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Delacroix y su ambigua relación con la naturaleza

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París – Eugène Delacroix se reivindicaba a sí mismo como gran pintor de hechos históricos, como lo atestigua su «La libertad guiando al pueblo», y relegaba a un segundo plano sus paisajes o composiciones animales, que una exposición en París recupera ahora para adentrarse en su proceso de creación.

«Delacroix y la naturaleza», instalada en su museo y antiguo taller desde este miércoles y hasta el 27 de junio, hace descubrir el vínculo que unía al pintor francés (1798-1863) con esa temática considerada menos noble, pero de la que sin embargo disfrutaba.

«Como a muchos artistas de esa generación, los románticos, tiene un sentimiento particular hacia la naturaleza: le gusta pasearse, dibujar animales y hacer cuadros de paisajes, pero, paradójicamente, esos paseos de los que tanto escribe en sus cuadernos salen muy poco en sus obras», explica a EFE la directora del museo, Claire Bessède.

Cuando lo hacen es a través de animales imponentes, como los tigres, los leones o los caballos, con los que muestra la pasión, la ferocidad, el movimiento, y aunque los bocetos preparatorios son «bastante precisos», en el cuadro final prima el imaginario, con mandíbulas totalmente torcidas o anatomías poco realistas.

La muestra, presentada en salas que en el pasado fueron su comedor, taller, salón o habitación, expone desde esos trabajos previos hasta composiciones finales como «La mer vue des hauteurs de Dieppe» o «Étude de deux tigres» (1831).

El primero, una vista apacible del mar en esa localidad normanda, efectuado hacia 1852-1858, lo hizo para sí mismo y no lo llegó a exponer, mientras que el segundo fue presentado como un estudio «porque su temática era animal», aunque tenía el gran formato de sus creaciones históricas y estaba totalmente acabado.

Delacroix se mudó a esa casa de la «rive gauche» parisina a finales de 1857 y murió allí. Aunque estaba de alquiler recibió la autorización para construirse en el jardín su taller, que todavía conserva su paleta y antiguos pinceles.

Objeto de inspiración

El pintor amaba la naturaleza, la contemplación del mar y de los paisajes, ya fuera en su villa en Champrosay, al sur de la capital, o en la de su amiga George Sand en la región de Berry, en el centro del país. Las plantas y animales le resultaban una fuente inagotable de interés, pero esa pasión se integraba en cuadros de mayor relevancia o le servían casi siempre como objeto de estudio.

«No dejaba nunca de trabajar, de pintar, de pensar en la forma de las ramas o los árboles, y a menudo sus árboles, plantas y animales aparecen en el fondo de sus obras. Es algo que siempre tiene en la cabeza», apunta la comisaria.

De Delacroix, nacido en el seno de una familia diplomática en Charenton-Saint-Maurice, en las afueras de París, se destaca además la paradoja de haber emprendido sin un espíritu viajero grandes periplos que dejaron una impronta en su obra.

Algunos animales que veía en esos desplazamientos quedaban retratados en sus cuadros y a veces su recuerdo deformaba su verdadero aspecto o lo acercaba al de su versión más doméstica, como el caso de tigres con ligero rostro gatuno.

No pintaba con un posado directo de esos objetos porque no estaba interesado en una representación fidedigna de los mismos: efectuaba un auténtico trabajo intelectual de composición a partir de fuentes diferentes, como sus propios estudios u obras de artistas que admiraba, como Rubens.

«Los paisajes que expone son generalmente fondos destinados a poner en valor a los personajes», recalca esta exposición, que recuerda que nunca expuso en vida un paisaje como protagonista principal, que ya de por sí eran escasos en su trayectoria. AG

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