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Juan Carlos, el productor de camote rojo más próspero del valle de Jamastrán

Chirinas (El Paraíso) – Juan Carlos Gonzales es un productor de camote rojo de la zona orienta del país que expuso sus dificultades en este sector para prosperar y convertirse en uno de los más triunfantes del valle de Jamastrán.

“Hemos tenido que sortear muchos obstáculos, al principio nada fue fácil, no teníamos un mercado seguro para el camote, no teníamos mucha relación con el mercado formal, le vendíamos a exportadoras pero no había un control de compras, a veces nos agarraban el producto y otras veces no, la producción apenas llegaba a 1,000 libras por semana”, recordó el productor.

El camote rojo o papa dulce, es una verdura exquisita, rica en vitamina A, B6, potasio, magnesio y calcio.

Entre los pobladores es común la creencia que su consumo ayuda al sistema inmunológico y a reducir el riesgo de enfermedades cardíacas y cáncer.

Meses atrás, Juan Carlos Gonzales y su esposa instalaron una casa malla para reproducción de estolones de camote y lograr la reproducción vegetativa sin semillas.

Esta técnica de agricultura expande rápidamente las plantas por las parcelas permitiendo multiplicar la producción, al grado que pasaron de 1,000 a 8,000 libras semanales producidas.

Además, recordó que en su crecimiento fue clave el sistema de bombeo que obtuvo a través del proyecto Plantando Esperanza impulsado por la empresa Walmart Centroamérica y la organización World Visión Honduras.

A través de este programa, 10 productores de los departamentos de El Paraíso, Intibucá y Ocotepeque, recibieron apoyo en la construcción de infraestructura productiva y asistencia técnica para garantizar la implementación de buenas prácticas agrícolas en las parcelas.

Tierra Fértil

El programa Tierra Fértil, que impulsa Walmart Centroamérica desde el año 2004, tiene como objetivo insertar a los agricultores a un mercado seguro y obtener precios justos por sus productos de calidad.

El productor comentó que antes de 2011, vendía mil libras de camote en el mercado informal, donde “a veces me pagaban bien, otras mal y a veces ni siquiera nos agarraban el producto”.

A su juicio, la formalización de su negocio y buscar un mercado seguro que garantice precios justos para sus productos, fue clave para su crecimiento.

“Antes yo alquilaba las parcelas para producir, hoy somos dueños de nuestras propias áreas de cultivo; antes solo tenía un par de empleados, hoy tenemos 8 trabajadores permanentes y aumentamos a 12 en la temporada de cosecha que se da entre diciembre y marzo”, afirmó.

Enfatizó que este crecimiento se ha reflejado en la calidad de vida de sus familiares.

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