
La creencia de muchos intelectuales, escritores, poetas, músicos y pintores, así como de otras actividades artísticas, es que el presidente Tito Asfura llegará con una antorcha en la mano y le meterá fuego a la Secretaría de Cultura, Arte y Patrimonios de Honduras (Secapph).
Desde ya se imaginan el rostro iluminado del nuevo mandatario por las llamas que convertirán en cenizas los archivos, las bibliotecas y las casas de la cultura.
Hasta el momento no hay humo blanco en cuanto a quién será el ministro de la Secapph en la administración de Asfura, aunque ya me han soltado algunos nombres, entre ellos, Kalton Bruhl y José Antonio Funes. Ambos son excelentes escritores y, en lo poco que los he tratado, personas buenas e inteligentes.
La cultura, y en ese sentido la Secapph, debe estar libre de sesgos ideológicos. Más que preguntarles si están en el censo, se les debe pedir a los aspirantes a trabajar allí qué contribución han hecho por la cultura de Honduras.
Eso significa, además, que aquellos funcionarios del actual gobierno deben continuar, para que los procesos empezados continúen y concluyan. Se me vienen a la mente: el historiador Josué Sevilla, director del Archivo Nacional; el poeta Armando Maldonado, director de la Biblioteca Nacional “Juan Ramón Molina”, y la poeta Carolina Torres, de la Dirección del Libro y el Documento. Por asuntos laborales de Colección Erandique he trabajado con los tres, y sé de su capacidad.
A la cultura, como se dice popularmente, “no se le para bola”. En la visión de los gobernantes hay prioridades: salud, educación, seguridad (gasto exagerado y sin sentido, pues no da resultados), infraestructura. Sin una revolución cultural, pero que sea de verdad y no del diente al labio, el pueblo hondureño está condenado a seguir en el oscurantismo.
La cultura es vista como un gasto, no como una inversión que puede dar frutos a mediano y largo plazo. La cultura no tiene el impacto visual de un puente ni de carreteras asfaltadas; tampoco el de un moderno hospital; mucho menos el desfile de militares y policías luciendo el armamento. Sin embargo, hay pocas cosas más hermosas para el alma que un concierto de niños, una noche bajo el encanto del ballet garífuna, la publicación de un poemario, la lectura de un documento antiguo, la implementación de una verdadera Cátedra Morazánica y de otras que hagan que el pueblo haga suyos los ideales y el comportamiento de José Cecilio del Valle o José Trinidad Cabañas.
Hace muchos años, La Reforma Liberal demostró que la cultura sí puede cambiar el destino de una nación.
Si seguimos gastando en fusiles y Black Mambas tiene que ver, en alguna medida, porque antes no se invirtió en campañas masivas y sostenidas de valores, y en promover lo nuestro. Por eso es que en los actos de escuelas y colegios, niños y jóvenes “perrean”, en lugar de hacerlo con las creaciones de nuestros grandes artistas. Guillermo Anderson, por mencionar solo a uno.
Sin memoria histórica no hay recuerdos, no hay identidad nacional, no hay visión; sin valores, no hay nada.
Tristemente, con cada gobierno hay borrón y cuenta nueva en los procesos culturales. Confío que esta vez será diferente…






