Buenos días…

Por: Otto Martín Wolf

No hay plazo que no termine”. Es una de las frases más sabias -y ciertas- que he escuchado.

Por muy lejano que parezca siempre acaba y con eso el momento de enfrentar las realidades de las cuales nos hemos desentendido mientras llega a su fin.

El año nuevo ya comenzó, el largo feriado ya se fue demasiado rápido y me toca ahora empezar a cumplir todas las resoluciones que pospuse en el largo año pasado.

Como muchos millones en el mundo, yo también me dije “El lunes me pongo a dieta!”. Lo mismo con esos ejercicios o el gimnasio. Hay más cosas, miles de ellas, que todos nos proponemos -y posponemos- para cuando comience el año.

Entonces señoras y señores, ha llegado el momento de empezar!

Estoy lejos de ser el modelo de disciplina, aunque debo confesar que lo intento, de verdad lo intento!

Abono a mi favor que toda la vida he estado a dieta pero, posiblemente, soy el campeón mundial de romperla, tendré que consultar con el Libro de Records Guinnes para comprobarlo.

Pero que lo intento, lo intento! Aunque aún no se inventa una dieta que yo respete totalmente más de un día o unas pocas horas.

Pero, confieso, si nunca he tenido exceso de sobrepeso se ha debido más a la suerte que a cualquier otra razón.

Debo admitir como pruebas de la defensa que desde los 20 años no he tomado gota de licor (nada, cero, ni un poquito, ni una gota) y también hace muchos años dejé el estúpido cigarrillo. Nunca probé las drogas, ni siquiera en los tiempos de la “adolescencia exploradora” y, a estas alturas de mi vida, no creo que lo jamás lo haga.

Pero si he hecho algunas cosas estúpidas, pero safistactorias en extremo, como volar en paracaídas sobre un barranco altísimo y desafiar ríos tempestuosos en balsa -ambas aventuras de alto riesgo- las cuales he sobrevivido… también por suerte.

Aclaro que entre mis propuestas de año nuevo no incluyo eliminar cosas estúpidas como esas. Es más, tengo algunas nuevas que espero realizar este año.

Algo importante que debo decir; nunca he guardado resentimientos ni odios por nada. Si alguna vez alguien me hizo daño, lo olvidé rápidamente, jamás he tratado de vengarme (aunque sí de defenderme) y, desde luego, mi mente ha almacenado la experiencia para el futuro, pero no he cargado con las amarguras de algo pasado, creo que no sólo envenenan la mente, pero también el cuerpo.

Siempre he odiado los chismes y a quienes los divulgan, “aunque vengan de buena fuente”. Jamás los he repetido y mucho menos creído. Conozco algunas personas, religiosas y muy rectas, que disfrutan contando cosas de las que no están seguras, pero que lo hacen “confidencialmente”, como si tuvieran control sobre dónde y cuándo lo van a repetir o el daño que puedan causar.

Empieza el año para todos -a ver quiénes lo terminan- y, si pudiera pedir un deseo universal para 2016, sin duda sería un cambio en la Carta de las Naciones Unidas:

Me gustarían que agregaran algo -no como un Derecho Humano- más bien como una Obligación Humana. Qué cosa? Un artículo o ley que dijera así: “A todos los ciudadanos del mundo se les prohibe meterse en lo que no les importa!”

Con seguridad se eliminarían muchos problemas y se conservarían muchos dientes.

Buena suerte este año!

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