Tegucigalpa (Especial Proceso Digital) – En un momento donde aún persisten librotes de la profunda polarización política y social que ha marcado el país en los últimos años, las principales voces religiosas de Honduras -tanto evangélicas como católicas- han coincidido en proclamar este 2026 como año de esperanza y reconciliación.
– Las Iglesias Evangélica y Católica tuvieron un rol protagónico en la defensa de la democracia durante el 2025 y marcando el ejemplo, dejaron de lado las denominaciones para unirse y pedir paz para Honduras.
Tras un 2025 marcado por una crisis electoral prolongada, denuncias de irregularidades y tensiones que amenazaron la estabilidad y resquebrajaron la institucionalidad del país, las iglesias levantan su voz para llamar a la unidad, la paz, la esperanza y la reconciliación.
Este llamado trasciende las diferencias denominacionales y se presenta como un bálsamo para una nación que necesita sanar heridas profundas.
El año que acaba de terminar dejó un saldo de divisiones, confrontaciones y desconfianza en las instituciones, la politización de la justicia y daños en el bienestar de la población, pero los líderes religiosos insisten en que 2026 puede ser el punto de inflexión.

Turbulento 2025 deja lecciones
El 2025 en Honduras estuvo signado por la incertidumbre electoral.
Las elecciones generales del 30 de noviembre, cuyos resultados se retrasaron significativamente, generaron acusaciones de irregularidades, injerencias externas y debilidades organizativas del Consejo Nacional Electoral (CNE). Todo ello, debido a la dilación en los procesos preelectorales, marcado por las interrupciones y trabas desde el oficialísimo.
La declaratoria final de Nasry “Tito” Asfura como presidente electo no calmó del todo los ánimos de todos los sectores.
Denuncias sobre las primarias de marzo y el proceso general alimentaron un clima de confrontación que preocupó a la sociedad civil y a las iglesias.
En este contexto, los líderes religiosos observaron con preocupación cómo la división amenazaba con profundizarse.
La población, agotada por años de crisis política y económica, buscó en las iglesias una guía moral para transitar el cambio de gobierno. Por eso, los mensajes de fin de año y comienzo de 2026 adquirieron un tono particularmente urgente y esperanzador.

Paz
La Iglesia Evangélica pidió paz y rechazó la división en el inició de este nuevo año.
La Confraternidad Evangélica de Honduras, que representa a una porción significativa de la población creyente, fue clara en su llamado. Mario Banegas, presidente de la Asociación de Pastores de Tegucigalpa, exhortó a que 2026 sea “un año de paz y reconciliación”.
En sus palabras, Honduras necesita urgentemente unidad y rechazar “la voz de la división y del confrontamiento”.
Banegas enfatizó que las nuevas autoridades deben llegar “con la mentalidad de llevar unidad a la población hondureña”.
Por su parte, Mario Corea, presidente de la Asociación de Pastores de San Pedro Sula y el Valle de Sula, expresó gratitud tras la declaratoria del CNE.
“Todo está dicho y damos gracias a Dios”, afirmó Corea, mostrando confianza en que las autoridades elegidas “llevarán por el bien a Honduras”.
Los evangélicos destacan la gran responsabilidad que recae sobre el sector creyente, que goza del respeto del 47% de la población según encuestas.
Este mensaje evangélico se presenta como un puente para superar las heridas del año anterior y construir un futuro común.

Esperanza
Desde la Iglesia Católica, el cardenal emérito Óscar Andrés Rodríguez Maradiaga fue contundente al expresar que “Honduras no puede ser un narcoestado”.
El líder religioso denunció que todo lo relacionado con la droga “es un crimen horrible porque daña y mata a tantísimas personas”.
Sin embargo, su mensaje principal para 2026 es de profunda esperanza: “un año de esperanza, de posibilidades de hacer el bien”.
Describió los 365 días del nuevo año como “días que Dios nos regala sin estrenar” y llamó a llenarlos “de bondad, de bien y de amor”. Rodríguez insistió en que “Honduras tiene futuro” y que todos deseamos “algo mejor para el país”.
Pidió una transición pacífica al gobierno saliente: “que se vayan con la frente en alto”. A las autoridades entrantes les advirtió: “si no hacen el bien, el pueblo los va a rechazar”. Invocando los mandamientos, criticó el enriquecimiento ilícito y afirmó que “la represión nunca será el camino” para vencer la violencia.
Su voz se une al clamor general por una Honduras libre de corrupción y violencia.
Nuevo gobierno

De su parte, Miguel Lenihan, arzobispo de San Pedro Sula, también levantó su voz con expectativa y exigencia.
“Tenemos un nuevo gobierno y esperamos que este sea un nuevo gobierno y no solamente un cambio de rostros”, expresó.
Su llamado es a que las nuevas autoridades trabajen realmente “por los más necesitados y vulnerables”.
“No se olviden de los pobres de Honduras”, clamó Lenihan.
Además, pidió paz integral: “Queremos paz en nuestros corazones, en los hogares y en el país”.
Para este objetivo invitó a la oración constante. “No nos cansemos de orar”, dijo.
Sus palabras refuerzan la idea de que el cambio político debe traducirse en transformación social real.
Un mensaje conjunto que trasciende denominaciones
Lo más destacable es la convergencia de mensajes entre evangélicos y católicos.
Tanto Banegas y Corea como el Cardenal Rodríguez y el arzobispo Lenihan coinciden en los pilares: paz, reconciliación, esperanza y atención a los pobres.
Este consenso religioso ofrece un raro punto de unidad en un país habitualmente fragmentado.
Las iglesias se posicionan como mediadoras morales en un momento de transición gubernamental.
Su influencia puede ser clave para desalentar la confrontación y promover el diálogo nacional.

Reconciliación
El año 2026 representa, según estas voces, una oportunidad única para cerrar heridas.
Los líderes religiosos invitaron a la población a dejar atrás la división y abrazar la unidad.
Pidieron a los políticos responsabilidad y servicio genuino al pueblo.
Y recordaron que la esperanza no es pasiva: requiere acción colectiva por el bien común.
En un país que ha sufrido tanto, este mensaje reconciliador puede ser el inicio de una nueva etapa.
Las iglesias hondureñas, con su autoridad moral, extendieron la mano a todos los sectores para construir juntos un futuro mejor.
Que este 2026 sea, efectivamente, el año de la esperanza y la reconciliación que tanto necesita Honduras. (RO)








