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Deuda interna: el fuego cerca del combustible que incendiaría la economía hondureña

Tegucigalpa – La carreta de las finanzas hondureñas vuelve a tropezarse con el mismo obstáculo de hace 10 años. La piedra es la enorme deuda estatal, la cual es alimentada año con año por el elevado gasto gubernamental que se traduce en colosales déficit fiscales, los cuales no pueden ser financiados con recursos externos.
 

Un gasto público “fuera de control” es la principal causa que el país vuelva a enfrentarse 10 años después al mal de la deuda pública.

Los acuerdos con el Fondo Monetario Internacional no han servido para que las administraciones entiendan la obligación de gastar menos

Y en esta ocasión la piedra que sirve de obstáculo es más difícil de sobrepasar. En el 2002 el país hacía frente a una abultada deuda externa que consumía enormes recursos del presupuesto para hacer frente a los pagos de intereses y capital.

Pero una década después, el problema de la deuda pública enfrenta un nuevo componente, y es que la deuda es interna, o sea adquirida por bancos, institutos de previsión y otros actores que acuden al mercado financiero local para financiar a un gobierno cada vez más inflado y que al parecer es incapaz de ponerle un alto a su crecimiento.

El 2002 la entonces administración de Ricardo Maduro inició un proceso para lograr una condonación de la misma. En esa tarea se logró el apoyo de la figura del cardenal Oscar Andrés Rodríguez Maradiaga, que tenía una función asignada por el Vaticano de lograr el respaldo de los organismos financieros internacionales.

Tras años de trabajo, Honduras logró finalmente que la mayor parte de su deuda externa fuese condonada y asumió el compromiso que los recursos que destinaría a su pago los utilizaría para financiar un programa de combate a la pobreza.

Una década después el panorama no puede ser más desolador. Los recursos destinados, más de 100,000 millones de lempiras, se dilapidaron en burocracia, gasto corriente y la pobreza aumentó.

Ahora para hacer frente a financiar el gobierno y los programas sociales la administración no cuenta con los recursos necesarios.

Por ello ha optado por recurrir a la peligrosa vía del endeudamiento interno, que comenzó en la administración del ex presidente Manuel Zelaya, siguió con el mandatario interino Roberto Micheletti y se ha mantenido en la gestión del actual gobernante Porfirio Lobo.

Actualmente la deuda interna se estima en 48,000 millones de lempiras (unos 2,483 millones de dólares), que representan el 44 por ciento de todo el endeudamiento estatal de Honduras.

Fuego

Los expertos recuerdan que la estrategia de manejo de la deuda interna es diferente a los compromisos externos, ya que la primera equivale a jugar con fuego en casa frente a un tanque de combustible.

Y es que la estructura de la deuda interna establece que casi el 40 por ciento fue adquirida por los institutos de previsión de diferentes gremios como los docentes, empleados públicos o bien del Seguro Social.

De manera que el gobierno no puede declarar una moratoria de pago o condonación sin que arrastre o ponga en peligro las pensiones de decenas de miles de personas.

Otro sector que tiene en su poder compromisos de deuda interna es el sistema financiero comercial hondureño, otro actor sensible en la economía nacional y que no puede verse comprometido en ningún momento su solidez.

Cuando se logra condonación o se declara la moratoria de la deuda con agentes externos el daño interno es menor, aunque hay otro tipo de penalidades como falta de acceso a los mercados de capital como le ocurre actualmente a Argentina, que lo hizo de manera unilateral. Honduras consensuó con los acreedores una condonación.

Costo

Pero conocedores y expertos recuerdan que la deuda colosal del gobierno ya está pasando la factura a las finanzas estatales.

El ex ministro de Finanzas, Arturo Alvarado, dijo que el país destina unos 3,500 millones de lempiras anuales al pago de intereses y capital de la deuda interna.

Mientras el despedido Tesorero general, Francisco Cerrato, dijo que las finanzas estatales estaban en rojo y al borde de la quiebra porque no podía hacer frente a todos los compromisos.

Cerrato respondía a las críticas que le hacían en cuanto a que su oficina era responsable de no pagarle a tiempo a los docentes, lo que provocaba que estos llamaran a paros de labores.

Cerrato recordó que mensualmente el Banco Central les deducía hasta 1,000 millones de lempiras para hacer frente al pago de la deuda pública del país y que ello le impedía hace frente a los compromisos estatales.

Descontrol

Para el ex ministro Alvarado la causa del mal está en lo que llama “una política fiscal que está relativamente fuera de control”.

Por ello sugiere que debe llegarse a un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y lograr así cierta disciplina fiscal.

Recordó que el déficit fiscal del gobierno central cerró en 4.6 por ciento el 2011 y que debe reducirse al 2 por ciento para lograr cierto balance.

Defensa

El ex ministro de Finanzas y actual asesor presidencial, William Chong Wong, defendió la gestión Lobo y afirmó que de los 48,000 millones de deuda interna al menos 44,000 millones de lempiras fueron heredados.

De los 4,000 millones de lempiras que si emitió como deuda interna la actual administración, Chong Wong dijo que al menos 3,000 millones fueron para bonos que se pagaron a los institutos de previsión social estatal, por cuotas dejadas de pagar.

Solución

El gobierno busca reconvertir la deuda pública a externa con el fin de ampliar los plazos de vencimiento y reducir el porcentaje que paga por intereses.

Pero Chong Wong indicó que no ha habido ofertas adecuadas, ya que las recibidas hasta el momento cobran intereses cercanos a lo que se paga en lempiras.

Mal se repite

Pero Ralf Flores, del Foro Social de la Deuda Externa de Honduras (Fosdeh), ha alertado que el mal del gasto sobredimensionado continúa en la administración pública el presente año.

Flores dijo que en los primeros dos meses del 2012 ya se incrementaron en 2,000 millones de lempiras los gastos fuera de lo presupuestado, de manera que de mantenerse la tendencia el país vería imposible poder controlar sus gastos públicos.

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