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Tras los fuegos artificiales del 4 de Julio, la historia estadounidense sigue bajo ataque

Amy Goodman

¿Qué representa, para el esclavo estadounidense, vuestro 4 de julio?”, preguntó Frederick Douglass en un discurso que pronunció ante la Sociedad Antiesclavista de Damas de Rochester el 5 de julio de 1852. Douglass logró escapar de la esclavitud cuando tenía aproximadamente 20 años.

A los 34, cuando brindó este discurso, ya era un destacado líder del movimiento abolicionista, así como un renombrado escritor y orador. “Yo les respondo: es un día que le revela, más que cualquier otro día del año, la inmensa injusticia y la crueldad de las cuales él es una víctima constante. Para él, vuestra celebración es una farsa”.

Las poderosas palabras de Douglass y su incansable activismo contribuyeron a generar conciencia y movilizar al pueblo estadounidense en favor de la abolición de la esclavitud, así como a apoyar a la red antiesclavista denominada Ferrocarril Subterráneo y, en última instancia, a librar una guerra civil increíblemente costosa para acabar de manera definitiva con la esclavitud.

Las palabras de Douglass, y también su vida, nos muestran de manera contundente por qué es necesario tener una comprensión profunda y crítica de la verdadera historia de Estados Unidos si deseamos abordar con eficacia las problemáticas a las que actualmente nos enfrentamos. Sin embargo, se ha propagado en el último tiempo un movimiento muy bien organizado que tiene como objetivo tergiversar y ocultar gran parte de la historia estadounidense, censurar libros y promover la enseñanza de una versión suavizada del difícil y a menudo sangriento pasado del país.

Uno de los textos fundamentales que se centra en la parte ignorada o suprimida de la historia de Estados Unidos es el emblemático libro “La otra historia de Estados Unidos”, escrito por el fallecido historiador Howard Zinn. Desde su publicación en 1980, se han impreso más de cuatro millones de ejemplares. El libro aborda de manera detallada todos los procesos que componen la historia de este país, desde el genocidio llevado a cabo por Cristóbal Colón hasta los héroes olvidados de las luchas por los derechos laborales, los derechos de la mujer y el movimiento pacifista. La obra tuvo tanto éxito que Zinn y el editor Anthony Arnove publicaron el volumen complementario “Voces de la otra historia de Estados Unidos”. Este volumen incluye las fuentes históricas originales, como ensayos y discursos escritos o pronunciados por numerosas figuras históricas que, como se describe en la introducción del libro, “han sido excluidas en su mayoría de las narrativas ortodoxas, los principales medios de comunicación, los manuales escolares y la cultura dominante”.

En una entrevista que mantuvo con Democracy Now! en 1999, Howard Zinn expresó: “Cuando me convertí en historiador, ya sabía que no iba a ser neutral”.

Zinn y Arnove comenzaron a organizar encuentros en los que reconocidos actores y escritores recreaban y les daban vida a los textos históricos citados en “Voces de la otra historia de Estados Unidos”. El aclamado actor James Earl Jones recitó el histórico discurso de Frederick Douglass sobre el 4 de Julio con su reconocida y profunda voz de bajo:

“En tiempos como este, es necesaria la ironía crítica, en lugar de un argumento convincente. ¡Oh! Si yo tuviera la habilidad y pudiera llegar al oído de la nación, derramaría un torrente ardiente de burlas mordaces, de despiadados reproches, de sarcasmo fulminante y severas reprimendas. Pues no es luz lo que se requiere, sino fuego; no es una suave lluvia, sino truenos. Necesitamos una tormenta, un torbellino, un terremoto. Hay que reavivar el sentimiento de la nación; hay que despertar la conciencia de la nación; el decoro de la nación debe ser alterado; la hipocresía de la nación debe ser expuesta; y los crímenes contra Dios y el hombre, deben ser proclamados y condenados”.

El historiador Howard Zinn murió en 2010, pero su trabajo continúa. Anthony Arnove y Haley Pessin acaban de publicar un nuevo libro titulado “Voces de la otra historia de Estados Unidos: documentos de esperanza y resistencia en el siglo XXI”. Al igual que el anterior, este nuevo volumen también abarca diversos movimientos, pero esta vez se enfoca en los surgidos en las últimas décadas, como la oposición a la invasión y ocupación de Irak, el levantamiento en la ciudad de Ferguson, Misuri en defensa de la justicia racial, el movimiento Occupy Wall Street, el movimiento #MeToo, que movilizó a cientos de miles de mujeres en contra de los abusos sexuales, y la resistencia al Gobierno de Trump.

En conversación con Democracy Now!, Haley Pessin afirmó: “Tuve la suerte de que ‘La otra historia de Estados Unidos’ fuera uno de los libros de texto que leímos [en la secundaria]. Realmente devoré el libro, ningún otro texto había logrado capturar mi atención de esta manera”.

Esa poderosa capacidad de influir en el interés de los jóvenes estudiantes es lo que intentan atacar grupos como Moms for Liberty (Mamás por la libertad), una organización ultraderechista de rápido crecimiento. Fundada en 2021, la organización sostiene que cuenta actualmente con 285 filiales en todo el país y más de 100.000 miembros. Su objetivo es influir en la currícula escolar mediante la censura de temas que su liderazgo, predominantemente blanco, considera ofensivos. La organización acaba de celebrar su convención anual en Filadelfia, el lugar de nacimiento de la Constitución de Estados Unidos y la primera ciudad a la que llegó Frederick Douglass en su valiente huida de la esclavitud en 1838. La mayoría de los principales contendientes presidenciales del Partido Republicano —incluidos Donald Trump y el gobernador de Florida, Ron DeSantis— se dirigieron a los asistentes a este evento a favor de la restricción de contenidos, mientras miles de personas se manifestaban en contra fuera de la sede donde se desarrollaba la reunión.

En vista de las crecientes amenazas a la libertad de expresión y a la enseñanza de la verdadera historia de Estados Unidos, vale la pena recordar la respuesta que Benjamin Franklin le dio a una persona que le preguntó sobre la nueva Constitución que él acababa de ayudar a redactar: “¿Tenemos una república o una monarquía?”. Franklin le respondió: “Una república, señora, si es que pueden mantenerla”.

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