Iglesia cierra filas a favor de los migrantes

Tegucigalpa – La crisis migratoria que vive Estados Unidos a consecuencia de la oleada de menores migrantes solos o acompañados, ha venido a resaltar la labor silenciosa que desde hace décadas realiza la Iglesia Católica y sus organismos de asistencia, quienes una vez más han cerrado filas a favor de estas personas al reclamar un trato digno y no ser tratados como criminales.
 

El primero en hacerlo fue el Papa Francisco, en una misiva enviada hace más de seis días en un encuentro realizado en México. Allí el Papa dijo: “quisiera llamar la atención sobre las decenas de miles de niños que emigran solos sin acompañantes para escapar de la pobreza y de la violencia (…); tal emergencia humanitaria reclama como primera medida de urgencia proteger y acoger debidamente a estos menores”.

El encuentro fue organizado por el gobierno de México y el Vaticano con líderes religiosos y expertos para abordar el problema de la crisis migratoria que está asolando a Centroamérica y México, donde cientos de menores cruzan la frontera en búsqueda del sueño americano, pero ya la administración del presidente de Estados Unidos, Barack Obama, ha sido claro en que “no son bienvenidos”.

En su mensaje, el Papa Francisco se refirió a la violación de derechos que padecen los migrantes y destacó los peligros que afrontan los menores que viajan sin acompañantes, “que cada día son más”.
“Cruzan la frontera con los Estados Unidos en condiciones extremas y persiguiendo una esperanza que la mayor parte de las veces resulta vana”, señaló el Papa en su carta leída en el encuentro.

Un derecho humano

En este cierre filas por el derecho humano que tienen las personas a emigrar, la iglesia incluso ha sido fuerte al indicar que no concibe como se pueden cerrar las fronteras con muros y vallas a las personas, mientras se abren con amplias libertades al comercio.

La iglesia también ha cuestionado la criminalización que se está haciendo de las personas que se suman a la ruta del migrante, estigmatizándoles y tratándoles como si fuesen delincuentes.

Fuerte en este sentido, fue el cardenal hondureño, Óscar Andrés Rodríguez Maradiaga, en la Conferencia Nacional de Migración celebrada en Washington el 7 de julio en la Conferencia Episcopal de Estados Unidos.

Rodríguez comenzó indicando que en la recién pasada copa mundial de fútbol en Brasil, dos tercios de los jugadores del mundial eran inmigrantes.

¿No es increíble? No sólo por el número de inmigrantes que juegan, sino porque ellos representan una historia positiva de la inmigración en la prensa, dijo el también presidente de Caritas Internacional, uno de los organismos religiosos que más ayuda a los migrantes en su peregrinaje, junto a otras denominaciones del catolicismo.

En el hemisferio occidental, dijo, el papel de la iglesia como defensora de los migrantes y los refugiados es más importante que nunca, ya que los que se desplazan siguen siendo objeto de abusos, la explotación y la violencia.

“Recientemente hemos visto las tendencias migratorias perturbadoras que causan grave preocupación y requieren una acción correctiva, como inmigrantes -incluso niños- se están convirtiendo en víctimas de los traficantes de drogas y los carteles, los anillos de la trata de personas, agentes del orden corruptos y el aumento de la violencia de las pandillas”, dijo el cardenal.

No son criminales: Rodríguez

Citando estadísticas proporcionadas por las organizaciones católicas que laboran en la zona, denunció que “hay niños aquí en los Estados Unidos que están encerrados en las celdas porque cruzan la frontera desde México sin documentos”.

“Nuestros colegas en el informe de Arizona señalan que estos niños -junto con las mujeres embarazadas- a veces duermen en pisos de concreto.

Los mayores de seis años de edad son separados de sus padres.

Si alguno de estos jóvenes cumple los 18 años durante su detención, son esposados en la mañana de su cumpleaños y deportados de vuelta a casa”, agregó.

¿Se imagina si usted comienza su vida adulta siendo tratado como un criminal? ¿A dónde ir desde allí? Probablemente no será por el camino que le llevará a cumplir sus sueños y aspiraciones, adelantó.

“Muchos de estos niños son de mi país, Honduras. Huyen de bandas que los quieren inducir a una vida donde seguramente moriría de muerte violenta a una edad temprana.

