La escuela y el trabajo infantil

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En ocasión de celebrarse en septiembre el día del niño y la niña hondureño(a), es importante reivindicar el derecho a la educación que compite o se reduce cuando infantes participan en actividades laborales infantiles en lugar de acudir a un centro educativo.

Se estima que en Honduras más de 200 mil niños y niñas están ligados al trabajo infantil en sus diversas expresiones. Esta cifra equivale al 20% de la población escolar que actualmente acude a las aulas diariamente durante 2014.

Independientemente de las razones por las cuales los niños y las niñas participan de actividades laborales infantiles, el llamado es urgente para cumplir con el derecho de los mismos a estar en las aulas, además de coincidir sus edades con los niveles educativos correspondientes.

Honduras es firmante de tratados internacionales que condenan el trabajo infantil y las formas asociadas. Por ello el sistema educativo debe promover la inclusión de los infantes en las escuelas y la condena a los que toleran o promueven el trabajo de los mismos.

El calendario escolar desarrollado de febrero a noviembre tiene diferentes expresiones de discontinuidad en rendimiento y asistencia a la escuela de miles de niños y niñas. El último tramo del año lectivo comprendido entre septiembre y noviembre es cuando se vuelve más visible este fenómeno.

Si bien la participación de los niños y niñas en el trabajo infantil es permanente y diverso en cuanto a las actividades que se realizan, la actividad productiva que más atrae a los menores incluyendo familias completas es la recolección del café. Las zonas más afectadas se localizan en el occidente y oriente del país. Niños y niñas con resultados satisfactorios durante los primeros tramos del año escolar abandonan la escuela para acompañar a los padres y madres de familia para las llamadas cortas de café, con altas probabilidades de no regresar a la escuela.

Si bien algunas actividades productivas como el cultivo del melón, la palma africana y la caña de azúcar han logrado certificar sus campos libres del trabajo infantil, hay otros sectores agroindustriales de pequeña y gran escala que aún no lo consiguen. No es justo supeditar o respaldar una actividad productiva en detrimento de la educación de los menores.

Cualquier ingreso que una familia obtenga a partir del trabajo infantil no será suficiente para pagar en el futuro la falta de educación o formación para la vida que los menores dejen de obtener. La escuela siempre será el mejor y único camino que deben transitar los menores con el apoyo de sus padres, bajo la garantía del Estado y las instituciones que velan por el cumplimiento del derecho primario a la educación.

Que septiembre sea referente para combatir el trabajo infantil, invocar el derecho a la educación y eliminar la tolerancia de los sectores productivos a la explotación de los menores. Se espera que otros sectores productivos se sumen a los ya mencionados y que puedan levantar con orgullo y energía la bandera en contra del trabajo infantil, certificando sus empresas y explotaciones productivas y de esa manera recuperar la dignidad de los más vulnerables.

FELICIDADES NIÑOS Y NIÑAS DE HONDURAS

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