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Mis pastelitos de Guayaba con el creador del Mambo

Miami, (EEUU) –  Cuando se van a celebrar pronto los 10 años del fallecimiento de Israel “Cachao” López, uno de los creadores del mambo, me viene a la memoria cuando ambos nos comimos unos pastelitos de guayaba en una pastelería de Miami.

Lo había citado a finales del año 2007 en el Café Roma, en la Calle Ocho y 48 avenida, muy cerca de su casa en Coral Gables, para entrevistarlo para la Agencia española de noticias EFE.

Llegó caminando, a sus 88 años, ayudado por un bastón. Desde tres años antes se había quedado viudo, al fallecer su esposa Ester Buenaventura y solo lo cuidaba su hija, María Elena López.

El hombre, que fue probablemente el de mayor influencia en la música cubana de su generación, solo pidió un pastelito de guayaba y un café con leche, mientras me contaba su vida artística que comenzó en los años treinta del siglo pasado.

El y su hermano Oreste López, cuando tocaban en la Charanga Arcaño y Sus Maravillas, compusieron más de 3,000 canciones juntos, más que todo danzones. Como resultado de las improvisadas “descargas”, crearon un nuevo estilo más movido, introduciendo ritmos africanos a finales de los años treinta.

cachaoEn 1938, los hermanos López, aburridos de los tradicionales danzones de esa época, crearon un ritmo más rápido,  llamado “Mambo” combinando motivos sincopados del estilo del son y el montuno, con mucho tumbao del bajo, maracas y timbales.

Pero fue realmente otro cubano, Dámaso Pérez Prado, quién desde México y Nueva York, en los años cincuenta, hizo famoso el mambo mundialmente, incorporando baterías de trompetas y saxofones, a un ritmo más desenfrenado.

Desde entonces, el mambo está incorporado al nombre de Pérez Prado y los hermanos López han pasado a un segundo plano.

Pero el hombre que tenía frente a mí comiendo con gusto su pastelito de guayaba tuvo una mayor influencia que Pérez Prado en la música cubana en general, al haber sido un innovador al incorporar a la música popular cubana ritmos africanos, jazz y “swing”.

En los años treinta y cuarenta, después de tocar en los cabarets de La Habana, los hermanos López se desplazaban a otros centros más modestos para hacer “descargas” improvisadas.

“Cachao” tocaba el contrabajo y su hermano Orestes, varios instrumentos musicales.

Salió de Cuba, hacia el exilio en 1962, cuando viajó en barco a España. Vivió en Madrid un año antes de viajar a Estados Unidos, donde residió en Nueva York, Las Vegas y, finalmente, Miami.

En Miami pasó una época oscura y de poco trabajo, participando hasta en los acompañamientos musicales de bodas y de “quinceañeras” de familias cubanas.  

Andy Garcia y CachaoTodo eso cambió dramáticamente cuando, en los años noventa, el actor cubano-americano Andy García revivió su carrera con grabaciones y conciertos homenajes.

Yo asistí a uno de esos conciertos en 1992 de homenaje a “Cachao” organizado por Andy García, donde actuaron también otras leyendas de la música cubana como Nestor Torres (flauta) y Paquito de Rivera (saxo).

En las “descargas”, Andy García tocaba el instrumento cubano de percusión el “guiro”. El actor le grabó cuatro álbumes a “Cachao”, además de producir dos documentales y varias bandas sonoras de películas.

En 1994, “Cachao” fue elegido para el “·Billboards Latin Music Hall of Fame” y recibió siete premios Grammys por toda su obra musical o contribución para álbumes de otros artistas.

El 22 de marzo de 2008 murió en su casa de Coral Gables por complicaciones renales, según me confirmo ese mismo día por teléfono su hija María Elena.

Esa tarde lo vi por última vez, en un ataúd abierto, en el velorio que tuvo lugar en la Iglesia católica ST. Michael, en la calle West Flager de Miami.

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