Las vacaciones del presidente de EEUU, una cuestión de Estado

Washington – Si uno es el hombre más poderoso del mundo, como le ocurre al presidente de EEUU, Barack Obama, hasta sus decisiones más nimias, incluso el lugar y la duración de sus vacaciones, se convierten en una cuestión de Estado.
 

Dónde y por cuánto tiempo descanse el presidente es una decisión que siempre se sopesa cuidadosamente en la Casa Blanca, dado lo complicado de organizar cualquier tipo de desplazamiento del jefe de Estado y el eco que pueda generar entre el público.

Hay que tener en cuenta que cualquier viaje del presidente estadounidense, por corto que sea, requiere semanas de planificación del Servicio Secreto y los equipos de avance, que se desplazan mucho antes que el mandatario para preparar el terreno. Esos preparativos son aún más complicados si se trata de una visita al extranjero.

Este año, el presidente Barack Obama tiene que tener aún más cuidado si cabe, dado las dificultades internas que afronta su administración.

El vertido de petróleo en el golfo de México sigue aún pendiente de resolverse, después de más de tres meses, y en noviembre esperan unas elecciones legislativas que se presentan muy complicadas para el Partido Demócrata que lidera Obama.

Por ello, el presidente estadounidense no acompañará a su esposa, Michelle, y a su hija Sasha cuando ambas viajen la semana próxima a España, aunque en un principio medios de ese país habían asegurado que el mandatario también se desplazaría.

Obama ya ha tenido que limitar al mínimo imprescindible sus salidas al exterior este año.

Tan sólo ha viajado en tres ocasiones: a Afganistán para visitar a las tropas de EEUU, a la República Checa para firmar un tratado de desarme nuclear con Rusia y a Canadá para participar en las cumbres del G8 y el G20.

Incluso se ha visto obligado a cancelar en dos ocasiones un viaje oficial a Indonesia y Australia, en marzo debido a la reforma sanitaria y en junio a causa del derrame de petróleo.

No es casualidad que la Casa Blanca haya anunciado para el 14 de agosto un viaje del presidente y su familia a la costa del golfo de México en Florida, donde pasarán ese fin de semana.

La familia presidencial aprovechará para descansar, pero al mismo tiempo promoverá el mensaje de las bondades turísticas del área, perjudicada económicamente por la marea negra.

Hace diez días, cuando Obama se desplazó con su familia al parque nacional de Acadia, en Maine, para pasar el fin de semana, recibió críticas por parte de algunos sectores por haber elegido esa zona del noreste de EEUU y no el área afectada por el vertido de petróleo.

Además, el presidente estadounidense, su esposa, Michelle, y sus dos hijas -Malia y Sasha, de doce y nueve años- pasarán diez días, como el año pasado, en la exclusiva isla de Martha’s Vineyard, frente a las costas de Massachusetts.

Al anunciar estas vacaciones la semana pasada, la Casa Blanca tuvo buen cuidado en subrayar que ese periodo de descanso se tomaba «después de un julio muy ocupado y productivo».

Porque en un país donde el americano medio no tiene más de dos semanas de vacaciones al año, y que aún mantiene abiertas dos guerras, tomarse muchos días de reposo también puede generar críticas.

Así lo pudo comprobar el presidente George W. Bush, a quien le llovieron las críticas por su costumbre de abandonar Washington durante agosto para pasar varias semanas en su rancho en Crawford (Texas).

Eso aunque el concepto de reposo durante unas vacaciones presidenciales es relativo, como vivió el propio Obama el año pasado cuando durante su estancia en Martha’s Vineyard nombró para un nuevo mandato al presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke.

O cuando las pasadas Navidades, mientras descansaba en Hawai junto a su familia, se frustró el intento de un pasajero nigeriano de hacer estallar un explosivo que ocultaba en su ropa interior dentro de un avión que se aproximaba a Detroit.

En agosto, antes de tomarse vacaciones, el calendario del presidente estadounidense ya se perfila bastante ocupado. La primera semana tiene previsto desplazarse a una planta de la automovilística Ford y asistir a un foro en Washington, entre los días 3 y 5, con jóvenes líderes africanos para conmemorar el 50 aniversario de 17 países subsaharianos.

Si el derrame de petróleo continúa, o si surgen otros imprevistos, el presidente estadounidense tendrá que trabajar aún más antes de poder tomarse un descanso.

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