Es como si alguien ha desgarrado una arteria en Honduras y otros países centroamericanos.

El miedo, la pobreza y sin futuro significa que estamos perdiendo nuestra alma -nuestros jóvenes- Si esto continúa sucediendo, los corazones de nuestras naciones dejarán de latir”, advirtió.

Según el gobierno de Estados Unidos, unos 47 mil menores han sido capturados por sus patrullas fronterizas y ubicados en albergues, a la espera de ser deportados.

José Miguel Insulza, secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), dijo en una conferencia internacional sobre migración, niñez y familia, que se realizó en Tegucigalpa, a iniciativa del gobierno de Honduras, que en el año 2011, los menores migrantes no acompañados de Centroamérica que buscaban ingresar a Estados Unidos fueron 4 mil 059 menores.

No obstante, esa cifra aumentó a 21 mil 537 en el 2013 y a 47 mil 017 en lo que va del 2014.

“Esa gran cantidad de niños son de México, Guatemala, Honduras y El Salvador. Se ha identificado que el 29 por ciento de esa cifra es de niños de Honduras, un 23 por ciento de México, y un 24 por ciento de Guatemala y El Salvador”, dijo Insulza al disertar sobre la problemática y hacer un llamado a su no criminalización.

Zonas expulsoras de menores

En el evento se afirmó que en el caso de Guatemala, la migración está dominada por la situación de pobreza, mientras que en El Salvador y Honduras, la gente huye por la inseguridad y la violencia.

De nueve menores migrantes no acompañados que cruzan la frontera de Estados Unidos, siete son hondureños que proceden de localidades denominadas como “territorios calientes” de la inseguridad y violencia, aseveró en su intervención en el encuentro en Tegucigalpa, el presidente Juan Orlando Hernández.

De acuerdo a esos datos, en El Salvador las zonas de donde proviene el mayor número de menores migrantes son Usulután, San Miguel, Morazán y San Salvador, mientras que en Guatemala destacan Ciudad Guatemala, San Marcos de Guatemala, Huehuetenango y Quezaltenango.

En Honduras, las zonas de donde más huyen los jóvenes y los menores son de ciudades como San Pedro Sula, El Progreso, Puerto Cortés, Olanchito, Yoro (en el norte); La Ceiba, Tocoa, Tela (en el litoral atlántico), Juticalpa y Catacamas (nororiente); Tegucigalpa y Comayagua (centro), Choluteca (sur) y Santa Rosa de Copán (occidente).

En medio de esta tragedia humana, la mano de la iglesia ha estado presente atendiendo a los migrantes, haciendo como dicen sus actores un acompañamiento en su peregrinar.

“Estamos allí para ellos cuando nos necesitan. Al igual que Jesús camina con los discípulos en el camino de Emaús, caminamos codo a codo con la gente en sus momentos de duda y sufrimiento”, dijo el cardenal Rodríguez.

Y es quizá la religiosa Sor Valdette Willeman, uno de los mayores ejemplos de ese acompañamiento. En la conferencia realizada en Tegucigalpa, ello dijo que todos los días le pedía a Dios que no la acostumbrara a ver a los migrantes con los mismos ojos, porque cada uno de ellos, tiene una historia y cada historia es distinta.

Desde el Centro de Atención al Migrante Retornado (CAMR), ella junto a las hermanas religiosas que ayudan a los compatriotas retornados, hacen una labor silenciosa de acompañamiento y fe, una labor en la cual hacen sentir al migrante retornado esa prédica de la iglesia de dar la bienvenida a casa, de ofrecer una taza de café o sencillamente un abrazo solidario con una infinita capacidad de escucha.

La iglesia clama por la reunificación familiar, así como por un replanteamiento de las políticas migratorias y la capacidad de los países por abordar el tema de los migrantes desde políticas de inclusión y participación social más efectivas, coherentes y claras.

La iglesia por ahora tiende su mano al migrante y le es difícil imaginar, según expresó el cardenal Rodríguez, que en pleno siglo XXI, se busque criminalizar a los migrantes, porque ellos, sostuvo, son personas de enorme valor que en estos momentos requieren de un espíritu de profunda solidaridad y compasión, como buenos samaritanos.

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