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Politicas contrasistema

Por: Pedro Gómez Nieto
Asesor y Profesor CIS

La democracia utiliza la divergencia y el cuestionamiento como herramientas para su fortalecimiento. En política no hay nada más democrático que la discrepancia, que no debemos confundir con la antipolitica. El 07.01.2019, publicaba en LA TRIBUNA, “El fracaso de la antipolitica”, donde escribía: “Si la política debe ser el motor de cambio y desarrollo de la sociedad, la antipolitica es el rechazo sistemático a cualquier actividad que pretenda implementar el gobierno para generar esa transformación”.

El deterioro de “lo político” termina por promover un declive general de la propia praxis política, por tanto, de la sociedad y su marco de convivencia. La antipolitica la practican políticos que buscan las crisis para magnificarlas y confrontar al pueblo contra el gobierno, cuestionarlo, debilitarlo, cambiarlo… Los movimientos antisistema son otra cosa. Son manadas sociales organizadas, que denuncian problemas concretos, exigiendo se resuelvan en determinada dirección. Mejorar la calidad de vida, más derechos, incluso eludir deberes frente al resto de la sociedad. Movimientos gregarios que están cobrando un significativo auge en las sociedades occidentales.

Inspirados en estos movimientos sociales surgen políticos advenedizos que se presentan al electorado utilizando un “lenguaje antisistema” en sus formas, pero con la complejidad del mecanismo del chupete en cuanto sus contenidos políticos. Sobre los movimientos antisistema recuerdo haber visto en alguna parte un letrero que decía: “No somos antisistema, el sistema es antinosotros”, muestra del descontento de pueblos cansados de las élites económicas y políticas, que no se sienten representados por sus autoridades ni partidos políticos, sino utilizados, marginados, abandonados frente al futuro incierto que llama a la puerta de la humanidad. 

Los medios y redes han tenido un papel preponderante en la proliferación de estos movimientos. Sus reivindicaciones se inician normalmente por cuestiones sociales, utilizando las calles como estrategia de presión, siendo la población el rehén inocente. A estas manadas las acompaña una aureola de violencia verbal y/o física que forman parte de sus señas de identidad. En esa confrontación con el poder se apropian del adjetivo “contrapoder”. Es el chantaje de la protesta callejera, que bajo el eufemismo de “legítima y pacífica” violenta derechos constitucionales de la sociedad, la libre circulación, el trabajo, la propiedad privada… Meses atrás, los próceres, justificaban de manera temeraria e irresponsable el uso de la violencia como alternativa válida para alcanzar objetivos políticos y sociales. Les expuse su “delirium tremens”: “De aceptarse esa posibilidad, por la misma razón, también la violencia sería un procedimiento válido en manos del poder, para impedir que los delincuentes destruyan la democracia”. Si la violencia fuese una herramienta legitima de protesta, la violencia sería una herramienta legitima para recuperar la paz y preservar el estado de Derecho. 

En Honduras, la oposición practica la antipolitica, pero no constituyen un “contrapoder” porque no les respaldan movimientos gremiales antisistema. Conspiradores que conforman una genuina torre de Babel. Cada líder con su agenda, discurso mediático, e intereses espurios, marcando las diferencias frente al resto de “coconspiradores”. Utilizan las debilidades del sistema para responsabilizar al gobierno, pero nada hicieron para mejorar las condiciones de vida del pueblo mientras tuvieron (siguen teniendo) cuotas de poder: político, económico, y mediático. Recordemos el informe del PNUD del 2008 a cuenta de la pobreza durante el gobierno socialista de Manuel Zelaya. Destacamos: “El 10% de la población se volverá más pobre. Los avances en la reducción de la pobreza de los últimos 20 años se perderán. El 55% de los hondureños estará dispuesto a emigrar”

Impusieron un discurso soez y barriobajero para inducir emociones proclives a la confrontación, la desobediencia civil, para debilitar al gobierno y derrocarlo. Pero ellos fueron los que “salieron por lana y regresaron trasquilados”, con serias debilidades en sus estructuras partidarias y perfiles personales. Deambulan a remolque del accionar del Ejecutivo. Un prócer confiesa que le sorprendió el apoyo de JOH a la segunda vuelta. El segundo pide unidad en la oposición, mientras practica la desunión partidaria y familiar. El tercero lleva semanas quejándose de que “JOH ya tiene preparado el próximo fraude”. Sin haber comenzado la película del proceso electoral, ya quiere imponernos el final que le interesa, para esconder y justificar su enésimo fracaso. El pueblo podrá ser pobre, pero sabe y siente cuando la pobreza se utiliza como herramienta para beneficio político.

“De lo que se trata no es de cambiar al pastor, sino de dejar de ser ovejas”. 

-Estanislao Zuleta-

 

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