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Innovaciones técnicas favorecen la protección de los insectos, según estudio

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Berlín – Biólogos alemanes de las universidades de Hohenheim y Tübingen han confirmado que nuevas tecnologías de siega permiten una mayor protección de la biodiversidad en la agricultura y en la jardinería al evitar eliminar parte de los invertebrados, especialmente en los pastizales.

Esta es la conclusión de un estudio publicado recientemente en el Journal of Applied Entomology en el que los investigadores examinaron la eficacia de un cabezal de corte en pendiente.

Se trata de un dispositivo de la empresa MULAG Fahrzeugwerk, especialmente diseñado para proteger a los insectos, en el acondicionamiento de los arcenes junto a las carreteras y lo compararon con los efectos de las tecnologías tradicionales de siega en la proliferación de invertebrados.

Los biólogos comprobaron que las técnicas de siega convencionales matan a entre el 29 y el 87 % de los insectos y arañas, pero que, con los cabezales respetuosos con los insectos, la pérdida se reduce y deja de ser detectable para cuatro de los ocho grupos de insectos y para las arañas.

En opinión de Johannes Steidle, biólogo de la Universidad de Hohenheim y director del Centro de Competencia para la Biodiversidad y la Taxonomía Integrativa de la Universidad de Hohenheim, esto demuestra que «las inversiones en tecnología innovadora tienen un gran potencial para reducir eficazmente el declive de los insectos en los pastizales».

Las máquinas segadoras modernas son muy eficientes, señala el estudio, pero su uso mata a una proporción significativa de insectos y es un factor crítico en el declive de las especies de estos animales en Europa y en todo el mundo.

La agricultura industrializada se considera uno de los factores más importantes de la mortalidad de los insectos y de la extinción de especies en las últimas décadas. Los grandes monocultivos, en particular, provocan una pérdida de hábitats y de diversidad estructural.

Pero la disminución de los espacios verdes y la siega frecuente también contribuyen a la pérdida de biodiversidad, según los expertos, lo que pone en peligro el funcionamiento de los ecosistemas.

«La siega es problemática en dos aspectos», explica Steidle: «por un lado, reduce la calidad de los hábitats para los insectos porque, por ejemplo, no se desarrollan las plantas con flor. En los espacios verdes municipales y a lo largo de los bordes de las carreteras, los recortes que quedan en las superficies también provocan un exceso de nutrientes».

«Por otro lado, una gran parte de los insectos también mueren por el propio proceso de siega», añade. AG

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