – “hace años, en España, cuando Goicoechea le pegó de atrás y sin pelota y lo dejó fuera de las canchas por varios meses, no faltaron fanáticos que llevaron en andas al culpable de este homicidio premeditado y en todo el mundo no faltaron gentes que celebraron la caída  del insolente sudaca muerto de hambre, intruso en las cumbres, charlatán estrepitoso,  fanfarrón y de mal gusto”.

La tapa del libro que retrata al Diego.

Un santo en Nápoles

Relata aquella época de gloria, excentricidades y excesos en Nápoles. “En las calles se vendían estampitas de la divinidad de pantalón corto, iluminada por el halo de la Virgen envuelta en el manto sagrado del santo que sangra, y también vendían botellitas con lágrimas de Berlusconi”.

Entonces, en la época de Maradona, hacía 70 años que el Nápoles no ganaba un campeonato hasta que Diego Armando cambió allí la historia. Por eso, dice el escrito que, en Milán odiaban al culpable de tanta afrenta, lo llamaban “jamón con rulos”. No solo en Milán: En el Mundial del 90 la mayoría del público castigaba a Maradona con furiosas silbatinas cada vez que tocaba la pelota, y la derrota argentina ante Alemania fue celebrada como una victoria italiana”.

El escándalo en Nápoles

Galeano, conocedor, estudioso y apasionado del fútbol agrega que “ya para entonces ya había quienes le echaban por la ventana muñecos de cera pinchados con alfileres. Y estalló el escándalo de la cocaína que convirtió a Maradona en Maracoca, y la televisión transmitió en directo, como si fuera un partido, el ajuste de cuentas: toda Italia vio como la policía se llevaba preso al delincuente que se había hecho pasar por héroe. El proceso que lo condenó fue el más rápido en la historia judicial de Nápoles”.

En la obra se relata cómo ocurrió lo mismo, tiempo después en Buenos Aires, “Detención en vivo y en directo para deleite de quienes disfrutaron el espectáculo del rey desnudo”. “Es un enfermo”, dijeron. “Está acabado”.

Igualmente, Galeano lo describe como el vengador de las Malvinas, mediante “un gol tramposo y otro fabuloso, que dejó a los ingleses girando como trompos por algunos años.

Su cara siempre fue afiche en barrios y zonas marginales en todo el mundo.

El incómodo Diego

Para Galeano, los periodistas no le perdonaron al astro argentino, las incómodas o “insoportables” preguntas y afirmaciones que ofrecía tan incontenible en sus declaraciones como en lo era en el campo: “el jugador, ¿es el mono del circo?, ¿por qué los jugadores no conocen las cuentas secretas de la FIFA?, ¿por qué no pueden saber cuánto dinero producen sus piernas?, ¿por qué los jugadores nunca han sido consultados por la FIFA a la hora de tomar decisiones?, ¿Por qué se alteran las reglas del fútbol sin que los jugadores puedan decir ni pío?”.

A este tenor, en los escritos de Galeano queda establecido que Maradona propició su caída de una forma infantil, le brindó al poder y a sus enemigos el plato de primera mesa. “Esa irresponsabilidad infantil que lo empuja a precipitarse en cuanta trampa se abre en su camino”, escribe en “Cerrado por Fútbol”.

La frase que inmortalizó el escritor Galeano.

Maradona se ha ido…

“Maradona se ha ido, y ya el mundial no es lo que venía siendo. Nadie se divierte y divierte tanto charlando con la pelota. Nadie da tanta alegría como este mago que baila y vuela y resuelve partidos con un pase imposible o un tiro fulminante. En el frígido fútbol de fin de siglo, se ha ido el hombre que nos demostraba que la fantasía puede también ser eficaz”.

“Nos hemos quedado todos un poquito más solos”, decía indicando el retiro del astro.

Maradona y Galeano compartían esa admiración que cada uno en su campo y espacio se dispensaban, “gracias por enseñarme a leer el fútbol”, dijo Diego Armando al conocer del fallecimiento del escritor uruguayo en 2015.

Ahora el mundo ha perdió “al menos humano de los dioses” y todos parecen sentir su partida… pero sin él, el fútbol no será igual.

PD

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