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El «Anillo» de Schwarz divide a un Bayreuth impaciente

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Bayreuth (Alemania) – Bayreuth se escindió entre las ovaciones a las voces y los abucheos al concepto escenográfico en el estreno del “Anillo del Nibelungo” de Valentin Schwanz, una producción para la que el templo wagneriano esperó varios años y que finalmente topó con impaciencias.

Un par de problemas técnicos en la segunda escena del “Oro del Rin”, la primera etapa de la tetralogía, parecían delatar falta de preparación en una producción cuyo estreno se esperaba desde 2020: la puerta del garaje de la rica mansión donde Schwanz sitúa la guerra por el oro de Wotan cayó fuera de tiempo sobre el coche, también de lujo, de la familia.

Se escuchó algún que otro chirrido en sucesivos movimientos escénicos, algo asimismo impropio en el teatro que Richard Wagner mandó construir para sus óperas hace más de siglo y medio. El oro del Rin tomó forma en un niño malcriado y consentido, horror de la guardería, al que el mundo adulto no endereza y que en cierto modo era un estorbo para parte del auditorio.

El “Anillo” de Schwarz discurre entre relaciones tóxicas familiares más cercanas a series televisivas que a las pugnas entre Wotan, Loge, Alberich, sus gigantes y otras criaturas wagnerianas –algunos medios alemanes habían avanzado paralelismos con producciones del sello “Netflix”, aunque también podrían recordar a cualquier otra saga estilo “Dallas” de los años 80-.

Las impaciencias se plasmaron en abucheos a Schwarz y la concepción escénica de Andrea Cozzi. Los héroes fueron las voces solistas y la batuta de Cornelius Meister, quien se puso al frente de la tetralogía al contraer un persistente covid el titular previsto, el finlandés Pietari Inkinen.

Egils Silins, en el papel de Wotan, compartió triunfo con Olafur Sigurdarson, en el de Alberich. Elisabeth Teige, la Freia en esta producción, lo hizo con Okka von der Damerau, la diosa Erda o Tierra. Fueron diez minutos de ovaciones para las voces y para Meister, mientras a Schwarz le caían los enfados en forma de abucheos.

Que un “Anillo” no guste en su estreno en Bayreuth no significa necesariamente un fracaso. En el historial de la casa está la mítica tetralogía que pusieron en escena Patrice Chéreau y Pierre Boulez en 1976, considerada un hito, pero que en su momento también recibió protestas.

Al “Oro” del niño malcriado le sigue este martes la “Walkiria” con uno de los tenores mimados en la casa, Klaus Florian Vogt. Hasta el viernes deberán verse aún el “Sigfrido” y el “Ocaso de los Dioses”, con lo que a la saga entre ricos ávidos de poder, poseídos por el odio, el amor o la traición le quedan varias horas para hacerse entender.

La intención de Schwarz es dejar de lado las luchas entre gigantes para plasmarlos al mundo actual. Lo hace sin alardes provocadores, como sí lo hizo el autor del anterior “Anillo” en Bayreuth, el berlinés Frank Castorf.

A éste se le recibió en 2013 con abucheos mucho más atronadores que ahora a Schwarz. Bayreuth mantuvo su tetralogía cuatro temporadas y Castorf se despidió de la casa sin haberse ganado al público con su versión, más grotesca que provocadora, de la batalla entre dioses.

El “Anillo” de Schwarz no es grotesco, sino sobrio o incluso algo frío, entre esos ricos sin escrúpulos o su impávido personal de servicio. El director austríaco debuta en Bayreuth con la costosa tetralogía a sus 33 años, pero eso no es un atenuante para el público del festival, que recuerda que Chéreau tenía 31 al estrenar el suyo.

El peso de la demora

Bayreuth llevaba demasiadas temporadas sin «Anillo», tras el adiós a la poco convincente producción de Castorf. Esperaba una compensación por esos años, seguidos de dos aplazamientos en el estreno -en 2020, porque el cierre de la vida pública por la pandemia obligó a cancelar toda la temporada, mientras en 2021 se optó por aplazar el estreno porque persistían ciertas restricciones.

La compensación ideada por la directora del festival, Katharina Wagner, consistió en colocar otro estreno más para abrir la presente temporada, el «Tristán e Isolda» que inauguró Bayreuth el pasado día 25. Fue una producción «exprés», puesto que llevó apenas unas semanas, algo insólito en ese festival.

El resultado del Tristán de Roland Schwab, con Markus Porschner en la dirección musical, fue una producción con aire improvisado y hasta simplista, que sin embargo fue recibida con clamorosas ovaciones en su estreno. El drama del amor eterno más allá de la muerte cautivó, en su minimalismo, mientras que para el «Anillo», al menos en sus primeros tramos, no ha habido condescendencia. AG

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