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Los militares confirman el golpe de Estado en Burkina Faso y deponen a Kaboré

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Uagadugú – Militares agrupados en el Movimiento Patriótico por la Salvaguarda y la Restauración (MPSR) confirmaron hoy que han tomado el poder en un golpe de Estado en Burkina Faso y que han depuesto al presidente, Roch Kaboré, tras dos jornadas de gran incertidumbre y confusión en este país de África occidental.

«Ante la continua degradación de la situación de seguridad que amenaza los cimientos de nuestra nación, la incapacidad manifiesta del poder de Roch Marc Christian Kaboré de unir a los burkineses para afrontar la situación con eficacia, y siguiendo las aspiraciones de los diferentes estratos sociales de la nación, el MPSR ha decidido asumir sus responsabilidades ante la historia», indicó un portavoz militar, capitán Sidsoré Kader Ouédraogo, en la televisión estatal.

Ouédraogo leyó dos comunicados firmados por el presidente del MPSR, que parece ser el nuevo hombre fuerte del país, el teniente coronel Paul-Henri Sandaogo Damiba.

Los golpistas aseguraron que la toma del poder se llevó a cabo «sin derramamiento de sangre y sin ningún tipo de violencia física sobre las personas detenidas, que se encuentran en un lugar seguro y respetando su dignidad», aunque no precisaron si entre esos arrestados se encuentra el depuesto presidente, de 64 años.

DISOLUCIÓN DEL GOBIERNO Y SUSPENSIÓN DE LA CONSTITUCIÓN

Igualmente, anunciaron la disolución del Gobierno y del Parlamento, la suspensión de la Constitución, el cierre de fronteras aéreas y terrestres y la instauración de un toque de queda desde las 21.00 hasta las 05.00 hora local (misma GMT) en todo el territorio nacional «hasta nueva orden».

Asimismo, los militares se comprometieron a proponer, «dentro de un plazo razonable, previa consulta con las fuerzas vivas de la nación, un calendario para el retorno al orden constitucional».

El anuncio de los golpistas tuvo lugar después de que este domingo Burkina Faso viviera una situación tensa tras oírse disparos desde la madrugada en varios cuarteles militares de la capital y otras localidades del país (Ouahigouya y Kaya).

El Gobierno burkinés desmintió entonces que se tratara de un golpe de Estado y los medios locales indicaron que fue un motín para exigir mejoras al Gobierno, entre ellas más medios para luchar contra el terrorismo yihadista (del que son blanco las tropas burkinesas), y la dimisión de altos cargos militares y de inteligencia, entre otros.

Pero la situación llevó al Gobierno a imponer un toque de queda nocturno la noche el domingo y el ministro de Educación anunció que los establecimientos escolares permanecerían cerrados los días 24 y 25 de enero para «preservar la seguridad de los alumnos».

Tras escucharse anoche disparos cerca de la residencia del presidente, esta mañana fuentes castrenses confirmaron su detención en un cuartel, mientras fuentes de la Gendarmería indicaron más tarde que el mandatario se encontraba «aislado» y protegido.

En medio de toda esa confusión, el propio Kaboré, que dirigía el país desde 2015, invitó hoy a los militares en su cuenta de la red social Twitter a deponer las armas y a resolver sus «contradicciones» a través del diálogo.

Poco después, el gubernamental Movimiento del Pueblo para el Progreso (MPP), denunció una «tentativa abortada de asesinato» de los militares sublevados contra Kaboré y otro ministro (sin especificar de quién se trataba) señaló que el palacio presidencial está rodeado por hombres «fuertemente armados y encapuchados».

Decenas de jóvenes, entre ellos representantes de la sociedad civil, se congregaron hoy en la céntrica Plaza de la Nación, en la capital del país para apoyar a los militares.

CONDENA DE LA UNIÓN AFRICANA Y LA CEDEAO

Por su parte, la Comunidad Económica de Estados de África Occidental (CEDEAO) y la Unión Africana (UA) mostraron hoy su «gran preocupación» por la situación, condenaron la «tentativa de golpe de Estado» e instaron a los militares a privilegiar el diálogo para resolver los problemas.

A la situación del domingo le precedió el sábado una jornada de manifestaciones no autorizadas, convocadas por grupos de la sociedad civil para expresar el gran descontento social por la inseguridad generada por la violencia yihadista y exigir la dimisión de Kaboré.

En los últimos meses, la tensión social ha crecido en Burkina Faso por la indignación tras la muerte de 53 personas (49 gendarmes y 4 civiles) en un ataque de hombres armados el pasado noviembre en el norte del país.

Además, este mismo mes las autoridades burkinesas ya habían efectuado quince detenciones (diez soldados y cinco civiles) en relación con una supuesta intentona de golpe de Estado.

El país sufre el yihadismo desde 2015 y los ataques se atribuyen a grupos aliados tanto a Al Qaeda como al Estado Islámico y han provocado, especialmente en la región norteña del Sahel, más de 1,5 millones de desplazados internos, según el Gobierno burkinés.

El golpe de Burkina Faso es el cuarto que sufre la región de África occidental, tras los dos acaecidos en el vecino Malí (agosto de 2020 y mayo de 2021), país que también padece la lacra del terrorismo yihadista; y el de Guinea-Conakri (septiembre de 2021). 

JS

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