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Los sinsabores de la navidad lejos de una madre migrante

Tegucigalpa – «Las navidades de un migrante son tristes, un ser individual no tiene navidad, nadie se siente propio en un lugar que no le pertenece y en donde tiene que estar porque lo orillan situaciones económicas», fueron las palabras de Bernardo Hernández, hijo de una hondureña que emigró a Estados Unidos hace más de una década.
 

Como Bernardo hay miles de hondureños puesto que más de un millón de catrachos se encuentran en Estados Unidos y miles en México, Canadá, España, Italia y otros países. Están lejos de su familia, de su cultura, de sus amigos. Añoran sus calles, sus ciudades y pueblos, hasta el aire hace falta en la distancia. Pero en navidad pareciera que las añoranzas se vuelen más intensas.

Testimonios de protagonistas indican que la noche buena también contiene una dosis de soledad y sentimientos encontrados para los familiares de los que se marcharon y quienes son los héroes que a la distancia, logran sacar adelante sus familias e irónicamente aceitar la economía de Honduras, un país, cuyos mandatarios, les dieron la espalda.Leer nota completa.

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