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Parálisis

Julio Raudales

Cerramos un año para el olvido, marcado por el estigma de nuestro impenitente subdesarrollo mental, cruzado por la infamia, abarrotado de amenazas, zancadillas y ataques a la razón; lejano al sueño que, con sacrificio y entrega construyeron los padres fundadores. Morazán, Valle, Cabañas, Rosa y Villeda se revuelcan desde el parnaso de la memoria, en la queja de sus infinitas frustraciones.

Ojalá y no se repita otro 2025 en la imparable, aunque lenta senda que hoy parece llevarnos al desfiladero. No queremos vivir otro año con dos elecciones fallidas, una confrontación social que hoy parece perpetuarse y la ralentización de los esfuerzos que una ciudadanía estoica hace para mejorar sus condiciones de vida, por encima de las argucias y trampas de una clase política que nunca aprendió cual debería ser su objetivo.

La actividad económica del último trimestre del año se estancó sin remedio al sonar de los tambores de guerra de noviembre. Así lo dejaba entrever el Índice Mensual de Actividad Económica (IMAE) de octubre, el último publicado por el BCH, que ya mostraba signos de estancamiento con respecto al 2024. Ya veremos cómo ésta parálisis será más clara en los dos postreros meses en que seguramente mostrarán el impacto negativo de la acción malévola de los políticos.

Además de la ralentización de la actividad económica (que de por sí tiene una estructura poco productiva y más sesgada hacia el consumo irreflexivo de bienes en su mayoría importados), ya los técnicos del Banco Central nos informaron que la inflación, es decir el nivel general de precios al consumidor, fue más elevada de lo que se había proyectado a mediados del periodo. 

Esto tendrá, sin duda, un efecto negativo en la vida de los más pobres, quienes, sin duda, seguirán padeciendo la tragedia de no alcanzar el bienestar al que con toda legitimidad aspiran.

Aunque casi nunca se aborda en los debates, el no lograr la meta en el crecimiento del PIB que el Banco Central proyectó a comienzos del periodo anterior, tendrá un impacto inesperadamente negativo en la vida de los hondureños. El aumento esperado en la producción sirve de base para calcular cuánto será la recaudación tributaria del gobierno y con ello se planifica el gasto público. 

Como el presupuesto gubernamental es muy inflexible, la no consecución de la meta de recaudación nos dejará endeudados y constituirá el primer lastre que seguramente encontrarán las autoridades que tomarán posesión del gobierno el próximo 27 de este mes.

Así que debemos ir preparando los oídos para escuchar el sempiterno clamor que cada cuatro años atosiga los medios de comunicación: Nos dejaron las arcas del estado vacías, no hay dinero para echar a andar la máquina gubernamental y debemos prepararnos para enfrentar la crisis económica provocada por el irresponsable gobierno que se fue sin siquiera hacer una transición decente.

En otras palabras, preparémonos para el inicio de un distópico 2026. Ojalá y quienes asuman la responsabilidad de gestionar esta nueva crisis, asuman con responsabilidad el reto que se les avecina. No será tarea fácil, sobre todo porque, por más que lo digan, no se observa una voluntad clara de hacer las cosas de manera distinta.

Tendrían que comenzar el presidente electo, los diputados y alcaldes, por elaborar una serie de reformas legales y de gestión que reviertan los enormes desaguisados que deja la administración saliente. Reformas al sector eléctrico encaminadas a reducir el enorme agujero que éste provoca al fisco, flexibilizar el mercado laboral, eliminar subsidios y gastos innecesarios, achicar el opulento aparato gubernamental, traer la CICIH y otros indispensables.

A lo anterior habrá que sumar la voluntad firme y continuada de colocar en los cargos de la alta gestión, a personas probas y de indiscutible capacidad, pero, sobre todo, iniciar un proceso serio de reformas en la administración pública, con el objeto de crear un eficiente servicio civil, basado en la meritocracia y no en la premiación del activismo de campaña.

¿Será que existe una verdadera disposición para impulsar cambios como los descritos? Se ve difícil y esto hace no haya mucho espacio para el optimismo. En todo caso lo veremos en cuestión de horas.

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