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Nada está escrito

Armando Euceda

“Nada está escrito”, está escrito en nuestras mentes gracias a uno de los grandes momentos del cine en la película Laurence de Arabia. El periodista de CNN y columnista del Washington Post, Fareed Zakaria, usó la frase en su último libro “10 Lessons for a post pandemia world ” (2020). Zakaria lo resume: …Gasim, un soldado árabe se ha caído de su camello y perdido en el desierto. Laurence (Peter O’Toole) decide inmediatamente regresar al desierto a traerlo. Sherif Ali (Omar Sharif), el líder árabe, se opone. Alguien le dice a Laurence “El tiempo de Gasim ha llegado. Está escrito.” Laurence replica nuevamente, “¡Nada está escrito!”. Regresa al desierto y salva al soldado perdido. Y, mientras a su regreso se apresta a tomar el agua que le ha ofrecido Sherif Ali, calmadamente le repite: “Nada está escrito.”

El futuro nunca habló, nos advierte un poema de Dickinson. En ese profundo por venir del futuro de nuestro país nada está escrito. Pero en cada instante, nuestro presente recibe un hachazo del futuro que lo bifurca y, en lo que va de la última década, siguiendo una agenda que nos han trazado verticalmente, nos llevan a transitar por el sendero equivocado, aquel que perpetúa nuestro incipiente desarrollo.

En el camino nos vendieron la idea que había que olvidarse de la Constitución y sus leyes. Que había que descalificar, por desfasados, a los Constituyentes del 82: grave error con graves consecuencias. Que había que ser tolerantes ante la corrupción y, por la gracia que a algunos les causa, celebrarla como broma de tontos. Mientras tanto, para protestar estaban las redes sociales, porque esas críticas tienen sin cuidado al corrupto. Además, los de la oposición, con su ingenio, terminan despedazándose entre ellos y en la suma final pierden.

En este año de pandemia y huracanes, nos han hecho cambiar a todos. Era inapropiado ser enmascarado, hoy se le exige a todos. El trabajo en casa era visto con sospecha, hoy se fomenta. La salud pública era ignorada, hoy es de vida o muerte para todos. La educación en línea era un esnobismo, hoy el aula de cuatro paredes, cerrada por la pandemia y anegada por los huracanes, es hoy una aula orgánica y ubicua.

En el escenario político y social, la pandemia y los huracanes han expuesto al gobierno y su liderazgo. Desde la compra de los hospitales móviles, las dimensiones de los problemas les han superado por varios órdenes de magnitud y no ha bastado montar las tradicionales campañas de información y comunicación porque, en la mayoría de los casos, cada palabra que se ha escrito o pronunciado desde el lado oficial, ha nacido oficialmente muerta.

Nada está escrito, excepto en nuestras mentes. De todos los futuros posibles debemos escoger el mejor y empujarlo rápido y hacia adelante. En lo político, en las próximas votaciones hay que botar a aquellos que no han cumplido su deber. Necesitamos ser gobernados por un nuevo liderazgo político, capaz y honrado.

Nada está escrito en lo económico. Debemos darnos cuenta que más de lo mismo significará más pobreza. El modelo a seguir tiene que cambiar, no basta el crecimiento actual y el progreso decadente. Hay que mirar desde la óptica empresarial, la creación de empleos del futuro como algo sustantivo para su sobrevivencia ante la actual situación.

 Necesitamos vivir en ciudades donde se entienda el daño ambiental que se hace al poner sin control más dióxido de carbono en el aire. Donde la autoridad no permita construir casas a orillas de los ríos o destruir el ecosistema que sirve de nido a la ciudad; con agua potable en abundancia; con aire fresco y sin contaminantes; donde en lugar de más puentes y pasos de desnivel se construyan más escuelas, parques, zoológicos, kioscos o alamedas. Que en ellas la reforestación, pase a ser una actividad científica en lugar de una aparente obra de caridad.

Nada está escrito en la educación. Necesitamos ir a buscar a todos los niños, niñas y jóvenes, para atraerlos nuevamente a la escuela, el colegio, la universidad o el centro de formación profesional -que son los lugares en los que siempre debieron estar- para mostrarles que es posible cumplir con su derecho a la educación pertinente y de calidad.

Si lo escribimos en nuestra mente, podemos hacerlo. Podemos construir un país diferente, gobernado por personas con evidente capacidad y con el perfil apropiado para el puesto que desempeñarán y, de suprema importancia, que inhalen y exhalen honradez en cada acto de su vida profesional. Podemos hacerlo porque: ¡Nada está escrito!

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