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El expresidente Ronald Reagan, erre con erre sobre el Alcázar de Toledo

Mis “Personajes Inolvidables” (2)

Miami, (EEUU) – (Especial para “Proceso Digital – Por Alberto García Marrder)

Primera regla para un periodista: no dejes que tu entrevistado trate de controlar la entrevista.

¿Y si este es el hombre más poderoso del mundo?

Ese fue el dilema que tuve cuando en el año 1985 tenía  como entrevistado nada menos que a un presidente de Estados Unidos, Ronald Reagan, a solas y en la Oficina Oval de la Casa Blanca, en Washington.

Yo era entonces el director (“Bureau Chief”)  de la Agencia Española de Noticias “EFE” en Washington y el motivo de la entrevista era una visita oficial que el presidente iba a realizar a España el siguiente mes.

Me acompañaba la periodista francesa Anne Leroux, nuestra excelente corresponsal en la Casa Blanca y es la que aparece también en la foto oficial.

Reagan se mostró en todo momento amigable, dicharachero, cordial y trató de tranquilizar mis lógicos nervios.

Sin esperar mis preguntas, empezó a contarme sobre una visita turística suya a Toledo (España) y como quedó impresionado con el asedio republicano al castillo-fortificación del Alcázar durante la Guerra Civil Española (1936-1939) y la gesta del Coronel José Moscardó de sacrificar a su Luis, antes de rendirse a las fuerzas milicianas.

Yo he visitado el Alcázar de Toledo también y conozco bien esa historia, aunque existen diferentes versiones de lo ocurrido.

La entrevista estaba pactada solo a 15 minutos y Reagan ya había utilizado cinco hablándome sobre el Alcázar de Toledo y hubiera seguido gustoso. Tenía los ojos llorosos y estaba realmente emocionado recordando ese evento trágico.

Tenía como pegadas sus manos sobre sus rodillas. Y esa voz grave, la misma de sus películas del Oeste en Hollywood. Y era, en realidad, un encanto. De esos que cautivan y yo estaba embobado.

A duras penas, pude reconducir la entrevista y preguntarle sobre lo que esperaba de su visita oficial a España y de las relaciones entre los dos países, especialmente las comerciales.

No hubo tiempo para preguntarle lo más importante en ese entonces: sobre la ayuda encubierta norteamericana a los “Contras” nicaragüenses que trataban de derrocar al gobierno sandinista.

De todas maneras, ¿cómo se hace una pregunta incómoda a un presidente encantador?

La Oficina Oval es realmente oval. Y cuando uno entra, nervioso, en ese lugar tan emblemático y se sienta en el sillón de los visitantes ilustres, al lado del sillón del presidente, no se da cuenta de las personas alrededor: Agentes del Servicio Secreto, de la Oficina de Prensa, el fotógrafo oficial y funcionarios.  Una semana después, ya recibía la foto dedicada del presidente.

Para entrar, Anne y yo solo pasamos un detector de metales y nos quitaron nuestras cámaras y celulares (entonces de los antiguos). El Servicio Secreto ya tenía todos nuestros datos personales y profesionales tras haber pasado unos años antes, ambos, un exhaustivo chequeo para lograr las tan ansiadas credenciales de prensa de la Casa Blanca.

Los periodistas hondureños Jacobo Goldstein (de la CNN Radio en Español) y Alberto García Marrder (de la Agencia Española de Noticias «EFE), en la Casa Blanca, en 1985.

El privilegio y gran honor de entrevistar a un presidente de Estados Unidos solo lo hemos tenido dos periodistas hondureños.

El otro fue mi colega y gran amigo, Jacobo Goldstein, que entrevistó en la Oficina Oval al expresidente Bill Clinton y con un grupo de otros periodistas, a George W. Bush para CNN En Español Radio y para el diario “La Tribuna” de Tegucigalpa.

También tuve la suerte de viajar con el equipo de periodistas que acompañaban a Reagan en sus viajes al extranjero.

Eso fue en 1988, cuando se entrevistó en Mazatlán (México), con el presidente mexicano, Miguel de la Madrid, el 12 febrero de ese año.

Reagan murió el 5 de junio de 2004, a la edad de 93 años, después de haber sufrido por casi diez años de Alzheimer.

Es, sin duda, uno de mis “Personajes Inolvidables”.


Mañana, el tercero de la serie de diez: Los periodistas también necesitamos mentores

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