spot_imgspot_img

El retorno de Guardiola deja indiferente a un Camp Nou rendido a Messi

Barcelona – Pep ya lo advirtió en la víspera. No regresaba al Camp Nou para recibir ningún homenaje, sino para hacer su trabajo: tumbar al Barça y allanar el camino del Bayern hacia la final de la Liga de Campeones.

Y la parroquia azulgrana así lo entendió. Hoy no era el día para aplaudir al mito ni agradecerle que, con él en el banquillo que hoy ocupa su amigo Luis Enrique, el club viviera la época deportiva más gloriosa de su historia, levantando catorce títulos en cuatro años.

Apareció Guardiola en el césped del estadio que se convirtió en su segunda casa -primero como jugador y luego como técnico- cuando los dos equipos ya estaban sobre el terreno de juego y el himno de la Champions desgranaba sus últimos acordes.

Hasta entonces, ni rastro del de Santpedor. Lorenzo Bueaventura fue el encargado, como es habitual, de dirigir el calentamiento del Bayern. Minutos después, viejos conocidos de uno y otro equipo se saludaban en el túnel de vestuarios. Y Pep, si se descuida un poco más, llega con el partido empezado.

Frente a los banquillos, fue Luis Enrique quien se acercó a darle un abrazo ante la atenta mirada de flashes y cámaras. Pero para el público del Camp Nou, fue como si hubiera saludado a un entrenador cualquiera.

Porque esta noche, Guardiola fue simplemente el técnico rival. Como el exazulgrana Thiago, silbado cuando Manel Vich, el hombre encargado de leer las alineaciones por megafonía pronunció el nombre del mayor de los Alcántara, que se fugó a Múnich con Pep hace dos temporadas.

El preparador catalán se levantó de su asiento a los dos minutos y ya no se sentó, salvo en contadísimas ocasiones. Pero no hubo aplausos durante todos los minutos que estuvo expuesto en el área técnica ante más de 95.000 espectadores, los mismos que, no hace tanto, sentían veneración por él.

Los cánticos y los gritos de ánimo eran hoy para Luis Enrique, para el Barça, cada vez que la afición sentía flaquear al equipo en su asedio a la portería de Neuer y, sobre todo, para el D10S Messi.

Reconocieron el esforzado partido de Alves y Rakitic y sufrieron con cada ocasión malograda por de Luis Suárez. Y, por supuesto, la tomaron con el exmadridista Xabi Alonso a la menor ocasión.

Pero la locura se desató en el Camp Nou cuando Leo decidió finiquitar el partido con dos latigazos en el tramo final.

Esta noche el mito no fue Guardiola, sino el crack de Rosario. El Camp Nou lo tuvo bien claro, igual de claro que otro mito, Xavi Hernández, se despedía hoy de la Champions en su estadio y por eso le brindó una ovación gigante cuando sustituyó a Rakitic.

Pero lo mejor llegaría en el tiempo añadido: Messi cedería a Neymar para que el brasileño dejara prácticamente sentenciada la eliminatoria marcando el tercero a la contra.

Mientras la euforia se desataba en las gradas, Guardiola miraba al cielo y se lamentaba antes de enfilar, con cara de derrota, el camino de vestuarios ante la absoluta indiferencia de la afición culé, que despedía a su equipo con gritos de «¡Messi, Messi, Messi!».

spot_img
spot_img

Lo + Nuevo

spot_img
23,172FansMe gusta
38,667SeguidoresSeguir
6,673suscriptoresSuscribirte
spot_img
spot_img
spot_imgspot_img