Alberto García Marrder, desde Madrid
Especial para Proceso Digital, La Tribuna y El País de Honduras
El “Lehendakari” (Presidente del gobierno regional vasco), Imanol Pradales, le ha pedido (“exigido) al Jefe del Gobierno español, Pedro Sánchez, prestado el cuadro “Guernica” de Pablo Picasso, para exhibirlo en el museo Guggenheim de Bilbao.
El motivo de los vascos es el 90 aniversario del bombardeo aéreo alemán e italiano nazi sobre la población vasca Guernica en 1937, que causó la muerte de unas 2,000 personas o tal vez menos, en plena guerra civil española. Entonces, Hitler apoyaba el levantamiento de Francisco Franco.
(Guernika, en el norte de España, es ahora una población reconstruida con 17,000 habitantes, sin desempleo y con un 75% de hablantes de euskera, el idioma vasco).
Sánchez, basándose en informes de técnicos de conservación de que el lienzo de Picasso estaba en malas condiciones, dijo que no a la petición del presidente del gobierno regional vasco.

También hubo una negativa del ministro de Cultura, Ernest Urtasum, teniendo en cuenta que el cuadro había quedado muy mal tras ser exhibido ya en once países. Una de las condiciones de Picasso para ser exhibido en España, era que Franco estuviera muerto. (Murió en 1975).
El asunto se va a politizar y los vascos seguirán insistiendo. Quieren al Guernika por nueve meses. Y creo que le ganarán el pulso a Sánchez. Lo explico porque lo pienso.
La permanencia de Sánchez en el poder depende de los votos favorables de los separatistas vascos y catalanes en el congreso. Y estos, muy astutos, saben cómo sacar rédito a ese apoyo.
Y Sánchez, por ahora cuenta con cinco votos del conservador Partido Nacionalista Vasco (PNV) y seis del radical Bildú Batasuna, la rama política de la organización terrorista vasca ETA. Once en total y que junto al Partido Popular de centro-derecha PP, podrían hacer caer al Partido Socialista de izquierda de Sánchez.
Últimamente, Sánchez- para mantener contentos a los vascos – ha accedido a darles varias concesiones, como reducir las penas de cárcel a varios presos de ETA y que se hable más el euskera, en perjuicio del idioma español.
Y Sánchez, ante ese ultimátum vasco, podría acceder finalmente, con tal de mantenerse en el poder y sin importarle las críticas que tendrá.
Para el gobierno regional vasco, la presencia del Guernika en Bilbao, aunque sea en préstamo por unos meses, es vital, porque lo consideran como una “reparación histórica simbólica”.
Pero resulta que todos están equivocados: el gigantesco lienzo de Picasso, pintado en París en 1937, no tiene nada que ver con el ataque alemán a Guernika en el mismo año.

El pintor malagueño pintó ese lienzo en honor de su amigo Ignacio Sánchez Mejía, torero español muerto por un toro en 1934. Después visto lo sucedido en Guernika, lo hizo pasar como una protesta por el ataque y hasta le cobró 200,000 francos franceses al gobierno de la Segunda República. Picasso, tan comunista y mujeriego (tres mujeres para llorarle), murió en 1973 a los 91 años, sin destapar el misterio.
Antes que se lo lleven a Bilbao-si es que hay permiso- he ido por segunda vez al Museo Reina Sofía (muy cerca de la Estación Atocha) para ver su joya, como miles de turistas hacen: el “Guernica” de Picasso.
Y viéndolo de cerca se puede constatar que es un cuadro llorando la tragedia taurina. Y nada de aviones alemanes e italianos atacando una población vasca.
Un mal entendido que ha perdurado muchos años y que a nadie, mucho menos a los políticos vascos, les interesa aclarar.










