Por Alberto García Marrder
Para Proceso Digital, La Tribuna y El País de Honduras
Si seguimos lo que pasa en Venezuela, incluido los doble terremotos, nos da la impresión que está gobernada por la presidenta provisional, Delcy Rodríguez y por su hermano, Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional. Dos ex chavistas.
Pues no, nada se mueve sin la aprobación del quien manda, Marco Rubio, Secretario de Estado de Estados Unidos y también Consejero de Seguridad y mano derecha del presidente Donald Trump.
Y ahora el diario “The New York Times” le acaba dar otro cargo “Virrey de Venezuela”, recordando los tiempos de la colonia española.
No ha sido necesario que Rubio, que habla español por su origen cubano, se traslade a Caracas. Desde Washington y por una línea telefónica segura, habla diariamente con Delcy, le da órdenes a quien hay que pagar por el reparto de los ingresos del petróleo, nuevas sanciones a los familiares y allegados del ex presidente Nicolás Maduro y hasta le dice a quién o no puede darle una entrevista.
No hay que hacerle caso a la retórica antiimperialista de Delcy, ella obedece al amo: Marco Rubio. Y piensa en su futuro y él, en el suyo.
Marco Rubio y el vice presidente, J.D. Vance, son los dos máximos aspirantes a la candidatura republicana para reemplazar a Trump.
Lo que pase finalmente en Irán va a afectar a Vance y lo de Venezuela (y pronto Cuba) a Rubio. Trump puede que se incline a favor de Rubio, pensando en el jugoso electorado republicano de Florida, donde ha sido senador por ese estado del exilio cubano.
“The New York Times”, mi periódico favorito junto al “The Wall Street Journal”, revela un episodio sorprendente después que en la noche del 3 de enero un comando hubiera capturado en Caracas al dictador Nicolás Maduro y a su esposa Cilia Flores.
Marco Rubio llamó por teléfono a Flores y le dice que tiene el dilema de escoger entre apoyar a Estados Unidos o propiciar ataques contra la infraestructura venezolana y a altos funcionarios. El diario informa que tras breves negociaciones, Delcy se rindió. Y desde entonces, hace lo que pide Washington. Aunque a regañadientes.

María Corina Machado, es otro tema de discordia.
Con el billete de avión en la mano en Panamá, esta quería estar con su gente tras los terremotos y tuvo que cancelar su viaje por indicación de Washington.
No sé las razones que Rubio tiene contra la Premio Nobel de la Paz, pero creo que su presencia en Venezuela podría ser un factor de desestabilización política. Es más popular que Delcy.
Lo que pasa entre Rubio y la Presidenta “encargada”, podría ser, según el diario neoyorquino, “un manifiesto de la era Trump, que un victorioso no tiene que respetar la soberanía o la ley internacional”.
Lo más serio sobre Cuba, lo ha hecho esta semana Trump al endurecer su política de agobio o presión sobre la isla comunista. Ha anunciado un bloqueo naval, nuevas sanciones a las empresas estatales, nuevas restricciones a su comercio exterior y hasta una amenaza de una incursión militar, como la de Venezuela.
Cuba, agobiada por la crisis de los apagones diarios, solo sabe defenderse con su retórica habitual de que “defenderemos nuestra soberanía” y “No nos rendimos”.
Eso significa una mayor represión en espera de una posible muerte del máximo líder, Raúl Castro, enfermo a sus 94 años.
Desde Washington, el “virrey de Venezuela”, Marco Rubio, espera acontecimientos en la Cuba de sus padres y falta algo parecido a una Delcy.









