¿La hora de la igualdad?

Por:Julio Raudales
Existen tres tareas fundamentales que un gobierno responsable y sabio debe realizar para asegurar el bienestar de sus ciudadanos y justificar de esta manera su razón de ser ante una sociedad que cuestiona su accionar de manera cada vez más estricta: 1) Asegurar la eficiencia de los mercados ante sus posibles fallas; 2) Definir políticas que prevengan y ayuden a contener los problemas causados por la inestabilidad del ciclo económico, es decir, cuando hay desempleo o inflación; y 3) mejorar la equidad social mediante la redistribución de los ingresos, es decir, actuar como el Robin Hood de la economía quitando a los “ricos” para dar a los “pobres”.

Voy a referirme a esto último ya que la desigualdad en los ingresos pareciera ser uno de los problemas que con mayor persistencia afecta nuestra convivencia.  
En esta era post moderna existe consenso en que la mejor forma de buscar la igualdad social es la administración adecuada del sistema tributario y el uso de los recursos provenientes de estos impuestos en proyectos de inversión eficaces, es decir, un gasto que beneficie principalmente a los segmentos más vulnerables de la población. Atrás quedaron las opciones de buscaban la equidad a través de la confiscación y expropiación de bienes, es claro que el respeto a la propiedad privada es tan importante para la convivencia como la igualdad.
Pero ¿Están siendo eficientes los gobiernos en la solución del problema de la inequidad? Parece que no. Aunque hay evidencia clara de que la desigualdad entre las personas ha disminuido durante los últimos 100 años en el mundo, pareciera que la misma deriva mas del progreso tecnológico que de la acción clara de la política fiscal. En efecto, salvo el caso de los países de Europa Occidental, las acciones gubernamentales han hecho muy poco para equiparar la calidad de vida de los ciudadanos y ciudadanas del mundo, veamos algunas pruebas:
En Latinoamérica por ejemplo, un reciente estudio de la CEPAL revela que nuestra región continúa siendo la más desigual del mundo. Pese al boom experimentado en los últimos 20 años por el incremento al precio del petróleo y otros bienes primarios producidos por los latinoamericanos, las inequidades persisten y no parecen revertirse. ¿Qué está pasando? ¿Se están haciendo bien las cosas? ¿O es necesario cambiar de paradigma?
Cuando uno observa las cifras a priori, puede llegar a la conclusión facilista de que hay un problema en la estructura tributaria de la mayoría de los países del subcontinente. ¿Por qué? Porque a diferencia de Europa y Estados Unidos, los latinoamericanos han optado por un esquema que privilegia la captura de impuestos indirectos (impuesto sobre ventas, producción o IVA), por sobre los directos (impuesto a la renta o la riqueza) ¿Será que los países en los que se grava principalmente con impuesto a la renta tendrán por defecto un esquema tributario más eficaz en lo referente a su efecto distributivo? La respuesta no es clara.
Y quiero ser enfático al respecto ya que he escuchado bastantes aseveraciones bastante frívolas por parte de muchos de mis colegas: el hecho de que la estructura tributaria de un país privilegie los impuestos directos no garantiza per sé un cambio en la equidad tributaria. Simplemente no hay evidencia determinante al respecto y quienes estudiamos el tema debemos ser rigurosos para evitar inducir a los políticos a  cometer más errores.
  
Lo que es evidente es que nuestras sociedades deben apostar por una política fiscal que garantice una mayor igualdad, esto requiere de dos requisitos: El primero es garantizar que los impuestos beneficien a los contribuyentes mediante obras tangibles ya que esto les alentará a pagar con mayor voluntad. En otras palabras, creo que no es con amenazas ni garrotes que se generan incentivos, sino mostrando que pagar realmente nos beneficia a todos. El otro requisito es asegurar que los impuestos son cobrados a cada quien conforme a su capacidad de pago, esto es, asegurar que quienes tienen más paguen más; pero si el gobierno comienza a otorgar privilegios a algunos mediante exoneraciones, arguyendo tal o cual beneficio social, entonces esa inequidad tenderá a profundizarse. Todos y todas tendremos un argumento para que el gobierno nos exonere del pago, por tanto no debe haber ninguna excusa para liberar a nadie de su responsabilidad.
Una noticia triste es que el estudio de la CEPAL que cité más arriba, revela que el sistema tributario hondureño es el más ineficiente de Latinoamérica y uno de los peores del mundo. Creo que vale la pena profundizar en el Por qué y de inmediato hacer un esfuerzo serio por revertir la situación. Hablaré de esto más adelante.

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