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Fina García-Marruz, la relevante poetisa cubana discreta y silenciosa

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La Habana – Josefina García-Marruz Badía (La Habana, 1923), la más grande poeta viva que tenía Cuba hasta este lunes será recordada como una de las figuras femeninas más relevantes de la literatura hispanoamericana, reconocida con importantes premios que la destacaron pese a su preferencia por la discreción y el silencio.

Además de una extraordinaria poeta, García-Marruz, fallecida a los 99 años, fue ensayista, investigadora y crítica literaria.

La escritora, que se paseó por varios géneros de la letra impresa, se convirtió en la segunda mujer en recibir el Premio Nacional de Literatura en 1990, después de que el galardón fuera entregado a la sobresaliente poeta Dulce María Loynaz, en 1987.

Dos décadas más tarde le llegó el Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda, otorgado por el Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio de Chile.

Preguntada en una de las escasas entrevistas que concedió en vida, García-Marruz dijo que fue «un honor, una sorpresa”. Y se dijo “muy agradecida, pero ante un premio, cualquiera que sea, uno piensa siempre en tantos escritores que lo merecían, y no lo recibieron».

Y en ese sentido mencionó al prócer cubano José Martí, de cuya trayectoria fue una profunda estudiosa y a quien definió como «el hombre más puro de nuestra raza», haciendo alusión a una cita de la poetisa Gabriela Mistral.

García-Marruz tenía una especial predilección por la obra de Pablo Neruda, a quien conoció en La Habana en marzo de 1942 cuando ella asistió a la «lectura preciosa de los sonetos de amor y muerte, de (Francisco de) Quevedo» realizada por el poeta chileno.

«Es un gran poeta, eso no cabe la menor duda. Como todos los jóvenes de mi época, me sabía de memoria los 20 poemas de amor y una canción desesperada. Es un clásico del romanticismo americano, que no era de escuela, sino de esencias. Venía del romanticismo libertario», apuntó.

Fina, su poesía y la música

Su poesía ha sido traducida a varios idiomas. Entre otras antologías, figura en la realizada por Carmen Conde bajo el título «Once grandes poetisas hispanoamericanas», publicada en Madrid, en 1967 y en la de Margaret Randall: «Breaking the silence» (Rompiendo el silencio), publicada en Vancouver, Canadá, en 1982.

También fue una declarada admiradora de la poeta mexicana Sor Juana Inés de la Cruz, de quien distinguía su «sensibilidad y estilo».

Se consideraba con «suerte» porque decía que nunca necesitó llevar sus poemas a nadie pues tenía en su casa a su esposo, Cintio Vitier, y a su cuñado, el gran poeta Eliseo Diego, y amigos como Lezama Lima.

Su relación con la música, pese a que no aprendió ningún instrumento, venía de su entorno familiar y afirmaba que era «más fuerte, casi, que la poesía (…) sin música me siento mal».

De hecho, llegó a asegurar que su mayor orgullo eran sus hijos, los talentosos instrumentistas y compositores Sergio y José María Vitier, ambos ganadores del Premio Nacional de Música en 2014 y 2021, respectivamente.

Su ensayismo y espiritualidad

Estudiosos de su quehacer literario destacan la «singular espiritualidad» de su poesía. Según la describe el investigador literario Enrique Saínz, está «hecha de estados de ánimo, de intuiciones y de revelaciones de la realidad que no vemos en otros poetas cubanos».

En cuanto a sus ensayos, opina que revelan «una percepción de valores textuales», «sin academicismos, de prosa terminantemente artística».

Fina García-Marruz y Cintio Vitier, profesaban la religión católica, rasgo común entre la mayoría de los intelectuales del denominado Grupo Orígenes, reunidos en torno a la revista homónima que vio la luz en La Habana de 1944 a 1956.

En ese colectivo prevalecía una profunda espiritualidad y eran afines en la elaboración del poema con un lenguaje elevado e imágenes novedosas.

Otras distinciones

En 2011 sumó un nuevo reconocimiento a su extensa lista tras recibir el VIII Premio Internacional de Poesía Ciudad de Granada Federico García Lorca, que reconoce el conjunto de la obra poética de un autor vivo que, por su valor literario, constituya una aportación relevante al patrimonio cultural de la literatura hispánica.

Como colofón, y para coronar un año redondo en su carrera literaria, también se alzó en 2011 con el Premio Reina Sofía, uno de los más prestigiosos de su género en Iberoamérica.

La entrega fue considerada un homenaje al grupo de poetas nucleados en la revista ‘Orígenes’, al que pertenecieron grandes nombres como José Lezama Lima, Eliseo Diego, Gastón Baquero, y su esposo Cintio Vitier.

La escritora fue condecorada con las órdenes de la cultural cubana «Félix Varela», «Alejo Carpentier» y «José Martí», y el Premio Nacional de Investigación Cultural de 2005.

Fina, su timidez y el silencio

Años atrás, García-Marruz confesó que evitaba las entrevistas o hablar de sí misma porque se sentía «en esos casos como una violinista a la que le piden un concierto de flauta».

«Yo me comunico mejor con el silencio, sin el que no se podrían dar la poesía, la música, ni el encuentro con uno mismo», precisó entonces.

Trabajó desde 1962 como investigadora literaria en la Biblioteca Nacional José Martí de La Habana y desde su fundación, en 1977, hasta 1987 perteneció al Centro de Estudios Martianos, donde alcanzó la categoría de Investigador Literario, integrada al equipo realizador de la edición crítica de las Obras Completas de José Martí.

Mantuvo una especial dedicación al estudio de la obra de José Martí de la que son fruto “Temas martianos” -en tres series- y “Textos antiimperialistas de José Martí”, entre otros títulos.

Sus publicaciones incluyen Poemas (1942), Transfiguración de Jesús en el Monte (1947), Las miradas perdidas (1951), Visitaciones (1970), Poesías escogidas (1984), La familia de Orígenes (1997), Hablar de la poesía (1986) y Créditos de Charlot (1990), estos últimos ganadores del Premio de la Crítica de los años 1987 y 1991 en Cuba. AG

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