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Pérez Molina, un militar de «mano dura», asume como presidente de Guatemala

Guatemala – El general retirado Otto Pérez Molina, un militar de «mano dura», sobre quien pesan denuncias no comprobadas de violaciones a los derechos humanos durante la guerra interna (1960-1996), fue investido hoy como el séptimo presidente elegido en la nueva era democrática de Guatemala que inició en 1986.
 

Con promesas de combatir con «mano dura» a los grupos internacionales de narcotraficantes, crimen organizado y pandillas juveniles que mantienen de rodillas a los guatemaltecos, este ex militar de 61 años recién cumplidos, fue elegido presidente en las elecciones de noviembre pasado.

De mirada profunda, rostro parco y escasas sonrisas, el nuevo gobernante de este país centroamericano hace historia por ser el primer militar en retiro en ser electo en las urnas y también por llevar como compañera de fórmula a una mujer, Roxana Baldetti, quien se convierte en la primera vicepresidente de Guatemala.

Durante los cuatro años de la Administración del socialdemócrata Álvaro Colom, quien hoy le entregó el cargo, Pérez Molina, como principal líder de la oposición, criticó con firmeza y sin tregua cada una de las acciones de su antecesor.

De religión católica, con una maestría en política y relaciones internacionales, a lo largo de los 30 años de su carrera militar Pérez Molina se destacó como combatiente de las fuerzas insurgentes que permanecieron en guerra con el Estado guatemalteco entre 1960 y 1996, pero también como propiciador de la negociación de paz.

Al firmar hoy el Libro de Oro que desde 1892 han suscrito todos los mandatarios que han gobernado este país, Pérez Molina, «comandante Tito», como se hacía llamar durante la guerra, alcanzó uno de sus sueños más preciados: ser presidente de Guatemala y comandante general del Ejército.

Nacido el 1 de diciembre de 1950 en Ciudad de Guatemala, inició su carrera militar en 1966 como caballero cadete en la Escuela Politécnica, en la que se graduó con honores, a partir de lo que escaló diversas posiciones dentro de las Fuerzas Armadas.

Casado desde 1971 con la maestra Rosa María Leal, ahora primera dama de Guatemala y padre de dos hijos (Otto y Lisseth), Pérez Molina fue jefe del desaparecido Estado Mayor Presidencial (EMP) durante el gobierno de Ramiro de León Carpio (1993-1996), así como jefe de la temida Dirección de Inteligencia Militar.

Ambas unidades castrenses, según organizaciones de derechos humanos, fueron las responsables de cientos de asesinatos y desapariciones de opositores durante los 36 años de la guerra interna que padeció el país.

En representación del Ejército, Pérez Molina negoció y firmó los acuerdos de paz con la antigua guerrilla izquierdista, el 29 de diciembre de 1996, los cuales pusieron fin al enfrentamiento y que incluyeron el establecimiento de una Comisión de la Verdad que años después señaló a las fuerzas armadas como responsable de sangrientas violaciones a los derechos humanos.

Aunque estuvo en unas de las regiones más conflictivas del país, el área Ixil, en el noroeste de Guatemala, su participación en crímenes de guerra no ha sido probada ante los tribunales pese a las constantes denuncias de opositores políticos y activistas de derechos humanos.

En 1982, como oficial del Ejército, fue clave para el relevo del general golpista José Efraín Ríos Montt, al que se le atribuyen múltiples matanzas en esa zona del departamento de Quiché.

También se le atribuye especial protagonismo en el rescate del sistema democrático en 1993, luego del fallido autogolpe de Estado promovido por el presidente Jorge Serrano Elías (1991-1993), quien vive exiliado en Panamá.

En 1996 fue Inspector General del Ejército y entre 1998-2000 estuvo en la Junta Interamericana de Defensa con sede en Washington.

Al retirarse de la institución castrense en 2000, organizó el derechista Partido Patriota, vehículo electoral con el que se presentó por primera vez como candidato presidencial en 2007, cuando perdió frente a Colom.

El nuevo presidente, propietario de fincas en el Caribe donde se cultivan plantas de hule y limón, se cría ganado y pescado para la exportación, asegura que, con «mano dura», dedicará el mayor tiempo de su Administración a garantizar la seguridad de los más de 14 millones de guatemaltecos para que puedan vivir en paz y con justicia.

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