Miami, (EEUU).- Tras su muerte, Gabriel García Márquez ha sido elogiado en el mundo entero como el novelista en lengua castellana más importante del siglo veinte. Pero también criticado por su estrecha amistad con Fidel Castro y su defensa a ultranza de la revolución cubana.
 

En Miami, cuna del exilio cubano, el Premio Nobel de Literatura no tenía muchas simpatías, a pesar que intercedió ante su amigo para que liberara a presos políticos cubanos y escritores disidentes.

En una columna que publica el diario “El Nuevo Herald” de Miami, Jorge Ramos, el presentador estrella del noticiero de la cadena Univisión , recuerda un desayuno que tuvo en Los Cabos (México) con García Márquez, previo a un homenaje que le iban hacer al escritor y periodista colombiano.

“No entiendo su amistad y apoyo a Fidel Castro”, escribe Ramos que le dijo al laureado escritor, pero que antes que este contestara, su esposa, Mercedes Barcha, que también estaba en la mesa, contestó por los dos:

“Lo conocemos hace mucho tiempo, es nuestro amigo y ya es muy tarde para cambiar”, dijo ella.

García Márquez y Castro se conocieron en enero de 1959 en La Habana a pocos días del derrocamiento del dictador Fulgencio Batista y la amistad comenzó meses después cuando el joven periodista colombiano empezó a trabajar para la agencia de noticias cubana “Prensa Latina”.

Empezó entonces lo que muchos medios han calificado como “la fascinación y admiración de García Márquez por el poder”. Estaba convencido de que el carismático líder cubano era diferente a los caudillos y dictadores latinoamericanos . Y pensaba que solo a través de él, esa revolución, podría cosechar frutos en el resto de los países latinoamericanos.

El historiador británico Gerald Martin, quien ha publicado su única biografía autorizada, escribió que García Márquez siempre ha querido ser siempre un testigo del poder y que muchos consideran como “excesiva” su proximidad al líder cubano.

Después que se le concediera el Premio Nobel de Literatura en 1982, especialmente por su magistral novela “Cien Años de Soledad”, la amistad entre Castro y el escritor colombiano se incrementó.

El escritor hasta tenía de forma permanente una vivienda de lujo puesta a su disposición por el gobierno cubano en La Habana. Castro aparecía a veces en la noche, sin avisar, y los dos conversaban toda la madrugada, de política y literatura.

Todavía resuenan los comentarios del peruano Mario Vargas Llosa, otro Premio Nobel de Literatura, cuando en 2003, calificó a García Márquez de “cortesano” de Fidel Castro y lo acusó de “acomodarse” frente a las violaciones de los derechos humanos en Cuba.

García Márquez aprovechó la amistad con Castro para interceder por la libertad de varios presos políticos, entre ellos el disidente sindicalista Reino González, condenado a 30 años de cárcel por razones políticas y por escritores y poetas, como Raúl Rivero.

El escritor cubano Carlos Alberto Montaner, en una columna que publica en “El Nuevo Herald”, revela que la última vez que vio a García Márquez le pidió que intercediera ante Castro a favor de un escritor cubano a quien no le permitían salir de la isla y que se había declarado, en protesta, en huelga de hambre en La Habana.

“Al día siguiente me llamó y contó: “Dice “El Grande” que lo dejará salir, pero que me arrepentiré porque me morderá la mano”. García Márquez lo llevó personalmente a México en un avión del gobierno mexicano y Montaner recuerda que fechas después, “en efecto, el escritor atacó a Gabo”.
Aunque Montaner no revela el nombre del escritor , en Miami se sabe que se refería a Norberto Fuentes, muy vinculado a la élite cubana y mimado por los hermanos Castro hasta que cayó en desgracia.

En su exilio en Miami, Fuentes escribió “Dulces Guerreros Cubanos”, donde revela algunos aspectos que no le habrán gustado a García Márquez . Escribe que, inicialmente, Castro encargó a Max Marambio, ex jefe del GAO, Guardia Personal de Salvador Allende en Chile y ahora mayor del Ministerio del Interior cubano, el “primer escalón de vigilancia” el escritor colombiano y que su misión principal era de informar sobre asuntos de “implicaciónes eróticas” del Premio Nobel.

“Yo he estado muchas veces con Fidel y Gabo y puedo dar fe de que el escritor siente una sincera lealtad por el Comandante. Quizás en un hipotético momento en que desfallezca esa admiración por Castro, sean útiles para el régimen ese almacén de fotografías de información de tipo sexual”, escribió Fuentes.

Fuentes revela también en su libro que Castro le asignó a García Márquez dos misiones diplomáticas que no le podía pedir a sus propios embajadores en Madrid y Ciudad de Panamá : decirles a los dirigentes de esos dos países que eran unos “maricones”.

En Madrid, García Márquez fue desde el aeropuerto Barajas directamente al Palacio de la Moncloa para ver al Presidente del Gobierno Español de entonces , Felipe González, con este mensaje, según Fuentes:

“Oye Felipe, Fidel te manda a decir que eres un maricón”, le dijo el escritor colombiano a un atónito presidente. Castro estaba molesto con el líder socialista porque, según el, se metía en asuntos internos cubanos al pedir la liberación de presos políticos.

En Panamá, García Márquez, según Fuentes, hace de mensajero de un altanero Fidel Castro y se presenta ante el líder panameño Omar Torrijos, con quien también tenía problemas, y le dice, sin tutearlo: “ Oiga general, dice el Comandante que usted es un maricón”.

Ricardo Pûerta, un sociólogo cubano residente en Honduras, piensa que como contrario al castrismo, hubiera querido que García Márquez no fuera amigo y simpatizante de Fidel. “pero esos sentimientos y opciones no le quitan un ápice de talento al escritor, hoy reconocido universalmente”.

“Además, si somos demócratas, hay que tolerar y convivir con las diferencias de quienes piensan distinto a nosotros”, agregó Puerta.