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La elección del conocido abogado Roberto Herrera Cáceres como nuevo Comisionado de los Derechos Humanos en Honduras, se produjo en medio de sinsabores de parte del conglomerado nacional,  las organizaciones de la sociedad civil y algunos diputados quienes  no vieron con agrado el nombramiento,  puesto que había una nómina de personas con las calificaciones requeridas para ocupar el cargo y que fue obviada por el Congreso Nacional al momento de la selección.

Realmente fue una burla no sólo al proceso que buscó una democratización de las elección del titular del importante cargo, sino, además,   del arduo trabajo realizado por la comisión multipartidaria de diputados  nombrados para  confeccionar la lista de los candidatos y,  asimismo, encargada de realizar las audiencias públicas para ponderar,  no sólo los conocimientos de los aspirantes sobre la materia de Derechos Humanos, sino su capacidad para ocupar tan importante posición en el engranaje gubernamental .
 
La elección fue excluyente, porque la moción sólo presentó el nombre de Herrera Cáceres, de la nómina de siete candidatos.  Se le dispensaron los debates de rigor y listo…. lo demás es parte de la larga historia parlamentaria de Honduras donde la aplanadora se impone a la razón y, sobre todo, a la selección  con toda la fuerza de expresión que tiene ese concepto en nuestro lenguaje.
 
Esa costumbre oxidada de los parlamentarios hondureños, sobre todo  de los partidos tradicionales, no le hace bien al país y a una democracia que apenas comienza a levantarse después del duro golpe que se le propinó en junio de 2009.
 
Ejemplos sobre este actuar hay muchos.
 
Hace algunos días me encontré con un prominente abogado y político del Partido Liberal que me dijo; «Mire, no se ha producido la elección y le puedo asegurar que el nuevo Comisionado ya está electo. Cuando fui diputado y se iba a elegir al Jefe de las Fuerzas Armadas nosotros presentamos una terna, pero un reconocido diputado nacionalista de aquel entonces, mocionó por el ya fallecido general Oswaldo López Arellano, los otros dos coroneles ni se mencionaron. Se le dispensaron dos debates a la moción, se aprobó y fue electo López Arellano. Similar va a suceder con el Comisionado de los Derechos Humanos y seguirá sucediendo con otros cargos importantes».
 
No se equivocó el experto político y así se dio la elección de Herrera Cáceres, pero más allá de esa elección, de la prominente carrera diplomática y académica del elegido y de sus profundos conocimientos en Derecho de Integración, Derecho del Mar y Derecho Comparado, además del respeto ganado a pulso ante la sociedad hondureña vale la pena preguntarse;  ¿por qué y para qué fue electo?
 
En primer lugar quien dude que Honduras aún presenta una cara sucia en materia de Derechos Humanos ante  la comunidad internacional está equivocado. El país sigue teniendo esa imagen de irrespeto a los derechos humanos en todas sus generaciones.
 
Simplemente veamos  cómo se agiganta la impunidad ante los crímenes que a diario se cometen en el país sobre todo contra jóvenes. Vivimos una cultura de la muerte donde son asesinados a diario más de veinte compatriotas, pero un manto de silencio y de misterio cubre esos homicidios, como tramoyas hiladas por una mano invisible y una mente maliciosa.
 
Alcemos más allá la mirada y fijémosla en los derechos económicos sociales que son de segunda generación y démonos cuenta cuántos niños realizan trabajo infantil, cuántas denuncias de corrupción comprobadas como la habida en el Instituto Nacional de Seguridad Social, IHSS, quedan soterradas después de una semana de escándalo, de repetidas consignas de mano dura a la impunidad, pero  únicamente declaradas.
 
Muy  poco, y con voces débiles,  se habla ahora de la guerra silenciosa que se  lleva a cabo en el Aguán, de los femicidios, de la  violación de los derechos financieros de los maestros. De  los niños que reciben clases  en centros escolares que se caen o de miles de hondureñitos y jóvenes a quienes se les veda la educación y las oportunidades de una vida mejor,  de los compatriotas que emigran, de las mujeres que trabajan en las maquilas sin seguridad alguna.
 
No creo que los problemas planteados vayan a ser la preocupación fundamental del abogado Herrera Cáceres, por mucho que se lo dicte su conciencia, porque  su actuar se opondría a los que hoy disfrutan del poder de su partido y que influyeron en su elección.
 
Todo indica que Herrera Cáceres fue electo para aprovechar su perfil internacional bien merecido y maquillar la imagen del país en el exterior con su habilidad diplomática, su suave hablar y su lenta pero segura capacidad de persuasión.
Él  con su habilidad puede hacer ese trabajo y al maquillar la triste realidad de los derechos fundamentales de la persona en Honduras, buscará suavizar los resquemores que aún persisten sobre la violación de los derechos humanos en el país para reactivar algunas ayudas internacionales que han sido congeladas.
 
Eso sí  es posible que sea su actuar fundamental.
 
Sin embargo en un hombre de la talla del abogado Herrera Cáceres puede prevalecer la conciencia y pararse firme ante la violación de los derechos humanos de primera y segunda generación  en el país y siendo un hombre  de leyes apegarse a la normativa para la cual fue creada la figura del Comisionado de los Derechos Humanos, que fundamentalmente es la defensa del pueblo. Esperemos.